Que las crisis son habituales, necesarias, y oportunidades de mejora en la relación matrimonial, ya lo hemos dicho más de una vez.

Cuando un matrimonio está inmerso en una crisis, un primer paso sería reconocer que la relación matrimonial está pasando por una crisis. Sin dramas. Intentando llamar a las cosas por su nombre. Y no conformándonos con lo que tenemos, sino aspirando a lo mejor. Porque a eso estamos llamados.

Quizás el segundo paso, por tanto, sea querer seguir adelante, no tirar la toalla, y ser conscientes de que no somos “unos bichos raros” por estar pasando una crisis.

Pero cuántas veces el siguiente paso nos cuesta muuuucho trabajo. Y es el ponernos a trabajar juntos para superar las dificultades. Porque es mucho lo que está en juego, y también es mucho lo que ponemos en juego. Porque se entremezclan emociones, sentimientos, palabras, hechos. Y surgen los reproches, suspicacias, resentimientos. Se reabren heridas. Se echan en cara cosas que uno de los cónyuges creía ya en el olvido, …

Quizás entonces sea el momento de acudir a un tercero para que nos “eche una mano”. Sin embargo, ¡qué difícil nos puede resultar esto también! Porque parece que sea como un reconocimiento de nuestra debilidad, un admitir que no hemos sido capaces de solucionarlo por nosotros mismos.

Para superar esta visión que a veces tenemos de la “ayuda externa”, te recomiendo que leas el Reto de Amor que hace unos días nos proponían las Dominicas de Lerma, en el que nos dicen “No tengas miedo a dejarte ayudar (…). Descubrirás que, en tu debilidad, la comunidad sale en tu ayuda.”

Y precisamente los Centros de Orientación Familiar diocesanos de Sevilla son esa respuesta de la comunidad, de la Iglesia de Sevilla, para ayudar a la familia en los momentos en que necesita una luz en su camino. Como puede ser cuando un matrimonio pasa por una crisis. Por eso te animamos a que no dudes en acudir a ellos. Os atenderán personas formadas, de forma gratuita y confidencial. ¡Aquí nos puedes encontrar!