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COSTALEROS: ¿SOLO UNA AFICIÓN?

“Y llegada la hora -llegado el momento- ya bajo las trabajaderas, sesenta corazones latirán precipitadamente al unísono, al tiempo que un Padre Nuestro saldrá por sus bocas…”

(Francisco Berjano, Pregón de la Semana Santa de Sevilla, 6 de abril de 2014)

 

No se entienden las hermandades sin sus costaleros y sus capataces. Si la procesión es un signo privilegiado de expresión de la fe, el trabajo de estos hombres (y mujeres también, en algunos lugares, más de los que se imaginan, de nuestra archidiócesis) es fundamental para que este signo sea vehículo de unión religiosa entre Dios invisible y el corazón del que contempla los pasos. Porque si alguien se emociona viendo un paso es que algo tocó esa parte de su alma sólo reservada a las cosas muy, muy profundas. Esa parte del alma reservada a Dios. La buena labor debajo del paso construye un lenguaje muy rico y complejo, hecho de tradición, sentimiento, música, silencio, oración, compañerismo, recuerdos… y fe. Y a través de ese lenguaje nos puede hablar el Señor.

No soy partidario de sobreestimar al capataz y al costalero, pero tampoco de obviar su gran aportación a las hermandades. No soy partidario tampoco de formular un exagerado espiritualismo de trabajadera, pero ser costalero no es solo una afición. Yo creo que hay algo más. Cuando he estado en una igualá he visto mucha profundidad, aunque las motivaciones para acudir a ella sean muy variadas. He rezado con los costaleros antes de hacer la primera llamada del paso, creándose momentos de gran intensidad que no se pueden explicar con palabras. Y veo mucha hermandad cuando, en cualquier momento del año, se encuentran y se saludan como verdaderos hermanos, se interesan por sus problemas y se ayudan unos a otros (cuántos se quedaron en paro y un compañero de la cuadrilla les buscó un trabajo). O se ponen de acuerdo para hacer un regalo para su cristo o su virgen, o un donativo para caridad.

A mí me parecen señales inequívocas de religiosidad. Es cierto que hay cosas que mejorar o depurar, y tal vez no pocas, pero detrás de los faldones de un paso hay mucho amor a Dios y al prójimo.

El trabajo del costalero es una metáfora de la vida del cristiano y del propio camino de la cruz: luchar y poner esfuerzo en la dificultad y en la cruz diaria, ayudarse y animarse mutuamente, llevar con cariño al Señor y a su Madre, o saberse miembro de una comunidad (la cuadrilla) confiando en el que manda y en el que todos son iguales. Valores cristianos que se comparten y se testimonian, haciendo creíble y coherente el signo de fe que es la procesión.

Los costaleros de Sevilla y su archidiócesis tienen una patrona, que está en Triana, en la parroquia de Santa Ana: Madre de Dios del Rosario. Su hermandad y la Delegación Diocesana de Hermandades hemos convocado a todos los que son, quieren serlo o se sienten costaleros (y capataces) a un sencillo encuentro para dar gracias a Dios, por medio de la Stma. Virgen, por todas las vivencias de la pasada Semana Santa bajo las trabajaderas, y por todas las que tengan por venir en las glorias y corpus de todo este año. Será el próximo sábado 1 de junio. Besaremos la mano de Madre de Dios del Rosario, en el altar mayor de Santa Ana, pidiéndole por todos los que hacen posible, con su sudor y el esfuerzo, y con mucho arte, que tanta gente pueda encontrarse con el Señor y la Virgen Santísimo. Os esperamos.

Foto: luisdevega.es


2 comentarios

  1. Juan 15:36, May 29, 2019

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