Antero Pascual: “La familia es el primer lugar donde la llamada vocacional puede ser oída y respondida”

Antero Pascual: “La familia es el primer lugar donde la llamada vocacional puede ser oída y respondida”

La Iglesia celebra el Día del Seminario haciéndolo coincidir con la festividad de san José, los días 19 de marzo, aunque la jornada suele extenderse todo el fin de semana. Se trata de una ocasión específica para elevar oraciones al Señor por el surgimiento de nuevas vocaciones y, por la perseverancia de los seminaristas que han emprendido el camino de formación.

Antero Pascual es el rector del Seminario Metropolitano de Sevilla, el centro diocesano de formación espiritual, humana y vocacional en el que hacen vida comunitaria 42 seminaristas actualmente. Con motivo de esta nueva campaña Pascual y todo el equipo formativo del Seminario, coinciden en que “la vocación sacerdotal es iniciativa del amor de Dios por su pueblo y se fragua en los lugares donde los jóvenes descubren que Dios los busca, los quiere y necesita”.

La fascinante llamada de Dios

Así, “la llamada es un acto que tiene como protagonista a Dios, que libremente llama a los que quiere”, pero, evidentemente, “cuando esa llamada resuena en un lugar donde es fácil reconocer la voz de Dios, la respuesta aparece más espontáneamente y, por tanto, la familia es el primer lugar donde la llamada puede ser oída y respondida”, subraya.

Podría decirse que luego interviene la parroquia, el grupo o la comunidad. Pero la buena tierra que hace posible que crezca la planta de la vocación, en muchas ocasiones, es la piedad y la vida espiritual que se ha recibido en el clima espiritual de la propia familia. Y la experiencia del rector en este sentido ha sido “fascinante” al ver y constatar cómo Dios llama.

Lo hace – sostiene– de forma tan misteriosa y especial. “Al principio parece una pregunta absurda, ¿ser sacerdote?, poco a poco va cobrando fuerza hasta el momento en el que no se puede encontrar la felicidad sin dar una respuesta. Así, llega un momento en que la respuesta va dando paso a un modo de vivir hasta decir: ´Aquí estoy… para lo que quieras´. Este proceso misterioso se va desenvolviendo en pequeños pasos en los que Dios va tocando el corazón de cada joven”.

Sobre los rasgos llamativos de los padres cuando acuden con su hijo al Seminario, o contrariamente, de aquellos familiares que piensan que la decisión de su hijo como respuesta a la llamada es una pérdida de tiempo, Antero Pascual expresa que: “La aceptación de los padres a la llamada que Dios hace a sus hijos reviste diferentes posibilidades, aunque me atrevería a decir que en todos los casos aparece como una sorpresa”.

A veces, esta sorpresa era hasta cierto punto esperada y, “en otros casos supone un punto de inflexión que los padres tienen dificultades para asumir”. Entre estos últimos – manifiesta – algunos padres consideran que ser sacerdote hoy en día es una perdida y no una ganancia, pues desean que su hijo siempre de pasos en su vida que supongan una mejora en el desarrollo de su existencia. Sin embargo, “aun aquellos padres más reacios cuando llegan a darse cuenta que su hijo es feliz y vive desinteresadamente para los demás, entonces suelen cambiar y ser conscientes del inmenso regalo recibido”.

La sobrenaturalidad de la llamada

Por su parte, el director espiritual del Seminario, Marcelino Manzano, ha querido destacar la sobrenaturalidad de la llamada del Señor a los seminaristas, gracias y favores que – según expresa– “se desborda de una manera palpable sobre las condiciones de la naturaleza humana, donde se evidencia que efectivamente ha sido el Señor quien ha hecho una llamada a ese joven en específico”.

Manzano forma parte del equipo de formadores del Seminario desde hace cuatro años y reconoce que todas las experiencias vitales de los jóvenes son llevadas a su oración “con humidad, gratitud, temor y temblor”. Como director espiritual, ayuda “a esas almas que han sido llamadas por Él a ser apóstoles para que respondan con generosidad y vayan creciendo junto con la ayuda del formador en su condición de futuros sacerdotes”.

Destaca la oportunidad de poder experimentar la universalidad de la Iglesia y la eclesialidad gracias a la variedad cultural de los seminaristas. “Cuando ahondas en sus raíces personales, familiares y sociales, en definitiva, en su contexto vital, y ves cómo viven la fe de una manera tan heroica, tan contracorriente, nos interpela sobre cómo vivimos nuestra fe en un contexto donde las condiciones quizá están dadas de otra manera. ¿Cómo respondo yo al don de la fe cuando se me ha dado de una manera inmerecida? ¿Soy consecuente con mi fe, con mi ministerio sacerdotal?” se pregunta.

Pastoral de oración

Los sacerdotes Antero Pascual y Marcelino Manzano coinciden en que “la pastoral vocacional es una pastoral llamada enteramente a la oración, porque cuando nosotros llamamos al Señor pidiendo pastores, también nos hacemos sensibles a la necesidad de dar respuesta generosa a la llamada del Señor”.

Así, “nosotros demostramos finalmente que seguir a Jesucristo y decirle sí es una fuente de alegría, de gozo, donde encontramos la plenitud de sentido a nuestra existencia, no hay nada que pueda igualar lo que se vive diciéndole que sí a Cristo”.

 

 


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