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Descendimiento, de la Parroquia de San Vicente mártir (Sevilla)

Recientemente ha finalizado la restauración del retablo del Descendimiento de la Parroquia de San Vicente mártir a cargo de David Triguero, con la colaboración de Borja Martín. Es una magnífica obra del escultor Andrés de Ocampo, quien recibió sepultura en esta Iglesia en 1623.

Contratado en 1603 y finalizado en 1605, este relieve formaba parte de un retablo que se situaba en la capilla de la cabecera de la nave de la Epístola, levantada en el último tercio del siglo XVI bajo el patronato de los Ponce de León y en cuyo ático se encontraba el relieve de la exaltación de la serpiente de bronce en el desierto, que hoy aparece desmembrado del conjunto.

Representando exactamente la iconografía del llanto sobre Cristo muerto, cuyo origen se encuentra en la literatura mística bajomedieval, la composición aparece centrada por el eje vertical formado por la cruz y las figuras de Cristo y de la Virgen y parece estar inspirada en el dibujo de Miguel Ángel que se conserva en Boston y otras obras más cercanas como la Piedad de Juan Núñez o el Descendimiento de Pedro de Campaña, ambas en la Catedral de Sevilla, o la Piedad de Luis de Vargas de Santa María la Blanca. El Señor muerto, tras haber sido descendido de la cruz es depositado en el regazo de su Madre, convertida así en altar del sacrificio, la cual mira al cielo con gesto de dolor con su mano derecha elevada hacia lo alto como interpelando al Padre el sentido de la muerte de su Hijo. La contemplación de María con su Hijo muerto en el regazo evoca en doloroso contraste el momento del nacimiento del Salvador en Belén, como refiere San Bernardino de Siena: “La Virgen creyó que habían retornado los días de Belén; se imaginó que Jesús estaba adormecido y lo acunó en su regazo; y el sudario en que lo envolvió le recordó los pañales”.

La silueta de Cristo forma una curva, que da movimiento y eleva el conjunto hacia arriba, quedando contrarrestada dicha curva por el cuerpo de María Magdalena que refuerza la composición triangular del grupo central, la cual arrodillada parece buscar los pies de su Maestro para besarlos, alusión al pasaje de Juan 12,3. A la derecha de este grupo principal aparecen San Juan Evangelista, quien besa la mano de Cristo en señal de respeto y reverencia, y dos santas mujeres con gesto doloroso. El grupo de la izquierda está formado en primer plano por otra de las santas mujeres, tras la cual se distinguen los santos varones que han bajado al Señor de la cruz, José de Arimatea y Nicodemo. Al fondo aún se pueden ver las escaleras usadas apoyadas en la cruz.

Hay que destacar la policromía del conjunto, en tonos apagados acordes con las tinieblas que inundaron la tierra en el momento de la muerte del Salvador, realizada por el pintor y policromador Vasco Pereira junto con Antón Pérez, que estaba oculta bajo otra capa del siglo XIX y que ha podido ser recuperada en la reciente intervención a la que ha sido sometido el relieve.

El Pseudo-Buenaventura, en sus Meditationes Vitae Christi, narra esta escena como nos la presente este relieve: “Cuando se le quitaron los clavos de los pies, José de Arimatea lo descendió, todos rodearon el cuerpo del Señor y lo pusieron en tierra. Nuestra Señora, cogió su cabeza contra su seno y Magdalena los pies, esos pies de los que en otras ocasiones había recibido tantas gracias. Los otros se disponen alrededor y prorrumpen en profundos gemidos”.

Antonio Rodríguez Babío

Delegado diocesano de Patrimonio Cultural


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