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El bien y el mal en tiempos del Covid-19 en un mundo egoísta

Erich Fromm (1900-1980), en su libro El corazón del hombre (1966, Fondo de Cultura Económica), discute el aspecto destructivo y violento del ser humano, lo que el autor considera la mayor cárcel de nuestra especie, en relación con su capacidad de crecimiento y de bondad. En estos tiempos en que vivimos actualmente, con tinieblas, sombras e incertidumbres para muchos, ya hay escritores que manifiestan que el virus somos nosotros. No creo que exista un gen de la maldad. No somos ni malos ni buenos por naturaleza pero los seres humanos nos comportamos, a veces, me temo que muchas veces, con avaricia, ambición y crueldad. Para algunos autores el comportamiento malvado del ser humano es su condición natural. Determinados especialistas consideran que en cada persona hay un lado oscuro y un lado predispuesto a la bondad, un lado luminoso,  con tendencia a hacer el bien, en definitiva velar por el bien común que debería ser nuestra inclinación natural como especie tras un largo recorrido de cientos de miles de años.

En nuestro interior coexisten a partes iguales la tendencia al bien y la tendencia al mal. Jean Jacques Rousseau (1712-1778) hablaba de la bondad natural del ser humano, yo creo sin ninguna duda en ella. Entonces ¿Por qué en algunos se manifiesta la maldad que conduce a la explotación, la ambición, el acaparamiento de recursos en detrimento de otros seres humanos, la destrucción y la violencia? Yo pienso que son los componentes sociales y económicos de la matriz ambiental, mal enfocados para el bien común, los que inducen el mal en el mundo. No existe el mal si no se dan factores inductivos negativos. La matriz ambiental plagada de factores negativos, carencias básicas y ambiciones sin límites conducen al ser humano al mal. Si cambiamos las condiciones materiales (formas y relaciones de producción), el ser humano no manifestará esa maldad, que es cierto tiene dormida aunque no sea su condición natural.

Al analizar la condición violenta y agresiva del ser humano, Erich Fromm habla una orientación en un eje que queda determinado por los extremos necrofilia y biofilia, es decir el amor a la muerte y el amor a la vida, el mal y el bien. El predominio de la necrofilia, manifiesta Fromm, contribuye a generar  el síndrome de decadencia, la quintaesencia del mal, el estado patológico más grave y raíz de la destructividad e inhumanidad más depravada, el egoísmo, la avaricia, el alejamiento de la empatía y el amor al prójimo. Por ello no hay distinción más fundamental entre los seres humanos, psicológica y moralmente, que la que existe entre los que aman la muerte (necrófilos) y los que aman la vida (biófilos).

Nuestro modelo evangélico de vida es una llamada constante al bien común. Hay fuerzas a lo largo de la historia, y hoy también, que nos alejan de esa conciencia que propicia el bien común a  través del desarrollo de formas avariciosas de apropiación de bienes comunes e imprescindibles, a través de una manifestación perversa de un capitalismo que mata, de acuerdo con el Papa Francisco.  En este tiempo de tinieblas (tiempo de silencio y tiempo de destrucción, recuerdo aquí las dos magníficas novelas, que llevan esos títulos, de Luís Martín-Santos) ha emergido una matriz ambiental de ambiciones y maldades que sacará lo peor del ser humano, una manifestación local o globalizada de necrofilia, que nos aleja de la deseable biofilia, el amor a los humanos, al planeta y  a la naturaleza, es decir, el bien.  En los seres humanos, la cúspide del proceso evolutivo, los generadores de la Noosfera como final de un proceso evolutivo cósmico, de acuerdo con el jesuita Pierre Teilhard de Chardin, a veces aparece el retorno al mal, del que deberíamos habernos desembarazado ya. Las condiciones ambientales facilitadoras de la necrofilia emergen y el mal se asienta.

El Papa Francisco en su Encíclica Laudato Si´ Sobre el cuidado de la casa común nos habla del peligro de la biotecnología, especialmente si está unida a la política, una política en manos de malvados y una tecnología que busca el lucro. Estamos viviendo un tiempo donde vemos el indecente y criminal comercio de respiradores y mascarillas, y otros elementos esenciales para que no mueran personas. ¿Cómo es posible? La oportunidad surge en la desgracia para los desalmados. En este tiempo podría haber un colapso económico. Muchos expertos dicen que las crisis del sistema capitalista se regulan solas, pero ocultan que esta regulación es a través del sufrimiento y la pobreza  de muchos inocentes mientras otros se enriquecen. ¿Cuántas personas y empresas se enriquecerán en el mundo por esta crisis? De nuevo se manifiesta la necrofilia, la matriz ambiental lo ha permitido, y emerge el mal. Frente a este mal que ocasiona muertos estamos actuando con gran sacrificio de una inmensidad de inocentes.

La sociedad ha respondido con amor y solidaridad a los caminos que el Gobierno de España ha decidido son los correctos. Cada día muchas personas hacen el bien en hospitales y calles cuidando al colectivo, policías, guardias civiles y ejército. La Iglesia ayuda, pensemos en la labor de Cáritas y los ofrecimientos de locales de nuestros obispos. Cada día miles de personas aplauden en balcones y ventanas, es amor, es biofilia, es nuestro natural, incluso en situaciones adversas. Es la manifestación del bien. Pero esta esa otra porción de la humanidad, los necrófilos, que se aprovechan del mal común en vez de velar por el bien común, y el mal se manifiesta.  Ojalá nuestra matriz ambiental humana consiga que todos los factores que la influyen sean positivos, tanto económico como sociales, con medios de producción equitativamente distribuidos. El Gobierno de España que ha decidido cuál es el mejor camino para nuestro bien en estos tiempos de colapso sanitario, pero debe velar también para que el retorno a la normalidad no sea traumático, es su responsabilidad, y que el trabajo vuelva y la distribución justa de la riqueza, especialmente para los necesitados que se han generado en este tiempo de tinieblas, el tiempo del Covid-19, sea una realidad. No podemos sufrir un colapso económico. Recuperemos la salud y el bienestar en nuestra España. Pidamos fuerza al Gobierno de España para que resista la presión algunos sectores de Europa que no consideran el problema como común, no podemos volver a imposiciones europeas como las de 2008. Los católicos tenemos que opinar sobre lo que pasa, actuar en la vida pública con espíritu evangélico, lo pide el Papa Francisco, lo pide en Evangelio en el que creemos.

El próximo jueves es Jueves Santo en esta extraña Semana Santa, donde no vemos Cofradía y Hermandades, pero si las sentimos en nuestro interior. El Jueves Santo es el Día del Amor Fraterno, sintámoslo así. Demostremos amor a los que nos rodean, pidamos por el amor universal, la salud y el bienestar, entremos en nuestra realidad biofílica, en el bien, y pidamos que la necrofilia, el mal, desaparezca del planeta; que los necrófilos vean la luz y velen también por el bien común. Recemos porque nunca se manifieste la necrofilia en el planeta, y el bien sea la única realidad.

 


1 comentario

  1. Irene 13:28, Abr 10, 2020

    Le agradezco enormemente lo que escribe.
    Como siempre, sus palabras, referencias, opinión…tan acertadas y conmovedoras.
    Gracias.

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