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Domingo I de Cuaresma (Ciclo A)

 Jesús ayuna durante cuarenta días y es tentado

En aquel tiempo:   Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo.  Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.  El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».  Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».  Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo 6 y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».  Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».  De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras».  Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».  Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

Mt 4, 1‑11

Comentario bíblico de Antonio J. Guerra

Gn 2,7-9; 3,1-7; Sal 50; Rom 5,12-19; Mt 4,1-11

 La cuaresma nos introduce en el camino que lleva hacia la Pascua. Cada domingo se nos indicará las etapas del itinerario previsto por Dios para nuestra liberación. En este primer domingo se nos presenta la historia como el lugar de la tentación. Mientras el primer hombre sucumbe a la tentación no aceptando la Palabra que viene de Dios ni su proyecto, el nuevo Adán, Cristo, vence porque sabe vivir de la Palabra, porque hace suya la voluntad del Padre. El hombre que quiera vencer a la tentación debe hacer la opción de seguir a Jesús, entrar con él en el desierto, en su ayuno, para aprender con él a vivir de la voluntad del Padre. Toda la historia aparece como un itinerario hacia el desierto, una búsqueda incesante del Señor y su palabra vivificante, para entrar en posesión de la “tierra prometida”, o lo que es lo mismo, el Reino de Dios.

Jesús, después de su Bautismo, es conducido por el Espíritu al desierto para que el diablo lo tiente. Dios aprueba esto porque va a mostrar en la persona de su Hijo la esperanza de una humanidad redimida que vivirá en total adhesión a la voluntad de Dios. Las mismas pruebas que Israel sucumbió en el desierto, ahora serán vencidas por el nuevo Adán. Mateo nos presenta a Jesús, no sólo como el verdadero Israel, sino como el nuevo Moisés. Cuarenta días con sus noches que preparan al guía definitivo del nuevo pueblo de Dios.

Orar con la Palabra

  1. El diálogo entre Jesús y el diablo saca a la luz la importancia de interpretar bien la Escritura. Jesús huye de una interpretación que busque el propio beneficio.
  2. Jesús venciendo las tentaciones nos muestra su autoridad y poder, ¿confío que con él podré yo también vencer las tentaciones?
  3. Jesús acude en nuestro auxilio para restablecer la comunión con Dios y se presenta como el OBEDIENTE por excelencia, siempre dispuesto a cumplir la voluntad divina.

Unidos en oración con el Papa Francisco

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