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Domingo de la Sagrada Familia 2017

 Sagrada FamiliaEl niño iba creciendo, lleno de sabiduría

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.  También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.  Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: “Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.  Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.

Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.  El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

Comentario de Miguel Ángel Garzón

Eclo 3,3-7.14-17; Sal 126,1-5; Col 3,12-21; Mc 2,22-40

Las lecturas iluminan la vida creyente de la familia. El Eclesiástico muestra el alto valor del cuarto mandamiento: el que honra a sus padres (incluso en la debilidad física y mental) atrae sobre sí la bendición, la vida eterna y el perdón de sus pecados. Pablo ofrece a los Colosenses un grandioso florilegio de virtudes cristianas, focalizadas en torno al amor entrañable y la fe. Sólido cimiento sobre el que construir una familia.

El evangelio, perteneciente a los relatos de la infancia, presenta el momento tanto de la purificación de María, a los cuarenta días de dar a luz, según prescribía la ley (Lv 12), como de la consagración de Jesús, su primogénito, a Dios (Ex 13,2). En Jerusalén acontece el encuentro con dos ancianos (Simeón y Ana) que, junto al templo, representan al pueblo de Israel, sostenido por las promesas en su larga espera del Salvador. Simeón, hombre justo y piadoso que aguardaba el consuelo de Israel como anunciaron los profetas (Is 40,1), ve al Mesías antes de morir, al que define en su hermosa oración como el Salvador esperado, luz de los pueblos y gloria de Israel (cf. Is 42,6; 49,6), aunque su camino pasará por la incomprensión y el rechazo (cruz), llenando de dolor el corazón de su madre. Por su parte, Ana, viuda (pobre) y profetisa, al contemplar al niño, da gracias a Dios y lleva la noticia de la llegada del Mesías a todos los que esperaban la liberación de Israel (Is 52,9). El AT ya puede cerrarse en paz, dando paso al que inaugura el Reino de Dios.

María y José vuelven con Jesús a Galilea, admirados por las palabras de estos ancianos que revelan la identidad y el destino de su hijo. Hasta que llegue el momento, Jesús sigue bajo su tutela en Nazaret, creciendo en estatura, sabiduría y gracia. Inmejorable escuela y programa para todo hogar cristiano.

 

  1. A la luz del pasaje del Eclesiástico, ¿cómo es la relación con tus padres?
  1. Repasa las características del cristiano que enumera san Pablo. ¿Te ves reflejado en ellas? ¿Cuál se debería potenciar en tu vida y en tu familia?
  1. Al igual que Simeón y Ana, ¿reconoces a Jesús como tu Salvador, la Luz de tu vida? ¿Lo anuncias a los demás?

 


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