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El frontal de altar cerámico de la Ermita de Cuatrovitas

Recientemente ha sido restaurado en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico por un equipo dirigido por Ana Bouzas el valioso frontal de altar cerámico de la Ermita de Cuatrovitas, en Bollullos de la Mitación.

La Ermita de Nuestra Señora de Cuatrovitas es una antigua mezquita almohade construida hacia el año 1181, en la que destaca el alminar. En el retablo mayor, de finales del siglo XVII, se venera la imagen titular, obra anónima del siglo XVIII.

El frontal de la mesa de altar es un panel cerámico, de azulejos planos pintados, al estilo italiano traído a finales del siglo XV por Francisco Niculoso Pisano; se trata de una obra anónima de la segunda mitad del XVI, de un autor que tendría gran influencia de pintores ceramistas de la época como Cristóbal de Augusta. Parece ser que la zona de producción de esta obra podría ser Triana o Talavera, inclinándose el historiador del IAPH José Luis Gómez Villa, por la primera.

Muy frecuente en los siglos XVI y XVII fueron estos frontales de cerámica que imitan con azulejos los paños bordados con los que se solían revestir los altares, como los que encontramos en la Parroquia de Alanís de la Sierra o en el Convento de Madre de Dios en Sevilla.

Este que hoy nos ocupa, representa a la Virgen del Rosario con el Niño Jesús en los brazos, la cual ocupa el centro de la composición dentro de un óvalo formado por las cuentas de un rosario, en el que los cinco misterios quedan separados por flores, todo ello a su vez enmarcado por una cartela alrededor de la cual, en las esquinas del conjunto, se disponen otras cuatro cartelas con los evangelistas, que aparecen en diálogo con la Virgen, hacia la cual se giran. Rodea toda la composición una cenefa en forma de marco.

Todo el conjunto aparece decorado con una ornamentación renacentista a base de mascarones, elementos vegetales, cabezas de carneros, pájaros y puttis, de tradición italiana, propias de la cerámica de la Sevilla del siglo XVI, al igual que los colores ocres, verdes y azulados que predominan en esta obra.

Esta devoción mariana del Rosario propagada por los dominicos, vivió una revitalización muy fuerte en esta época debido a su intercesión en la victoria de Lepanto en 1571. Además, la figura de María portando a Cristo en la mesa de altar en la que se celebra la Eucaristía nos recuerda el papel de la Virgen como oferente de su Hijo, como vemos en Belén o en el momento de la presentación del Niño Jesús en el templo de Jerusalén, tercer y cuarto misterios gozosos del Rosario respectivamente. La presencia de los cuatro evangelistas se explicaría por ser ellos los que nos han transmitido el mensaje y la vida del Hijo de Dios, la cual se medita y reza en el Santo Rosario, advocación de la Virgen que aparece en este frontal.

Antonio Rodríguez Babío

Delegado diocesano de Patrimonio


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