Camilo Castillo: Vocación, servicio y fe ante su ordenación sacerdotal

Camilo Castillo: Vocación, servicio y fe ante su ordenación sacerdotal

Camilo Andrés Castillo, nacido el 15 de junio de 1998 en la ciudad de Villavicencio, en Colombia, es el más joven de los cuatro diáconos que este sábado a las once de la mañana recibirán la ordenación sacerdotal en una ceremonia presidida por monseñor José Ángel Saiz Meneses en la Catedral. Formándose desde hace nueve años para ser sacerdote, y actualmente en la parroquia de Pilas, vive con alegría y nervios lo que asegura que es el “acontecimiento más importante de su vida”.

Tras su ordenación diaconal, ¿cómo ha vivido su ministerio?

Verdaderamente han sido unos meses que he podido vivir con mucha alegría, en unión con Cristo y sirviendo lo mejor posible a la comunidad parroquial de Santa María la Mayor de Pilas que el Señor me ha enviado por medio de nuestro arzobispo don José Ángel. Ha sido un tiempo de mucho aprendizaje, de poder vivir experiencias maravillosas, y de experimentar también el amor de Cristo a través de la familia parroquial.

¿Qué aspectos destacaría de su servicio en esos lugares?

La parroquia de Pilas es bastante grande, de hecho, consta del templo parroquial, una ermita (Ermita de Belén) y una capilla (Sagrado Corazón de Jesús). Es una parroquia con muchos focos a los cuales he podido servir con alegría. Destaco el contacto con los niños de catequesis, ya que en esta parroquia hay un total, entre los niños del Despertar, aquellos que se preparan para su Primera comunión y los que recibirán en su momento la Confirmación, de unos 900 niños. Esto hace que en las tardes la parroquia y sus salones se convirtiesen en una casa más para ellos. Poder estar en contacto con ellos, reír, jugar y anunciarles el amor de Cristo han sido momentos excepcionales.

Otro aspecto que me gustaría resaltar es la labor de Cáritas parroquial en Pilas: hay un grupo de unos 15 voluntarios que verdaderamente dan testimonio del amor de Cristo con aquellas personas que llegan a solicitar ayuda. Acompañar a las voluntarias en las acogidas y poder compartir con ellas momentos de convivencia me ha dado la oportunidad de vivir el evangelio y poder servir a Cristo mismo en aquellas personas que lo necesitaban.

El último aspecto que resalto, aunque podrían haber muchos más, fue la visita a los enfermos y poder llevarle la comunión semanal a unas 30 personas que ya no pueden salir de su casa por motivos de enfermedad. Ver la alegría en los ojos de las personas cuando llegaba y que el Señor entraba a sus casas para entregarse a ellos, y ellos con esa alegría de recibirlo, esa paz con la que los dejaba me reconfortaba y me ayudaba a ver que, aún con mi debilidad y mis pecados, el Señor se sirve de mí para poder llegar a aquellas personas.

 ¿Qué dimensión se han fortalecido o redescubierto?

El Señor me ha permitido fortalecer mi unión con Él por medio de la oración, vivir el día a día poniéndolo siempre a Él primero. La oración ha sido mi fortaleza para poder servir con amor lo mejor posible a la comunidad parroquial y poder entregarme a ellos en todo lo que hiciese falta.

«El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús», escribió el Santo Cura de Ars. ¿Cómo propicia que los demás se enamoren también de Jesús en la Eucaristía?

Sabemos que nuestra sociedad de hoy está un poco descristianizada y relativizada, pero también es verdad que el Señor quiere que todos los hombres se salven, sabemos que de alguna manera Él hará que ellos se acerquen. Y una forma es que nosotros demos testimonio de que Dios vive y está presente en su cuerpo que es la Iglesia, amándonos entre nosotros, para que ellos digan “mirad como se aman”, y así poder manifestar ese amor que Él nos tiene. Para esto debemos alimentarnos y recibir de Dios Padre por medio del Hijo en el Espíritu Santo el amor con mayúscula manifestado y actualizado cada vez que celebramos la Eucaristía.

¿Cómo ante su inminente ordenación sacerdotal?

Ciertamente es el acontecimiento más importante en mi vida, por lo cual lo estoy viviendo con mucha alegría, pero también con nervios naturalmente. Es verdad que muchas veces lo pienso y me sorprende que el Señor, a pesar de mis pecados, de mi debilidad, me otorga la gracia de poder participar de su sacerdocio, de poder hacerlo presente en los sacramentos, de prestar mis labios para anunciar su buena noticia, poder ser un canal para que Él perdone los pecados a muchos, y poder prestar mis manos para que Él se haga presente en la Eucaristía. Todo esto me suscita muchísima alegría y gratitud por la elección que el Señor ha hecho conmigo.

¿Cómo suele motivar a orar por las sacerdotes y por las vocacionales sacerdotales?

Invitando siempre como lo dijo el Señor: “Rogad, pues hermanos, al dueño de la mies, que envíe obreros a su mies” (Lc 10,2), ya que la mies es mucha y los obreros pocos. Y también invito a que recen por nuestros ministerios, ya que son las oraciones del pueblo las que sostienen nuestro ministerio y nos confortan para poder hacer la voluntad del Padre cada día.

¿Cuál es su oración de gratitud al Señor por su llamada a la vida sacerdotal?

Es una acción de gracias total por la obra maravillosa que está haciendo en mi vida y por la elección que ha hecho conmigo sin merecerla, para poder anunciar su amor a ese rebaño que Él tiene preparado para que yo pueda guiarlos hacia el Buen Pastor, hacia Él, que nos congrega a todos en un solo rebaño, en un solo cuerpo que es su Iglesia.

¿Cuáles piensa que pueden ser los pilares que sostendrán su ministerio sacerdotal y por qué?

Creo que los dos pilares son la oración y el servicio. A lo largo de este tiempo de Seminario y del tiempo que he vivido en la parroquia como diácono, nueve años ya, he visto cómo el Señor se manifiesta glorioso en mi vida y en mi ministerio. Si estoy unido a Él en la oración, ponerlo lo primero y en el centro de mi día cotidiano, puedo entrar en su voluntad cada día, de lo contrario sin la oración, todo se puede convertir en algo monótono o que debe hacerse, pero sin espíritu alguno.

¿Por qué valdría la pena (o la vida) decir sí al Señor ante la llamada al sacerdocio?

Porque el Señor da mucho más de lo que se espera, ese pequeño “sí” que le di al Señor en su momento ha sido fuente de gracias y milagros que el Señor ha hecho en mi historia. Además, muchas ocasiones me han dicho “ser sacerdote quita muchas cosas”, hoy puedo decirlo con toda sinceridad: el Señor me ha hecho vivir una juventud plena y en este tiempo cerca de la ordenación presbiteral veo que aquella promesa que me hizo en su día de ser feliz, de darle un sentido a mi vida, la ha cumplido y tengo la firme esperanza de que la obra maravillosa que ha iniciado un día conmigo la llevara a buen término.

Primera Misa de Camilo Castillo

21 de junio a las 20:30 h en la Parroquia Santa María la Mayor, en Pilas.

 

“Ha escogido Dios más bien lo necio para confundir a los sabios, y ha escogido Dios lo débil del mundo para confundir lo fuerte” (1 Co 1,27).


CARTA DOMINICAL

A los 40 años de mi ordenación sacerdotal 

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