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Domingo XV del Tiempo Ordinario (ciclo A)

Salió el sembrador a sembrar

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.

Les habló mucho rato en parábolas:

—«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.

Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.

Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.

El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga».

Mateo 13, 1-23

Comentario de Antonio J. Guerra

Is 55,10-11; Sal 64; Rm 8,18-23; Mt 13,1-23

La parábola del sembrador nos enseña dos cosas: la fuerza vital de la palabra de Dios y la necesidad de tener buenas disposiciones para abrir nuestras puertas a esta fuerza vital. Esta parábola tiene cierto sabor autobiográfico, ya que Jesús se ha dedicado intensamente a trabajar por el reino de los cielos y, en cambio, los frutos no se dejaban ver. Todos sus esfuerzos parecían caer en el vacío. Los primeros versículos presentan la escena que resume el proceso de un sembrado de otoño a verano. Todo parece apuntar al fracaso del sembrador, sin embargo, la sorpresa aparece finalmente con la cosecha extraordinaria que produce la semilla que cae en tierra buena.

La exposición de Jesús es una parábola en acto: describe lo que está ocurriendo mientras habla. Es Jesús el sembrador que generosamente predica el evangelio a Israel con un corazón lleno de esperanza, esperando que incluso los pecadores más recalcitrantes puedan acoger la palabra de salvación. Por esto la propone a todo el mundo y no se desanima frente al que no la acoge. Acepta todo los fracasos por amor a esta tierra “buena” que permite echar raíces a la semilla del evangelio. El optimismo de Jesús no es la típica ingenuidad, sino la mirada de ternura y bondad que sólo el que ama sabe poner sobre los otros, provocándolos a dar lo mejor de sí. El icono del sembrador “optimista” se convierte en provocación para todos los lectores, invitados a emplear toda sus energías en la predicación de la buena nueva, seguros del impacto que esta palabra puede tener hasta en el terreno más difícil, convirtiéndolo en una tierra buena, imagen de la tierra prometida, anticipo de aquella tierra aún más bella que es el reino de los cielos.

Para profundizar:

  1. Convertíos, porque el reino de los cielos está cerca” (Mt 4,17). Jesús anuncia que Dios ha decidido hacer valer y mostrar su reino, ¿tomamos en serio esta realidad y toda la importancia que tiene?
  2. ¿Cuáles son los frutos y qué es lo que sucede en nosotros, y por medio de nosotros, cuando creemos firmemente en el mensaje de Jesús?
  3. ¿Qué es lo que en nosotros se opone a esta fe, haciéndola débil o ineficaz?

 

 


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