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El Bautismo de Cristo, Monasterio de San Leandro, Sevilla

Terminamos el pasado domingo, 12 de enero, el tiempo litúrgico de la Navidad con la fiesta del Bautismo de Jesús. Narrado por los cuatro evangelistas, este momento de la vida de Cristo es magistralmente recreado por Martínez Montañés en el retablo de San Juan Bautista del Monasterio de San Leandro.

Restaurado recientemente por Carmen Bahima con motivo de la exposición sobre el escultor de Alcalá la Real que se celebra en el Museo de Bellas Artes de Sevilla hasta mediados de marzo, en esta intervención ha aparecido una inscripción con la firma de Montañés, así como la del pintor que lo policromó, Baltasar Quintero, y la fecha de 1622. La autoría de Montañés era ya conocida por las cartas de pago que conserva el propio Convento, si bien era desconocido el nombre del policromador, como destaca el historiador Salvador Guijo.

En el segundo nivel de la calle central de este retablo encontramos el altorrelieve del Bautismo de Cristo, el cual nos muestra a Cristo de pie sobre una roca en el cauce del Jordán mientras es bautizado por Juan. Jesús aparece con su brazo derecho sosteniendo el ropaje que lo cubre, mientras que su brazo izquierdo se muestra extendido, distinguiéndose así de las representaciones anteriores que Montañés había realizado de esta escena en las que Cristo mostraba los brazos cruzados ante el pecho o las manos unidas en gesto de oración, como vemos en el relieve de la Catedral de Lima, realizado entre 1607 y la década de 1620, y el que hoy se halla en la Iglesia de la Anunciación de Sevilla, procedente del Convento del Socorro, de entre 1610 y 1622. Esta postura de los brazos abiertos la encontramos en los iconos griegos, así como en algunas pinturas de Giotto, Veronese o Tintoretto, que posiblemente nuestro escultor pudo conocer por medio de grabados. Para la figura del Bautista, el autor se basa en otro grabado que reproduce la obra de Andrea Verrocchio y Leonardo da Vinci, de 1474-1475, ya que San Juan presenta idéntica postura, inclinándose hacia su Primo con las piernas abiertas. Todos estos datos son señalados por el profesor José Luis Romero Torres, quien por ello afirma que Montañés aporta en esta obra una composición novedosa.

Tras Cristo aparecen dos ángeles que sostienen la túnica, esperando que termine el bautismo para colocársela de nuevo, mientras que tras el Bautista se yergue una palmera. Coronando el conjunto, el Espíritu Santo en forma de paloma sobre dos cabezas aladas.

Esta fiesta del Bautismo del Señor debe ser un recordatorio de nuestro propio Bautismo, como dice el Papa Francisco: “También a cada uno de nosotros están dirigidas las palabras del Padre: Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco. Esta amor del Padre, que hemos recibido todos nosotros el día de nuestro Bautismo, es una llama que ha sido encendida en nuestros corazones y necesita que la alimentemos con la oración y la caridad”.


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