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El Bautismo del Señor (ciclo A)

Apenas se bautizó Jesús vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre él

Por entonces viene Jesús desde Galilea al Jordán y se presenta a Juan para que lo bautice.

Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».

Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces Juan se lo permitió.

Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.  Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Mateo  3,13‑17

 

Comentario Bíblico de Pablo Díez

Is 42,1-4.6-7; Sal 28,1a.2.3ac-4.3b.9b-10; Hch 10,34-38; 3,13-17

El oráculo de Isaías es la antesala ideal de la escena del bautismo de Jesús, ya que supone la presentación del siervo de Yahvé. Es Dios quien presenta a su elegido, mostrando que el oficio de siervo es fruto de la elección divina. Esta alcanza su culmen en el evangelio con la voz del cielo (Mt 3,17), en la que la fórmula de presentación profética se transforma en fórmula de identificación de Jesús como Hijo de Dios ante Juan y el pueblo. Dios se muestra en el texto profético como creador, otorgando la vida a través de su Espíritu/aliento. Este se confiere en plenitud a Jesús garantizando el éxito de su acción redentora, que no es otra que implantar el derecho y la Ley de Dios, es decir, la revelación de su voluntad respecto de los hombres, el establecimiento de un reino universal de justicia.

La expresión de Jesús: “toda justicia” (Mt 3,15) hace referencia a este designio divino en su globalidad, llevado a cabo por el Hijo de Dios, obediente a la voluntad del Padre, y del que forma parte el bautismo de Jesús. Tal voluntad se plasma en el plan de Dios, destinado a iluminar con la salvación, primero a Israel, a través de la alianza davídica y luego, en la plenitud del tiempo, mediante la Encarnación, a los gentiles. Emprender este camino de la justicia superior, que tiene a Jesús como pionero, es la vocación de sus discípulos, y lleva aparejada la promesa de formar parte del Reino de los cielos.

Orar con la Palabra

  1. La revelación del Hijo amado.
  2. Obrar la justica del Padre a través del seguimiento de Jesús.
  3. El camino que nos introduce en el Reino y nos lleva a la salvación consumada.

 


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