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Domingo de la Sagrada Familia (Ciclo A)

Toma al niño y a su madre y huye a Egipto

Cuando ellos se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño». Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

Mt 2, 13-15. 19-23

Comentario bíblico de Antonio José Guerra

Eclo 3,2-6.12-14; Sal 127; Col 3,12-21; Mt 2,13-15.19-23

El evangelio nos muestra a la Sagrada Familia bajo la sombra amenazante del rey Herodes y de su sucesor Arquelao. Para Mateo, Jesús, el Dios con nosotros, experimenta desde pequeño una existencia débil, sin embargo, este retrato de fragilidad tiene su profundidad. El lector es animado a reconocer que Dios es el auténtico guía de los designios de la historia: es Dios mismo quien envía al ángel para evitar la muerte del niño y es el propio Dios quien cumple sus profecías de modos inesperados. Tanto la huida como la vuelta de Egipto son interpretadas en el evangelio en relación a la profecía, revelando así el plan divino prometido desde antiguo. En primer lugar, la huida a Egipto se convierte en ocasión para que el niño cumpla el oráculo de Oseas: “de Egipto llamé a mi hijo” (Os 11,1). Jesús, volviendo de Egipto, realiza el éxodo definitivo. Si el pueblo fue infiel a Dios durante cuarenta años cuando fue tentado en el desierto, Jesús rehabilitará a Israel obedeciendo al Padre durante los cuarenta días de sus tentaciones en el desierto (Mt 4,1-11). En segundo lugar, el dato de que la Sagrada Familia ponga su residencia final en Nazaret, da cumplimiento a otro oráculo: “será llamado Nazareno”. Esta profecía puede sugerir varias cosas: una es que Jesús va a ser un “nazir”, un consagrado de Dios, de ahí nazareno (dicho de Sansón en Jueces 13,5; 16,17); y segunda, puede referirse a la profecía mesiánica sobre el vástago (nézer) que brotará del “tronco de Jesé” (Is 11,1). El lugar que verá crecer a Jesús, por tanto, revela a este niño como hijo de David, en el que se cumple las profecías sobre el Reinado de Dios. Mateo nos hace ver la historia de la Sagrada Familia sujeta no al azar de los poderes adversos, sino en consonancia a un plan divino que tiene en el horizonte la esperanza y la salvación.

Orar con la Palabra

  1. El plan de Dios para la Sagrada Familia no le ahorra el sufrimiento del destierro, ¿por qué?
  2. Fíjate en el papel de San José, siempre atento a la voz de Dios para obedecer. ¿Cómo puedo crecer en esta sintonía con Dios?
  3. El plan de Dios: proteger a su enviado. ¿Dónde queda esta protección en la cruz de Jesús?

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