El Arzobispo responde

En esta sección se recogen las respuestas del Arzobispo de Sevilla, mons. Juan José Asenjo, a las preguntas formuladas cada semana por los lectores del semanario diocesano Iglesia en Sevilla. Las personas interesadas en enviar sus preguntas pueden hacerlo a la dirección de correo electrónico iglesiaensevilla@archisevilla.org

 

¿Está satisfecho del funcionamiento de Cáritas diocesana y de las Cáritas parroquiales?

En la vida humana todo es perfectible y puede mejorar. No obstante, mi impresión sobre ambas es muy positiva. Su actuación en la reciente crisis económica ha sido sobresaliente. Así tiene que seguir siendo, pues los pobres siguen estando ahí. Basta visitar los barrios periféricos de Sevilla y también de nuestros pueblos y ciudades, donde sigue habiendo mucho dolor, mucho sufrimiento y no pocas privaciones. Una y otra organizan y coordinan en su propio nivel la actividad caritativa, buscando operatividad y eficacia en el servicio a los pobres, algo que pertenece al núcleo más profundo y auténtico de la vida cristiana. Como escribiera bellamente san Juan de la Cruz, al atardecer de la vida se nos juzgará del amor. El Señor, que se identifica misteriosamente con los más humildes de nuestros hermanos, nos juzgará por nuestros sentimientos de amor eficaz a los hambrientos, sedientos, enfermos, desnudos, presos, forasteros y transeúntes (Mt 25,34-46). Aprovecho esta ocasión para enunciar casi lapidariamente cuatro consejos sencillos dirigidos a los responsables de ambas Cáritas: El primero es que cuiden la vida espiritual, en la que se templa nuestro servicio humilde y gratuito. Sin una vida espiritual fuerte y vigorosa, sin la oración, la amistad y la intimidad con el Señor, nuestro servicio a los pobres antes o después terminará agostándose. El segundo es que cuiden la genuina identidad cristiana de Cáritas, huyendo de la secularización interna. Cáritas no es una ONG como las demás, pues sus motivaciones no son exclusivamente filantrópicas. La tercera es que cuiden la formación del voluntariado, no sólo en los aspectos técnicos sino, sobre todo, en el plano espiritual y doctrinal. Aquí tienen una responsabilidad especial los párrocos y consiliarios, llamados a formar a los voluntarios en la teología de la caridad y en la Doctrina Social de la Iglesia. El cuarto consejo es que cuiden la eclesialidad y la vinculación con la jerarquía de la Iglesia. La comunión efectiva con el obispo y con los sacerdotes de nuestras parroquias será la mejor garantía para caminar en verdad. (10-09-2019)

 

Entradas anteriores:

Encuentro Digital del Arzobispo de Sevilla (24-01-2017)

Vientres de alquiler, religiosidad popular, fe, aficiones, las relaciones con las administraciones públicas, el mantenimiento del patrimonio cultural de la Iglesia… El Arzobispo de Sevilla, mons. Juan José Asenjo, atendió durante una hora a preguntas de diversa índole. La segunda experiencia de este tipo, y no la última. La primera tuvo lugar en mayo de 2016.


HISTÓRICO DE RESPUESTAS En una entrevista reciente con la Junta de Gobierno de mi Hermandad, hablando de la formación, nos insistió usted en el estudio y conocimiento que todo buen cofrade debe tener de la Doctrina Social de la Iglesia. Nos habló usted de un libro que nos podría ayudar en este sentido. ¿Nos podría dar el título?

Con mucho gusto. Desde fines del siglo XIX, con la publicación en 1891 de la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, la Iglesia se ha pronunciado muchas veces sobre las cuestiones sociales. Los papas de los siglos XX y XXI han enriquecido el acervo de la doctrina católica sobre estas cuestiones, que han tratado también muchos obispos y estudiosos católicos. Al papa san Juan Pablo II corresponde la iniciativa de publicar un vademécum de doctrina social inspirado en el Catecismo de la Iglesia Católica, que encargó al Pontificio Consejo Justicia y Paz, que en el año 2004 publicó el volumen titulado Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, verdadero alimento para nuestro crecimiento humano y espiritual, personal y comunitario. Los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, se apoyan en la ley natural, en el Evangelio y en la doctrina secular de la Iglesia y consideran la dimensión trascendente del hombre y sus compromisos en los ámbitos social, económico y político. Estudia el significado de la familia que, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, constituye la célula primera y vital de la sociedad. Estudia también la dignidad del trabajo, su importancia en la realización de la persona y su primacía sobre el capital. Reclama una mayor justicia social, la atención a los pobres y a los países del Sur, el reparto más equitativo de la riqueza y la función social de la propiedad. Precave de los peligros de la globalización, considera la guerra como el fracaso de la humanidad, al tiempo que llama la atención, entre otros temas importantes, sobre el cuidado del planeta y sobre la corrupción en la gestión de los asuntos públicos. Dios quiera que este volumen ayude a cofrades y no cofrades a formarse en la búsqueda del bien común, de la justicia y la paz. (01-09-2019)

Muchas veces oímos que, para dejarse llenar por la gracia de Dios, es necesario vaciarse de uno mismo y abandonarnos a Él, pero ¿cómo podemos hacer esto en nuestra rutina diaria?

Es un hecho de experiencia que, para llenar un cántaro, es preciso que esté previamente vacío. Otro tanto sucede en la vida espiritual. Sólo desde la humildad del que se siente vacío y pobre y que todo lo espera de Dios es posible recibir su gracia. El Señor nos invita a vivir esta virtud cuando nos dice: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón" (Mt 11,29). Humildes de corazón nos quiere Jesús, porque la humildad que nace y muere en los labios es falsa. La humildad en los modos, en las palabras y en las actitudes sólo es válida si nace de un corazón humilde. La razón última para ser humildes es esta verdad esencial, simple y sencilla: sin la ayuda del Señor no podemos hacer nada: "Sin mí nada podéis hacer" (Jn 15,5). Él es el que nos da el querer y el obrar por medio de su Espíritu (Fil 2,13). Nada somos y lo poco que somos en el orden natural y, sobre todo, en el orden sobrenatural, lo hemos recibido del Señor de forma absolutamente gratuita. El fruto más importante de la humildad es el crecimiento en la vida interior y en nuestra fidelidad al Señor. "Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes", nos dice el apóstol Santiago. "Derriba del trono a los poderosos y ensalza a los humildes” (Lc 1,52) proclama la Virgen en el Magnificat. Y es que Dios teme dar su gracia a los soberbios, porque encontrarían nuevos motivos para enorgullecerse y atribuirse en exclusiva el mérito de sus obras. Por ello, se estancan en la vida espiritual y son menguados sus frutos apostólicos. Por el contrario, Dios hace avanzar en el camino de la fidelidad y de la vida interior a los humildes, que todo lo esperan de Él. (28-07-2019)

Somos muchos los catequistas que, después de la confirmación, tratamos de acompañar a los recién confirmados, pero muchas veces nos desanimamos ante tantas dificultades y ante la escasez de frutos. ¿Cree usted que la reciente exhortación apostólica Christus vivit puede ayudar a la pastoral juvenil diocesana?

Comprendo cuanto me dice la persona que formula la pregunta y se desahoga refiriendo las dificultades. Yo le invito a enraizarse en la esperanza.  A veces los frutos nos son inmediatos. El sembrador esparce la semilla, aunque no vea inmediatamente la espiga. En el capítulo séptimo de la reciente exhortación apostólica Christus vivit, que deberá guiar nuestra pastoral juvenil  en el futuro inmediato en nuestra Archidiócesis, el papa Francisco nos invita a todos los que estamos implicados en esta pastoral a encontrar nuevos caminos, creativos y audaces, para esta pastoral. En ella se debe privilegiar el idioma de la proximidad, el lenguaje del amor desinteresado, que toca el corazón, llega a la vida y despierta esperanza. Es necesario acercarse a los jóvenes con la gramática del amor. El lenguaje que los jóvenes entienden es el de aquellos que dan la vida, el de quien está allí por ellos y para ellos, y el de quienes, a pesar de sus límites y debilidades, tratan de vivir su fe con coherencia. El punto de llegada y la meta es la experiencia de Dios, el encuentro con Jesús que transforma los corazones. Después vendrá la formación doctrinal y moral y la experiencia de la generosidad, la vivencia de la fraternidad y el servicio a los pobres, iniciándoles además en el apostolado, todo ello en un marco de familia, haciendo de la parroquia un verdadero hogar para tantos jóvenes sin arraigo familiar. En el capítulo quinto el Papa inculca a los jóvenes algunas convicciones: Dios es amor, Cristo vive y nos salva y el Espíritu Santo cambia nuestra vida, la ilumina y le imprime un rumbo mejor. A continuación, invita a los jóvenes a vivir y experimentar la amistad con Jesús con estas palabras terminantes, destino y meta de toda pastoral juvenil: “Por más que vivas y experimentes no llegarás al fondo de la juventud, no conocerás la verdadera plenitud de ser joven, si no encuentras cada día al gran amigo, si no vives en amistad con Jesús”. (21-07-2019)

Supongo que usted será consciente del daño inmenso que las noticias sobre abusos sexuales con niños han infligido a la Iglesia. ¿Cuál es su opinión sobre esta verdadera calamidad?

Efectivamente se trata de una verdadera desgracia, a mi juicio la más grande acaecida en la Iglesia desde las escisiones ocurridas en el siglo XVI. Como usted dice, el daño es imponente, si bien los casos atribuibles a la Iglesia parece que son solo el 3% de todos los casos de pederastia que se dan en la sociedad. Sin embargo, hubiera bastado un solo caso para que nos tuviéramos que avergonzar. Mi opinión es que lo primero son las víctimas. Lo digo con palabras del Papa en su discurso de 24 de febrero pasado dirigido a los presidentes de Conferencias participantes en el encuentro sobre protección de menores celebrado recientemente en el Vaticano. «El objetivo de la Iglesia -afirmó el Papa- será escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados. Ha llegado la hora de colaborar juntos para erradicar dicha brutalidad del cuerpo de nuestra humanidad… El objetivo principal de cualquier medida es el de proteger a los menores e impedir que sean víctimas de cualquier abuso psicológico y físico». En la parte final de su discurso, el Papa pronunció unas palabras de aliento dirigidas a los sacerdotes, que un servidor suscribe totalmente: “Permitidme ahora un agradecimiento de corazón a todos los sacerdotes y a los consagrados que sirven al Señor con fidelidad y totalmente, y que se sienten deshonrados y desacreditados por la conducta vergonzosa de algunos de sus hermanos. Todos —Iglesia, consagrados, Pueblo de Dios y hasta Dios mismo— sufrimos las consecuencias de su infidelidad. Agradezco, en nombre de toda la Iglesia, a la gran mayoría de sacerdotes que no solo son fieles a su celibato, sino que se gastan en un ministerio que es hoy más difícil por los escándalos de unos pocos —pero siempre demasiados— hermanos suyos. Y gracias también a los laicos que conocen bien a sus buenos pastores y siguen rezando por ellos y sosteniéndolos”. Finalmente, nos invitó el Papa a la esperanza de que este mal se transforme en oportunidad de purificación. Así lo creo yo también, pues, como dice san Pablo, para los que aman a Dios, todo lo que sucede, sucede para bien (Rm 8,28). (14-07-2019)

¿Por qué en Sevilla no se fomentan los cursos de apologética, para que los católicos podamos conocer bien nuestra Fe?

Apologética significa defensa, en nuestro caso, defensa de la belleza de nuestra fe. En las últimas décadas esta rama de la teología no ha gozado de excesivas simpatías en el mundo de los teólogos. Muchos la han mirado con reticencia y han hecho de ella una caricatura por su carácter polémico. Hoy, sin embargo, no faltan teólogos que reclaman la vuelta a la apologética teniendo en cuenta el ambiente cultural de la sociedad poscristiana y neopagana en que estamos inmersos. La dimensión apologética hoy resulta indispensable. Cuando yo era estudiante, la apologética se estudiaba como asignatura independiente. Hoy pienso que debe informar trasversalmente todas las áreas de la Teología y así se lo sugiero a los profesores de nuestro Centro de Estudios Teológicos y del Instituto Superior de Ciencias Religiosas. Puede tener exigencias diversas según sean las ideas y actitudes dominantes respecto de la Iglesia, la jerarquía, la religión o Dios mismo: el anticlericalismo secular, fundado casi siempre en prejuicios, las dificultades de orden intelectual en relación con los dogmas y la moral de la Iglesia y la tendencia a calificar a la religión como una actividad primitiva, infundada y perniciosa para el desarrollo de la persona y de la sociedad, enemiga de la razón, de la libertad, del progreso y de la democracia. Hoy es urgente el recurso a la apologética, que ayude a deshacer malentendidos, a aclarar nociones deformadas y a superar actitudes de suficiencia y menosprecio de lo religioso. Esta tarea tiene que realizarse con un estilo de diálogo y servicio, procurando que las palabras del apologeta estén fortalecidas y garantizadas por su testimonio de vida. (07-07-2019)

En casi todos los pueblos las iglesias están cerradas gran parte del día. Le pregunto: ¿cómo hacemos los que nos gustaría echar un ratito con Jesús en el sagrario? Nos consolamos con una comunión espiritual delante de la puerta cerrada a cal y canto, pero...

Me han hecho esta pregunta muchas veces en los diez años que llevo en Sevilla. Yo también me la hago y no sin dolor, no tanto porque los turistas y visitantes no puedan contemplar las maravillas artísticas que contienen nuestros templos, sino porque muchos fieles no pueden contemplar, visitar y acompañar a la principal maravilla que encierran nuestras iglesias, al Señor presente en la Eucaristía. La persona que me interroga utiliza una expresión muy sevillana, echar un ratito con el Señor. Me emociona que, ante la imposibilidad de entrar en el templo, esta persona y otras muchas se consuelen haciendo una comunión espiritual en la puerta. Estoy seguro de que el Señor mira con amor y con ternura a estas personas. Pero también es cierto que en los últimos años los robos en las iglesias se han multiplicado. Hoy no es fácil tener todo el día las iglesias abiertas. Nuestros sacerdotes están sobrecargados de trabajo. Muchos son profesores del Seminario o de otros centros y las parroquias no tienen fondos para pagar un vigilante. Con todo habría que aguzar la imaginación para que nuestros templos estén abiertos el mayor número de horas posible. En algunos pueblos personas jubiladas se turnan para que el templo esté abierto. Por lo demás, muchas parroquias están haciendo lo que está a su alcance para facilitar a los fieles la adoración del Santísimo y el culto eucarístico fuera de la Misa, verdadero camino de renovación de nuestra Archidiócesis y de nuestras comunidades parroquiales. (30-06-2019)

¿Debe una persona, que se siente en situación de pecado, comulgar sin haber acudido antes al sacramento de la penitencia, si tiene intención de hacerlo con posterioridad?

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 1415, es taxativo: “El que quiere recibir a Cristo en la comunión eucarística, debe hallarse en estado de gracia. Si uno tiene conciencia de haber pecado mortalmente, no debe acercarse a la Eucaristía sin haber recibido previamente la absolución en el sacramento de la Penitencia”. Y en el número 1385 cita a san Pablo, quien afirma tajantemente: "Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo" (1 Co 11,27-29)”. Por ello, concluye el Catecismo: “Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar”. Por fin, en el número 2120 se califica como sacrilegio la comunión eucarística sin las debidas disposiciones interiores, es decir, sin el estado de gracia. Puede darse alguna excepción cuando, estando en pecado, por motivos gravísimos hay necesidad de comulgar y no se puede acceder a un confesor. Entonces, de acuerdo con el canon 916 del Código de Derecho Canónico y el número 1457 del Catecismo, cabe comulgar haciendo antes un acto de perfecta contrición, con la voluntad expresa de confesar tan pronto como sea posible. (23-06-2019)

¿Cómo valora la Pastoral Juvenil Diocesana? ¿No cree usted que tendría que mejorar?

En los últimos años hemos recorrido un largo camino en el trabajo pastoral con la juventud, con una pastoral juvenil seria y enraizada en el Evangelio, que tiene a Jesucristo como centro. Han surgido también otros grupos juveniles, parece que de mucho vigor espiritual, no vinculados formalmente a la vida diocesana y que habrá que integrar en las parroquias. No podemos, sin embargo, caer en el triunfalismo. Es evidente que hay otra juventud, desencantada, desesperanzada, con un gran vacío interior, que se conforma con una visión materialista del hombre y de la vida, víctima del paro, del desamor, de la desestructuración familiar, sin el calor de un hogar y, en ocasiones, atrapada en las redes de la droga. Yo animo a los sacerdotes, a los catequistas y profesores de Religión y a los jóvenes de nuestros grupos y movimientos a no contentarse con cultivar a los de casa; les animo a salir con esperanza al encuentro de estos jóvenes de la periferia para descubrirles que Jesucristo es el camino que verdaderamente libera. Sé muy bien que el trabajo con los jóvenes es difícil, pero nunca es una siembra estéril, pues antes o después termina dando fruto. A los sacerdotes les recuerdo que una parroquia sin jóvenes es una parroquia triste y sin esperanza. Por ello, animo a todos los hermanos sacerdotes a crear, con la ayuda de laicos verdaderamente comprometidos, grupos juveniles parroquiales, que propicien la formación de los jóvenes, que los inicien en la oración, en la amistad e intimidad con Jesucristo, en el amor a la Iglesia, en el apostolado y en la experiencia de la generosidad y el descubrimiento del prójimo, especialmente de los más pobres y necesitados. Termino dirigiéndome a los propios jóvenes. Lo hago con unas palabras dirigidas a ellos por el papa Benedicto XVI el 24 de abril de 2005 en la Eucaristía con la que inauguraba su pontificado. Les dijo: «Hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo!  Él no quita nada y lo da todo». (16-06-2019)

¿Cuál es la diferencia entre las Cáritas parroquiales y la Cáritas diocesana?

Cáritas diocesana es la institución oficial de la Archidiócesis de Sevilla para la acción caritativa y social, erigida y aprobada por el arzobispo, que es su presidente nato. Tiene sus servicios centrales en la plaza de San Martin de Porres de Sevilla, donde trabajan el Director diocesano, los técnicos y voluntarios que deben ser siempre personas eclesiales, hombres y mujeres de fe, cristianos de calidad y de un claro amor a la Iglesia, nunca meros funcionarios. Ellos impulsan y coordinan la actividad caritativa de la Archidiócesis y sirven y alientan a las Cáritas parroquiales, en las que el presidente nato es el párroco, con un director o directora y unos voluntarios que sirven a los pobres en nombre de la parroquia con los recursos de la propia comunidad. La diferencia entre ambas Cáritas es de carácter territorial. La primera tiene un ámbito diocesano, mientras la segunda se circunscribe a cada parroquia. El servicio de la caridad pertenece a la entraña misma de la Iglesia, cuyo misterio y vida se asienta en tres columnas fundamentales: el anuncio de la fe (la catequesis, la homilía, la formación); la celebración de la fe en la santa Misa y de los sacramentos; y la diaconía de la caridad y el servicio a los pobres. Si en una diócesis o parroquia falta alguno de estos elementos, falla en algo fundamental. Por ello, en ninguna parroquia debería faltar la Cáritas, el servicio de la caridad, que con otros nombres y con otros atuendos ha existido siempre en la Iglesia ya desde la época apostólica. Como nos han repetido muchas veces los últimos Papas, hay un punto en el que se refleja especialmente la autenticidad de nuestras celebraciones eucarísticas: si ellas impulsan a nuestras comunidades a un compromiso serio y activo en la ayuda a los pobres. (09-06-2019)

¿No cree que la iglesia debería utilizar más los medios digitales para la pastoral y la evangelización? ¿No cree usted también que debería condenar el uso de estos medios para el insulto y la descalificación?

Mi respuesta es que sí, que debemos utilizar los medios maravillosos que la técnica ha puesto en nuestras manos para evangelizar, para anunciar a Jesucristo a nuestro mundo con obras y palabras. Se ha dicho que si san Pablo viviera ahora utilizaría todos los medios tecnológicos que nosotros tenemos a nuestro alcance, con el objetivo de llevar a Jesucristo a sus hermanos. Otro tanto harían otros grandes apóstoles y misioneros, san Francisco Javier, nuestro san Juan de Ávila o san Francisco Solano, entre otros. Hoy son ya muchos los pastores, el papa Francisco, muchos obispos, sacerdotes, miembros de la vida consagrada y laicos de movimientos y asociaciones que utilizan estos medios para el anuncio, el apostolado y la formación. Por mi parte aliento su uso y apoyo todos los ensayos que se están haciendo en este orden de cosas. Por ejemplo, la página web Archisevilla Siempre Adelante, iniciativa de la Delegación diocesana de Medios, que pretende ser un instrumento evangelizador en la parcela diocesana del continente digital. El portal, cuenta con cinco secciones inspiradas en cada una de las líneas de actuación de las Orientaciones Pastorales Diocesanas. Por lo que respecta a la segunda pregunta, reitero cuanto afirmaba hace unas semanas ante una pregunta semejante: las redes sociales son un instrumento muy aprovechable y fecundo, si se utilizan para el bien y son reguladas por la ética. Si, por el contrario, se utilizan para calumniar o desacreditar a personas o grupos, me parecen instrumentos perversos, que exigirían algún tipo de regulación por parte de las autoridades. Ignoro si esta es una praxis habitual en el mundo eclesial. Seguro que no. Si lo fuera, diría a quienes así se conducen que tomen nota del consejo del apóstol san Juan: “Nadie puede decir que ama a Dios a quien no ve, si no ama al prójimo a quien ve”. (02-06-2019)

Recientemente leí en una de sus cartas que la Iglesia de Sevilla podría subsistir sin aportación de la casilla del IRPF, si bien reduciendo la rehabilitación de su patrimonio histórico. ¿Realmente es así?

 Mi pronunciamiento sobre este tema no se produjo en una carta semanal sino en una rueda de prensa en la que presentábamos los balances consolidados de la Archidiócesis. En ellos se constata que la cantidad que nos llega de la Conferencia Episcopal a través del IRPF, en torno a cinco millones de euros, representa el 19% de los citados balances consolidados. No manifesté intención alguna de prescindir de ese capítulo, al que la Iglesia tiene derecho y que está consagrado en los acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede de 1979. Quise decir que, si algún día desapareciera esa fuente de ingresos, que no procede directamente del Estado sino de los ciudadanos españoles que libremente quiere asignar a la Iglesia en su declaración de la renta, no sería un cataclismo, pues estoy seguro de que los fieles sevillanos, que valoran el servicio que la Iglesia presta a la sociedad, redoblarían su ayuda a la Archidiócesis por otros caminos. Sí dije que es posible que se resintiera una capítulo importante de la vida de la Iglesia en Sevilla, el cuidado y restauración del patrimonio, tan cuantioso y valioso en nuestra Archidiócesis, máxime en este periodo en el que la Iglesia no recibe ayuda alguna desde el año 2010 ni del Estado central ni de la Junta de Andalucía, a pesar del convenio firmado por las diez diócesis andaluzas con la Consejería de Cultura de la Junta  de Andalucía el 2 de abril de 1986, por el que la Iglesia se comprometía a poner a disposición de la sociedad y de los estudiosos sus bienes culturales y la administración regional a ayudar a la Iglesia en su conservación.  (26-05-2019)

Hace apenas unos días celebrábamos la Resurrección del Señor y ahora vivimos la Pascua. ¿Cómo consolaría a un enfermo que, tras tanto sufrimiento, ha perdido la esperanza en la resurrección?

Le diría que, porque Jesús ha resucitado, también nosotros resucitaremos. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que después de su muerte, el Señor bajó al seno de Abraham para liberar a los justos anteriores a Él, aplicarles los frutos de la Pasión y abrirles las puertas del cielo (nº 633-635). Ojalá que en estos días de Pascua florida, al mismo tiempo que sentimos muy a lo vivo la alegría inmensa que brota de la resurrección del Señor, experimentemos también intensamente la emoción que nace espontánea de la aceptación de esta verdad original del cristianismo: somos ciudadanos del cielo, al que estamos llamados y cuyas puertas nos ha abierto el Señor en su resurrección de entre los muertos. La esperanza en la resurrección debe ser fuente de consuelo, de paz y fortaleza ante las dificultades, ante el sufrimiento físico o moral, cuando surgen las contrariedades, los problemas familiares, profesionales o económicos, cuando a nosotros o a nuestros seres queridos nos visita el dolor o la enfermedad. La esperanza en la resurrección es además fuente de sentido en nuestro devenir. Un cristiano no puede vivir como aquel que ni cree ni espera, o en el mejor de los casos cree que después de la muerte sólo existe la nada. Porque Cristo ha resucitado, nosotros creemos y esperamos en la vida eterna, en la que viviremos dichosos con Cristo y con los Santos, en comunión de gozo y de vida con la Santísima Trinidad. Esta perspectiva que es fruto de la Pascua, debe marcar, determinar y configurar nuestro presente, nuestras posiciones en la vida, nuestra forma de pensar y nuestro modo de vivir, sabiendo que somos peregrinos, que no tenemos aquí una ciudad estable y permanente, pues nuestra verdadera patria es el cielo. La perspectiva de la resurrección define e ilumina nuestra vida, la nutre y enriquece con la esperanza y la alegría. De todo ello se privan quienes no creen en la resurrección y en la vida eterna, artículo capital de nuestra fe. (19-05-2019)

¿Es prudente guardar silencio ante los atropellos que sufre la Iglesia y el Papa o la conducta del católico sería defenderle abiertamente?

 Un cristiano nunca debe reaccionar con violencia ante atropellos o ataques infundados e injustos contra la Iglesia. Opino que debemos aceptar las críticas con humildad y gratitud si están bien fundamentadas, pues una crítica sana, hecha con rectitud de intención y con verdad, siempre es atendible y nos ayuda a convertirnos y a mejorar. Lamentablemente, no siempre es así. Un teólogo del siglo XX todavía vivo, reconoce que muchas de las críticas que se formulan contra la Iglesia están justificadas y son sencillamente verdaderas. La Iglesia, hemos de reconocerlo, es una triste comunidad de pecadores. Sin embargo, dice también que muchas de ellas son “tontas, petulantes e injustas y, muy a menudo, simplemente falsas, y más de una vez incluso malignas”. A veces se critica una Iglesia que ya no existe. Otras veces se echa mano de tópicos superados y desde un desconocimiento notable del ser de la Iglesia, porque se la critica desde fuera, sin conocerla, sin vivir en ella y con ella. Las críticas pueden proceder del anticlericalismo rancio, fundado casi siempre en prejuicios. Otras veces proceden de dificultades de orden intelectual, que llevan a  calificar a la religión como una actividad primitiva, infundada y perniciosa para el desarrollo de la persona y de la sociedad, enemiga de la razón, de la libertad y del progreso. En todos estos casos es preciso defender a la Iglesia y al cristianismo incluso con una tonalidad apologética, para deshacer malentendidos, aclarar nociones deformadas y superar actitudes de menosprecio ante lo religioso. Esta tarea habrá de realizarse con caridad y valentía, sin espíritu polémico, con un estilo de diálogo y servicio, mostrando de manera directa y humilde la verdad del cristianismo con la palabra y con el testimonio de la propia vida. (12-05-2019)

¿No le parecen una injusticia las críticas de algunos grupos dentro de la Iglesia que rechazan el Concilio Vaticano II y sus consecuencias y atacan al papa Francisco, acusándole de haber alterado sustancialmente la doctrina tradicional de la Iglesia?

Con respecto al Vaticano II, me remito a mi respuesta de la semana anterior. En relación con el Papa, tales afirmaciones no dejan de ser una simplificación o reducción interesada de la figura del Pontífice.  En el mundo actual muchas veces se prefieren las etiquetas a los juicios ponderados y fundamentados. Este podría ser el caso, ya que como escribía hace unos años en esta misma sección, es posible que a más de una persona los mensajes de Francisco le resulten excesivamente horizontalistas, con una insistencia grande en la dimensión social del Evangelio, la defensa de los derechos humanos y la cercanía a los pobres y a los que sufren. Es posible que a más de uno le haya sorprendido la encíclica Laudato si y haya pensado tal vez que la ecología y el cuidado de la creación tiene poco que ver con el Evangelio. Quienes así piensan están equivocados. Entre el magisterio del papa Francisco, pura Doctrina Social de la Iglesia, y el de los pontífices precedentes hay una evidente continuidad. Por otra parte, el magisterio de Francisco hay que leerlo en su conjunto, muy atentos a sus homilías diarias en santa Marta, sus catequesis de los miércoles y otras intervenciones. En ellas se habla también de la vida interior, la oración, la mortificación, el amor a la Eucaristía, la devoción a la Santísima Virgen y la confesión frecuente, entre otros muchos temas que pertenecen al núcleo fundamental de la vida cristiana. Invito a quien me hace la pregunta a leer y meditar el contenido de la exhortación apostólica Gaudete et jubilate sobre la llamada universal a la santidad.  (05-05-2019)

Últimamente proliferan en Sevilla las primeras comuniones en colegios y las confirmaciones en hermandades y también en colegios. ¿No le parece un abuso esta práctica?

La primera comunión, las confirmaciones y el bautismo son los tres sacramentos de la iniciación cristina, que es la inserción de una persona en el misterio de Cristo, muerto y resucitado, y en la Iglesia por medio de la fe y los sacramentos. La iniciación cristiana es el signo más genuino de la maternidad de la Iglesia a través de dos funciones íntimamente relacionadas entre sí, la catequesis y la liturgia. Ambas introducen a los hombres en el misterio de Cristo y de la Iglesia, conduciéndoles a la fe, mostrándoles, en el anuncio del Evangelio y en la celebración de los sacramentos, el camino de la salvación. Los lugares de la iniciación cristiana son en primer lugar la familia, como institución originaria, y después la parroquia, como ámbito propio y principal. Son también lugares imprescindibles la escuela católica, las asociaciones y movimientos laicales, entre ellos las Hermandades. Todos estos ámbitos deben ser verdaderos catecumenados, es decir, auténticos lugares de formación y evangelización. Por tanto, no es un abuso la praxis de la que habla el autor de esta pregunta. Sí quiero insistir en los agentes de esta pastoral prioritaria: el obispo, el primer catequista, la Delegación diocesana de catequesis, los sacerdotes, los padres cristianos, los primeros transmisores de la fe y de los valores morales; y los catequistas laicos o religiosos, a los que quiero manifestar mi afecto y gratitud por el impresionante servicio que prestan a la Iglesia. A todos ellos quiero decirles que además de la ayuda de la gracia de Dios, que nunca nos va faltar, en la catequesis son necesarios materiales aptos y aprobados por la Iglesia y, sobre todo, el entusiasmo y el testimonio de vida de los catequistas, que deben ser testigos convencidos y convincentes de la fe que transmiten. (28-04-2019)

En varias ocasiones le he oído a usted ponderar la importancia del rezo del Rosario. ¿No le parece que es esta una devoción de otros tiempos y que hoy hay que dar más importancia a la oración litúrgica?

No faltan hoy cristianos que así piensan y que opinan que el Rosario es una devoción infantil, residual, impropia de personas espiritualmente maduras. Consideran el Rosario una devoción demasiado mecánica, que además nos aleja del mundo.   El rezo del Rosario es uno de los signos más elocuentes de nuestro amor a la Santísima Virgen. De su mano recorremos los misterios de la vida de Cristo con sus mismas disposiciones espirituales.   La contemplación de los misterios produce en nosotros una cierta connaturalidad con lo que meditamos, al tiempo que nacen en nuestros corazones las semillas del bien, que producen frutos de paz, bondad, justicia y reconciliación. Ningún buen cristiano debería acostarse tranquilo sin rezar cada día el Rosario. Todos tendríamos que tratar de recuperarlo. Como ha escrito el papa Francisco, hace mucho bien a quien lo reza devotamente. Los Papas han recomendado siempre esta devoción sencilla, que no necesita libros ni lugares especiales. Se puede rezar en el coche, paseando o en la sala de espera del centro de salud.  Por eso es la devoción predilecta de los enfermos y ancianos. Los papas del siglo XX la han recomendado sin excepción: Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II, el Papa del Rosario, que afirmó más de una vez que era su "devoción predilecta".  Benedicto XVI nos ha invitado a “redescubrir” el rezo del Rosario y “a valorar esta oración tan querida en la tradición del pueblo cristiano”.  El papa Francisco, por su parte, ha declarado muchas veces que reza diariamente el Rosario de la Virgen María. “Soy de Rosario diario”, nos ha dicho más de una vez, añadiendo que el rezo del Rosario le ha ayudado en las dificultades, añadiendo que "el Rosario es la oración de los sencillos y de los santos… es la oración de mi corazón”. (14 y 21-04-2019)

¿Cuál es la opinión que le merecen las propuestas de algunos partidos europeos contrarios a la acogida de emigrantes en sus países?

La verdad es que en este campo el ideal sería que los países del primer mundo emprendieran programas consistentes de desarrollo en el llamado tercer mundo, pues pocos desean salir de sus lugares de origen si no es por necesidad. Mientras eso llega, hemos de acoger a los inmigrantes. Más allá de diferencias raciales, costumbres o tradiciones culturales, todos somos miembros de la misma familia humana, sujetos de los mismos derechos y con la misma dignidad. Para nosotros los cristianos, ante todo, son hijos de Dios, redimidos por la sangre de Jesucristo. Por ello, hemos de acogerles con actitudes de ayuda, servicio, aliento, orientación, información y defensa de sus derechos. Desde los tiempos de Moisés, en la Sagrada Escritura el forastero fue considerado digno de una especial atención, como las viudas y huérfanos, como los pobres en general. En el Nuevo Testamento Jesús se identifica con la debilidad y el sufrimiento de los forasteros y emigrantes. Él mismo fue emigrante. En la plenitud de los tiempos emigra desde seno cálido del Padre y viene a la tierra, se hace uno de nosotros para nuestra salvación; y en los inicios de su vida histórica tiene que emigrar a Egipto, haciéndose así solidario de los sufrimientos y angustias de todos los emigrantes. En el momento crucial del juicio, el criterio último de discriminación serán nuestros sentimientos de amor, servicio y acogida a los pobres, a los hambrientos, a los encarcelados y a los que han tenido que dejar su hogar, su casa y su familia. Jesús se identifica misteriosamente con nuestros hermanos, especialmente con los más pobres, de manera que cualquier gesto de amor, de acogida o de servicio, lo mismo que cualquier gesto de desprecio o rechazo contra nuestros hermanos inmigrantes se lo hacemos definitivamente al Señor mismo. Esto quiere decir que, por fidelidad al Señor, los cristianos tenemos la obligación de considerar el problema de la inmigración desde una visión iluminada por la fe, abierta y humanitaria. (07-04-2019)

Hablando de la formación, los cofrades le hemos oído decir más de una vez que usted se daría por satisfecho si todos conociéramos bien el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. ¿Puede ampliar esta idea?

Lo hago con mucho gusto. En el otoño de 1992, el papa Juan Pablo II promulgaba el Catecismo, uno de los frutos más preciosos del Concilio Vaticano II. En él se expone de forma orgánica, sistemática e íntegra la fe de la Iglesia. A lo largo de estos años, los obispos, sacerdotes, consagrados y laicos hemos ido apreciando la utilidad y valor de este auténtico don de Dios a la Iglesia de nuestro tiempo. El 28 de junio de 2005 el papa Benedicto XVI presentaba el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, llamado a ser libro de cabecera o vademécum de los cristianos que quieran formarse. Se trata de un texto más breve y de más fácil lectura que el Catecismo primero, pero es completo, seguro y en estrecha armonía con él. Contiene todos los elementos esenciales de la fe y de la moral católica, formulados de una manera sencilla, accesible a todos, clara y sintética. Su fuente lógicamente es el Catecismo de 1992, texto de referencia, que sigue manteniendo toda su autoridad e importancia, pues en él se encuentra la exposición armoniosa y auténtica de cuanto los católicos tenemos que creer y de aquello que hemos de practicar.  Dios quiera que todos, cofrades y no cofrades estudiemos y conozcamos el Compendio, que mucho nos ayudará a vivir gozosa y comprometidamente nuestra vida cristiana. Nos ayudará también a dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza en el ambiente en que vivimos. (31-03-2019)

¿Qué opinión le merece la actitud de algunas personas que, considerándose cristianas, participan en foros o blogs en las redes sociales para hacer comentarios hirientes y denigrantes impropios de la caridad cristiana, con el agravante de ocultarse tras el anonimato?
 

Respondo diciendo que mi opinión tiene que ser forzosamente negativa. Las llamadas redes sociales han potenciado la intercomunicación entre todos los lugares de la tierra. El desarrollo y la popularidad que estos medios han alcanzado responde al instinto sociable del ser humano, al anhelo de comunicación y amistad que está inscrito en nuestra propia naturaleza. Bien empleados hacen del mundo una sola familia favoreciendo el desarrollo de la comunicación entre las personas. Es preciso cuidar la calidad de los contenidos que ponemos en circulación. En éste, como en otros campos, no vale todo. Es, pues, necesario que la ética dignifique y modere los avances en este sector tan importante de la vida social. Por ello, cuantos utilizan estos medios han de respetar la verdad y la dignidad de la persona; han de promover la cultura del diálogo y la amistad, evitando compartir palabras e imágenes degradantes para el ser humano, excluyendo aquello que alimenta el odio y la intolerancia o lo que explota a los débiles e indefensos. Sería deseable también que la ética regulara la participación en las redes sociales y en los llamados blogs, en los que el anonimato y la impunidad pueden producir daños irreparables a las personas, para lo que sería necesario algún tipo de regulación legal. A veces, en nombre de la libertad de expresión, se pueden cometer los mayores atropellos de la dignidad de las personas o de sus derechos fundamentales, arruinando vidas y causando sufrimientos considerables. Todo ello es impropio de un cristiano. Por el contrario, la libertad, bien usada y regulada por la justicia, el respeto, la equidad y la veracidad, sirven al bien común y contribuye a la conformación de una sociedad más justa y transparente. (24-03-2019)

El extraordinario incremento del número de confirmaciones en la diócesis en los últimos años, ¿se ha traducido en una mayor implicación de los laicos en la vida parroquial?
 

Como es bien sabido, el Directorio de la Iniciación Cristiana de nuestra Archidiócesis exige que los padrinos del bautismo estén confirmados, exigencia totalmente lógica, pues están llamados a cooperar con los padres en la transmisión de la fe a sus ahijados. Igualmente se exige que quienes van a casarse hayan recibido también el sacramento del Espíritu, cosa lógica pues están llamados a ser los primeros catequistas de sus hijos. Efectivamente, en los últimos años ha crecido extraordinariamente el número de adultos que se confirman. Muchos lo hacen para poder ser padrinos o madrinas, pero son muchos también los que lo hacen voluntariamente. No lo pudieron hacer en su día por distintas circunstancias y lo hacen ahora pensado que es un bien para su vida cristiana. Conozco muchos casos.  Todos ellos asisten a las catequesis durante un año. Estoy seguro de que les ayudan a conocer mejor al Señor y el mensaje cristiano y a incrementar su compromiso con la Iglesia. Creo que esto es bueno., aparte de la eficacia imperceptible pero real de la gracia recibida en el sacramento. Así mismo, exigir que los novios vayan bien preparados para el matrimonio o que los padrinos se tomen en serio el ministerio y la obligación que adquieren, lo estimo sumamente necesario y coherente. (17-03-2019)

¿Sería posible que en la diócesis existiera un servicio “de guardia” que facilitara la asistencia de un sacerdote cuando se le necesita para administrar la extrema unción a una persona en sus últimos momentos, para acompañar a los familiares, o para celebrar la misa del funeral sin que resulte tan difícil encontrar un sacerdote disponible? Aunque no lo crea, a veces resulta bastante complicado y no todo el mundo tiene relación con su parroquia o cuenta con un sacerdote entre sus conocidos o amistades.
 

Mi respuesta inicial es que éste es fundamentalmente un problema de Sevilla capital y menos de los pueblos de la Archidiócesis, donde sus habitantes suelen estar más implicados en la vida de la parroquia y conocen y tratan a su sacerdote. Tampoco es un problema en Sevilla ciudad para quienes frecuentan asiduamente su parroquia y participan de los actos litúrgicos y de las actividades parroquiales. El problema se circunscribe a aquellas personas que viven habitualmente desconectas de la comunidad parroquial. En más de una ocasión me he encontrado con personas a las que he preguntado cuál es su parroquia y no me han sabido responder. El problema se resuelve si los fieles viven activamente la parroquia, se aprovechan de los bienes espirituales que ella les brinda y colaboran con el sacerdote en la misión de la Iglesia. No olvidemos que la parroquia es, como la Iglesia, sacramento del encuentro con Dios, la escalera de nuestra ascensión hacia Dios, el único instrumento que nos permite entrar en contacto con Cristo, único mediador y redentor. Si viviéramos esto, no habría necesidad de ningún servicio de guardia, aunque cada parroquia podría y debería arbitrar los medios para que los fieles puedan encontrar la sacerdote cuando lo necesiten. (10-03-2019)

¿Qué juicio le merecen aquellos grupos que creen que el Concilio Vaticano II fue medroso y timorato en sus disposiciones, mientras otros creen que fue más allá de lo que cabría esperar, ignorando la tradición católica?
 

Comenzado por el final, estimo que el Concilio Vaticano II se situó en una admirable continuidad con los concilios anteriores y una fidelidad escrupulosa al depósito revelado y a la doctrina perenne de la Iglesia. En noviembre de 1999 los obispos españoles, ante el cambio de siglo, aprobábamos un documento titulado La fidelidad de Dios dura siempre. En él dábamos gracias a Dios por los muchos beneficios recibidos de Él en el siglo XX. Mencionábamos, entre otros, el Concilio Vaticano II, una «muestra extraordinaria de la cercanía de Dios para con los hombres de nuestro tiempo, el gran instrumento de renovación de la Iglesia… que culmina en las cuatro grandes Constituciones sobre la Liturgia, la Iglesia, la Revelación y la Misión de la Iglesia en el mundo». Respondiendo a quienes afirman que el Concilio fue la gran ocasión perdida, en el año 2006, en el documento titulado Teología y secularización en España, tuvimos ocasión de revisar algunas interpretaciones distorsionadas y erráticas de la enseñanza conciliar que «amparándose en un Concilio que no existió, ni en la letra ni en el espíritu, han sembrado la agitación y la zozobra en el corazón de muchos fieles». Trece años después aquel documento no ha perdido su vigencia. Por el contrario, sigue siendo un instrumento doctrinal muy valioso para una recepción aquilatada y fructífera del Concilio. También el Papa Benedicto XVI, a lo largo de su pontificado ha salido al paso de interpretaciones que desnaturalizan el Concilio. El Papa ha hablado de dos hermenéuticas contrarias, la hermenéutica de la discontinuidad o de la ruptura; es la que con frecuencia ha gozado de la simpatía de los medios de comunicacióna y también de una parte de la teología moderna. De la otra parte está la hermenéutica de la reforma, de la renovación en la continuidad del único sujeto que crece y se desarrolla en el tiempo, pero permaneciendo siempre el mismo, el único sujeto que es el Pueblo de Dios en camino». Dicho esto, quiero añadir que el Vaticano II fue un gran don de Dios a la Iglesia de nuestro tiempo. (03-03-2019)

¿Permitiría un uso comercial u hostelero de parte de un gran convento para financiar su mantenimiento?
 

 El ideal es que los bienes de la Iglesia cumplan siempre la misión para la que fueron creados, que no es otra que la gloria de Dios y la evangelización, fines que, antes que otros, justifican y legitiman su existencia. Por ello, un servidor recibe con dolor el anuncio del cierre de un monasterio de clausura como consecuencia de la escasez de vocaciones y de la edad de las monjas, pues las comunidades contemplativas son un tesoro y una fuente de energía sobrenatural incalculable para nuestra Iglesia. Siento también mucho la marcha de la Archidiócesis de religiosos o religiosas de vida activa por idénticas razones. También en este caso estamos ante una pérdida significativa, pues la vida activa sirve loablemente en todos los flancos de la vida diocesana. Personalmente no me entusiasma la venta de edificios conventuales a empresas hoteleras. Las razones las he dado más arriba. La multiplicación de estos hechos, pedagógicamente puede dar la impresión de que estamos en el apocalipsis eclesial. Prefiero la fórmula que hemos empleado en el caso de las monjas concepcionistas de Écija y de las dominicas de Arahal, cuyos conventos cerrados han acogido a nuevas comunidades, en el primer caso, a las Peregrinas de la Eucaristía, y en el segundo, a los Hermanos de Cruz Blanca. Este debería ser el modelo a seguir en otros casos.  Personalmente no me opongo a que, allí donde sea necesario, se segregue una parte del monasterio para que sierva de hospedería, siempre que no sea un obstáculo para la vida de clausura y ayude al mantenimiento de la comunidad. (24-02-2019)

¿Qué podemos hacer para concienciar a los católicos acerca de la gravedad del aborto que muchos defienden a pesar de creer/decir que están comprometidos con la Iglesia?
 

 Yo también me he encontrado con personas que aceptan sin pestañear el aborto. Las razones pueden ser la falta de formación y la acomodación acrítica a lo que se lleva y a lo políticamente correcto. Otras razones pueden ser una falsa piedad hacia la mujer joven embarazada, sin recursos y sin familia, y la falta de reflexión sobre la verdadera malicia moral del aborto, que es la eliminación voluntaria y querida de un ser humano, al que sólo le falta un breve periodo de tiempo para ver la luz. Los partidarios del aborto lo consideran como un derecho de la mujer, sin caer en la cuenta que al mismo tiempo se conculcan los más elementales derechos del hijo que lleva en sus entrañas. Su carácter legal no le confiere el marchamo de moralidad, pues no todo lo que es legal es moral. El aborto es siempre una inmoralidad, un mal objetivo; no es progreso sino regresión. En realidad, es un “crimen abominable”, como lo calificó el Concilio Vaticano II (GS 51), pues conlleva la muerte de un ser humano a petición de sus progenitores, con el concurso de los médicos, los primeros, junto con los padres, que deberían tutelar esa vida naciente. ¿Y qué podemos hacer los cristianos ante el drama del aborto? Lo primero, rezar. En segundo lugar, sensibilizarnos ante este tema auténticamente mayor, y después sensibilizar a nuestros conciudadanos. Más de una persona ha cambiado de opinión cuando se le ha demostrado la gravedad del aborto. Soy testigo de ello. Invito, pues, a mis lectores a difundir en nuestros ambientes, en nuestros hogares y lugares de trabajo y en cualquier oportunidad, también en la catequesis y en la formación religiosa escolar, el Evangelio de la Vida, es decir, el valor sagrado de toda vida humana desde la fecundación hasta su ocaso natural, de modo que paulatinamente vayamos sustituyendo la mentalidad abortista y la “cultura de la muerte” por una cultura que acoja y promueva la vida. (17-02-2019)

¿Cómo han sido las relaciones de la Iglesia en Andalucía con las anteriores autoridades de la Junta y cómo espera que sean con el nuevo Gobierno autonómico?
 

Las relaciones con el anterior Gobierno regional han sido cordiales, respetuosas y de cierta colaboración, pero han quedado muchos temas por tratar y resolver. Estoy seguro de que el respeto y la cordialidad va a ser también la tónica de nuestras relaciones con el nuevo Gobierno, al que deseo muchos éxitos en su servicio al bien común. Rezo para ello. Dios quiera que pueda luchar para atenuar la pobreza y el sufrimiento de nuestros barrios y para rebajar los índices de paro de los adultos y, sobre todo, de los jóvenes. Espero que en el reparto de la parte del IRPF de carácter social administrado por las autonomías, las grandes instituciones al servicio de los pobres, Cáritas, Manos Unidas y Cruz Roja, no vean recortados sus asignaciones como ha sucedido este año.  Confío que con el nuevo Gobierno se tutele la enseñanza religiosa escolar. Espero que se garantice el derecho de los padres a elegir el tipo de educación que desean para sus hijos de acuerdo con sus convicciones morales y religiosas. Deseo también que sean respetados los conciertos educativos y el derecho de las instituciones de iniciativa social a crear nuevos centros. Ojalá termine de una vez la zozobra de los titulares de centros de educación diferenciada, que cuentan con sucesivas sentencias favorables de los tribunales. Deseo también una colaboración fecunda y efectiva en el cuidado del patrimonio cultural de titularidad eclesiástica, que se recupere el Convenio suscrito el 2 de abril de 1986 por las diez diócesis andaluzas con la Junta de Andalucía, por el que la Iglesia se comprometía a poner a disposición de la sociedad y de los estudiosos sus bienes culturales y la administración regional a ayudar a la Iglesia en su conservación. Deseo que cuanto antes vuelva a reunirse la Comisión mixta prevista en dicho texto y que no vuelva a ponerse en cuestión la titularidad del patrimonio cultural de la Iglesia.  (10-02-2019)

En el momento de la comunión, hay personas que comulgan en la mano, otras en la boca, alguna hace una genuflexión y hay quien se arrodilla para comulgar: ¿Cuál sería la forma correcta o más adecuada para hacerlo?
 

Todas las formas que usted ha mencionado son lícitas y buenas. Antes del Concilio Vaticano II comulgábamos de rodillas y en la boca. Después, la Iglesia autorizó hacerlo de pie y en la mano. Mientras no cambie la disciplina de la Iglesia, nada obsta para que cada fiel elija el modo de comulgar más de acuerdo con su sensibilidad o su piedad. Todas estas formas son correctas. Del mismo modo, nada tengo que decir sobre la genuflexión previa o la recepción de la comunión de rodillas. De hecho, la Iglesia exige un gesto de reverencia, por ejemplo, la genuflexión, cuando uno se acerca a comulgar. Me parece que es un modo loable de manifestar la piedad, el respeto y la veneración que merece el augusto sacramento de la Eucaristía. No olvidemos que se trata del sacramento por excelencia, el don por excelencia, el centro y culmen de la vida cristiana. En él nos encontramos con Jesucristo vivo, glorioso y resucitado. Su presencia en la forma consagrada no es meramente simbólica. En ella está presente Jesucristo verdadera, real y substancialmente, con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad. Es el mismo Jesús que estuvo en los brazos de su madre en Belén, que trabajaba en el humilde taller de José o que recorría las sendas polvorientas de Palestina. De ahí la veneración y el respeto grande que debemos observar ante el Señor sacramentado, alimento de nuestras almas. Todo cuanto hagamos por recuperar las formas externas de ese respeto, por ejemplo, la genuflexión, será poco. (03-02-2019)

¿Qué le parece que su antecesor en la sede vaya a tener una plaza rotulada a su nombre en el centro? ¿Considera que falta algún nombre de la Iglesia de Sevilla en el nomenclátor de la ciudad?
 

Me parece muy bien que el señor Cardenal tenga asignado un lugar en el callejero de la ciudad, concretamente el primer tramo de la calle Placentines. Fueron muchos años, casi veintiocho, los que sirvió a nuestra Archidiócesis y han sido abundantes los frutos espirituales que el Señor nos ha concedido gracias a su ministerio, y numerosas las obras apostólicas y de servicio a los más pobres por él creadas. Es bien conocido además su amor a nuestra ciudad. Por ello, estimo de justicia esta concesión, que, si a él le honra, honra también al Ayuntamiento que la otorga. Es verdad que, en un primer momento, con una cierta precipitación, se pensó en la placita que antecede al atrio de la parroquia de san Isidoro. Desde el principio, por distintas razones, algunas de gran calado, no pareció la solución más adecuada. El señor Alcalde y un servidor hablamos y ambos estimamos que procedía pensar en otro lugar más digno, decidiendo que el ideal era el tramo mencionado de la calle Placentines, pegado al palacio arzobispal. Felicito al señor Cardenal y agradezco al señor Alcalde y a los grupos municipales la concesión de esta distinción tan merecida. (27-01-2019)

He oído hablar del Orden de las Vírgenes, pero no sé exactamente de qué se trata. ¿Podría usted explicármelo?
 

Efectivamente, es una institución muy poco conocida, a pesar de ser casi tan antigua como la misma Iglesia. Ligada al ministerio del obispo y a la Iglesia particular, tuvo una extraordinaria importancia en los primeros siglos. Fue, de hecho, la más antigua forma de vida consagrada. Al Orden de las vírgenes pertenecieron las santas Inés, Lucía y Cecilia. A partir del siglo IV, con la aparición del monacato, fue perdiendo relevancia hasta desaparecer prácticamente a lo largo del siglo V. Fue restaurado por el Concilio Vaticano II, goza de ritual propio, enormemente rico y sugestivo, y está contemplado en el código de Derecho Canónico (c. 604). Hoy son cinco mil las vírgenes en toda la Iglesia y son un pequeño grupo en nuestra Archidiócesis. Las vírgenes consagradas viven en medio del mundo. No pertenecen a ninguna familia religiosa, ni dejan su familia o su trabajo profesional. No hacen voto de pobreza, aunque tratan de vivir despegadas de los bienes materiales. Tampoco hacen voto de obediencia, aunque están especialmente vinculadas al Obispo, que puede señalarles un campo concreto de apostolado, casi siempre al servicio de su propia parroquia o de un sector concreto de la pastoral diocesana. Sí se les pide vivir el consejo evangélico de la castidad que, si bien no es voto, la tradición siempre lo ha considerado muy próximo a él. El ritual de la consagración de las vírgenes considera esta forma de vida como un desarrollo y profundización de la alianza bautismal que el Espíritu Santo sugiere a algunos bautizados a quienes llama a un amor esponsal, absoluto, irrevocable y definitivo con Jesucristo, viviendo la virginidad por el Reino de los cielos. (20-01-2019)

Vivo en una diócesis limítrofe con Sevilla. De vez en cuando me traen la revista de la Archidiócesis. Le felicito por ella. Me ha llamado la atención la campaña a favor del trabajo decente. Sigan ustedes insistiendo, que buena falta hace en estos momentos.

Manifiesto mi gratitud a quien ha escrito cuanto antecede, por leernos y por su juicio benévolo sobre nuestra revista. Hace más de cuatro años, de acuerdo con la Doctrina Social de la Iglesia, Cáritas diocesana, las Delegaciones de Pastoral Obrera, Pastoral Social-Justicia y Paz, Migraciones, y la Fundación Cardenal Spínola de Lucha Contra el Paro iniciaron la llamada Acción conjunta contra el paro, con el lema Ante el parado, activa tu conciencia. En las distintas fases de esta campaña hemos ido tomando conciencia de la persistencia de injusticias que afectan a los trabajadores y a sus familias, deshumanizando la vida, precarizando el trabajo, dificultando la vida familiar y los proyectos personales, anteponiendo el capital y el beneficio a la dignidad del trabajo y de la persona. A lo largo de estos años, los distintos grupos parroquiales, comunidades y movimientos, hemos sentido la necesidad de  promover y crear un entorno propicio al trabajo decente, que elimine tantas injusticias y sufrimiento, de acuerdo con las exigencias de la dignidad humana y el bien común, tal y como pidiera el papa Francisco en su discurso en el Parlamento Europeo en noviembre de 2014 al afirmar que “ha llegado la hora de construir juntos la Europa que no gire en torno a la economía, sino a la sacralidad de la persona humana”. Esta tarea, hacer posible un trabajo decente, corresponde a toda la sociedad, pero es también una tarea eclesial, porque lo que está en juego es la dignidad de la persona y la suerte de los pobres. Por ello, invito a toda la comunidad diocesana a seguir implicándose en esta campaña. (13-01-2019)

Hay quienes tachan al papa Francisco de feminista. ¿Qué piensa usted?

Si por feminismo entendemos la lucha para que las mujeres alcancen los mismos derechos en la vida social que tienen los hombres, me parece una lucha justa, en la que todos nos debemos implicar. Hombres y mujeres son radicalmente iguales. Ambos son imagen de Dios y tienen, en consecuencia, la misma dignidad. En ello está el papa Francisco, que de ninguna manera profesa el feminismo radical, amasado de supremacismo, resentimiento e ideología de género, con inequívocos orígenes marxistas. A lo largo de su pontificado, ha mostrado su preocupación por una «mentalidad machista» que persiste en la sociedad contemporánea. En una ocasión afirmó que «un mundo donde las mujeres son marginadas es un mundo estéril porque las mujeres no solo llevan la vida, sino que nos transmiten la capacidad de ver más allá». En otra ocasión ha escrito: «Me preocupa que siga persistiendo cierta mentalidad machista, incluso en las sociedades más avanzadas, en las que se consuman actos de violencia contra la mujer, convirtiéndola en objeto de maltrato, de trata y lucro, así como de explotación en la publicidad y en la industria del consumo y de la diversión». Con respecto al papel de la mujer en la Iglesia ha manifestado más de una vez su opinión: «Me preocupa igualmente que, en la propia Iglesia, el papel de servicio al que todo cristiano está llamado se deslice, en el caso de la mujer, algunas veces, hacia papeles más bien de servidumbre que de verdadero servicio». «Avanzar en esto –ha escrito también– es prepararnos para una humanidad nueva y siempre renovada». (06-01-2019)

Título del spoiler

Es verdad.  En los últimos años se está produciendo el secuestro silencioso del misterio de la Navidad. Tal secuestro se perpetra vaciando la Navidad de contenido religioso y convirtiendo estas fiestas preciosas en las vacaciones de invierno o en las fiestas del derroche y el consumismo. Este hecho tiene múltiples manifestaciones: en la ambientación navideña de muchas de nuestras ciudades se prescinde del misterio que en estos días celebramos. El Belén tradicional ha dado paso al árbol de Navidad, los Reyes Magos a un Papá Noel importado de otras latitudes geográficas y hasta las tradicionales tarjetas navideñas se han convertido en felicitaciones laicas portadoras de vagos deseos de paz, de progreso y de una felicidad vaporosa y sin cimientos porque olvidan al verdadero protagonista, Jesucristo, nuestra paz y la causa de nuestra alegría. A nosotros los cristianos este hecho nos llena de tristeza y nos duele en lo más hondo del alma porque el Dios que se hace niño lo es todo para nosotros y quisiéramos compartirlo con nuestros conciudadanos, pues Él nos trae la paz, la alegría, la esperanza y el sentido para nuestra vida, el futuro y la esperanza también para el mundo. Por ello, invito a todos los cristianos de Sevilla a reaccionar viviendo la Navidad con autenticidad y verdad, muy cerca del Señor. Vivamos la Navidad en familia, junto al Belén familiar por modesto que sea. Les invito también a huir del derroche y de unas Navidades consumistas que solapan y secuestran el misterio y son siempre un insulto a nuestros hermanos más pobres. Les invito también a vivir unas Navidades solidarias. Procuremos buscar algunos momentos en estos días para visitar enfermos, ancianos o necesitados. En ellos está el Señor, que nacerá en nuestros corazones y en nuestras vidas si lo acogemos en los pobres y en los que sufren. (23 y 30-12-2018)

Hace cuatro o cinco décadas, en los círculos de formación de los seglares, por ejemplo, en la Acción Católica, nos formaban en la Doctrina Social de la Iglesia. Hoy no es así. ¿No cree usted que en las sesiones de formación de las Hermandades este debería ser un aspecto importante a estudiar?

 Lleva usted mucha razón. Lo que dice de las Hermandades, podíamos ampliarlo al Instituto superior de Ciencias Religiosas y a sus escuelas. La Iglesia posee una riquísima doctrina social, nacida del venero fecundo del Evangelio. No se entiende, pues, que esa doctrina no se conozca y no se aplique en la vida cotidiana de cada uno de nosotros. No basta conocer los principios morales generales referidos a nuestras relaciones con Dios y con nosotros mismos. Hemos de conocer y practicar los preceptos morales que regulan las relaciones del hombre con sus semejantes, sea individualmente, sea como miembros de las distintas sociedades de las que forma parte, la familia, la ciudad, la profesión y el Estado. La Doctrina Social de la Iglesia nos obliga a practicar la justicia conmutativa, es decir a ser justos en nuestras transacciones comerciales, en nuestras compras y ventas; a practicar la justicia distributiva, que exige que el Estado sea justo en las exacciones fiscales que impone, pero que nos obliga a los particulares a contribuir al funcionamiento de los servicios públicos de que disfrutamos. La Doctrina Social de la Iglesia obliga a pagar salarios justos a los trabajadores, y a estos a cumplir con sus deberes. Obliga también a participar de la vida de la comunidad política mediante el ejercicio responsable y en conciencia del voto. Es necesario, por tanto, que todo católico se preocupe por estudiar y conocer esta doctrina si quiere ser cristiano cabal, en su vida privada y en su vida pública. (16-12-2018)

El segundo objetivo planteado en las Orientaciones Diocesanas Pastorales consiste en primar una catequesis kerigmática y mistagógica ¿qué quiere decir esto exactamente?

El Kerigma debe dominar el corazón de la catequesis. Es el primer anuncio a quienes todavía no conocen a Jesús o se han abandonado religiosamente. Es el primer anuncio de lo fundamental cristiano, de Jesucristo, muerto y resucitado para nuestra salvación, que dio su vida para salvarnos, que no es un mero personaje histórico, que está vivo y glorioso junto al Padre, que nos ama entrañablemente, que está a nuestro lado cada día, para iluminarnos, para dar un nuevo sentido y una nueva esperanza a nuestra vida. Nada es más consistente, más hondo, más seguro, más importante que ese anuncio, hecho con alegría, con convicción, con atractivo pedagógico y un estilo testimonial. Este anuncio kerigmático antecede y prepara para el anuncio de las obligaciones morales y religiosas y también al anuncio del dogma. Hablamos también de la catequesis mistagógica. La mistagogía, palabra griega bien conocida en la tradición eclesial, designa la tarea de introducir a los fieles en los divinos misterios que se celebran en la liturgia, pasando de lo visible a lo invisible, del signo a lo significado, de los sacramentos a los misterios. La liturgia celebrada con una solemnidad no efectista, en una iglesia hermosa, con la sobriedad y la sencillez de lo auténtico, y mucho más si está acompañada por una música bella y piadosa, facilita el encuentro con el misterio, acerca a Dios y abre el camino a lo transcendencia. (09-12-2018)

¿Cómo puede el personal sanitario conciliar su objeción de conciencia por motivos religiosos y el cumplimiento de las leyes en el ejercicio de su trabajo?

Respondo a esta pregunta apelando al nº 399 del Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, publicado en el año 2005 por el Pontificio Consejo Justicia y Paz, texto que es meridianamente claro y que hago mío. Dice así: "El ciudadano no está obligado en conciencia a seguir las prescripciones de las autoridades civiles si éstas son contrarias a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio. Las leyes injustas colocan a la persona moralmente recta ante dramáticos problemas de conciencia: cuando son llamados a colaborar en acciones moralmente ilícitas, tienen la obligación de negarse. Además de ser un deber moral, este rechazo es también un derecho humano elemental que, precisamente por ser tal, la misma ley civil debe reconocer y proteger: Quien recurre a la objeción de conciencia debe estar a salvo no sólo de sanciones penales, sino también de cualquier daño en el plano legal, disciplinar, económico y profesional. Es un grave deber de conciencia no prestar colaboración, ni siquiera formal, a aquellas prácticas que, aun siendo admitidas por la legislación civil, están en contraste con la ley de Dios. Tal cooperación, en efecto, no puede ser jamás justificada, ni invocando el respeto de la libertad de otros, ni apoyándose en el hecho de que es prevista y requerida por la ley civil. Nadie puede sustraerse jamás a la responsabilidad moral de los actos realizados y sobre esta responsabilidad cada uno será juzgado por Dios mismo (cf. Rm 2,6; 14,12)". (02-12-2018)

He leído que es usted presidente de la Comisión Episcopal para el Patrimonio Cultural de la Conferencia Episcopal Española. Supongo que conoce las restauraciones desgraciadas de un Ecce Homo en Borja, provincia de Zaragoza, que ha dado la vuelta al mundo, y de una imagen de san Jorge de la iglesia de san Miguel de Estella (Navarra). ¿Cómo lo han consentido ustedes?

Lo primero que debo contestar a quien me hace esta pregunta es que la Comisión Episcopal para el Patrimonio no tiene jurisdicción sobre el patrimonio de las diócesis, cuyo responsable inmediato es cada obispo. Nuestra Comisión es un organismo de información, orientación y coordinación. En las jornadas que se celebran cada año de los diversos sectores se comparten experiencias y criterios, pero ahí acaba su misión.  Las desgracias aludidas y otras menos conocidas, yo las atribuyo en primer lugar a que no se tienen en cuenta las normas diocesanas, ni tampoco las prescripciones civiles. En nuestra Archidiócesis cualquier iniciativa de restauración, sea de bienes inmuebles o de bienes muebles, tiene que pasar por la Delegación diocesana para el patrimonio cultural, que tiene una comisión que autoriza, deniega y oriente las intervenciones. Si la obra es de envergadura, ha de pasar simultáneamente por la Comisión provincial de Bellas Artes de la Delegación de Cultura. Sin estos requisitos la obra es ilegal. La otra casusa es la práctica desaparición después del Vaticano II de las asignaturas de Historia del Arte y de Arqueología sagrada de los planes de estudio, a la búsqueda de materias más aparentemente pastorales. Por ello, pido a los superiores de los Seminarios y del Centro de Estudios Teológicos que no descuiden este flanco importante de la formación de nuestros seminaristas. (25-11-2018)

¿Encuentra el Arzobispo en su agenda pastoral tiempo para visitar enfermos y atender a personas con necesidades espirituales o materiales?

La verdad es que no encuentro todo el tiempo que necesitaría para cumplir con estos deberes. Hago lo que puedo, teniendo en cuenta que el día tiene veinticuatro horas. Además de cumplir con mis deberes religiosos diarios, dedico cuatro mañanas, de martes a viernes, a recibir visitas de toda clase de personas, sacerdotes religiosos y laicos. El lunes, después de confesar en San Onofre, tengo el Consejo Episcopal. Por las tardes, luego tras atender  la correspondencia, normalmente salgo a las parroquias de la ciudad o de los pueblos. Los fines de semana son los días más duros, pues tengo celebraciones a veces mañana y tarde. Ya me gustaría poder visitar más a los enfermos y necesitados. Llego donde llego. De todas formas, en las visitas, que en muchas ocasiones tienen también lugar los sábados por la mañana, escucho, aconsejo, aliento y, muchas veces, trato de socorrer a quien lo precisa en sus necesidades materiales. En mis casi veintidós años de obispo, he experimentado con gran fuerza la convicción de que los sacerdotes y los consagrados no nos pertenecemos, somos expropiados, pues sólo pertenecemos al Señor y a la Iglesia. (18-11-2018)

Le he oído a usted insistir más de una vez en que el rezo del Rosario en la familia e individualmente. ¿No cree usted que es una devoción desfasada, impropia de estos tiempos?

Sinceramente, no. Es verdad que hay quienes califican el Rosario como una devoción marginal, infantil e impropia de espíritus maduros. Todo lo contrario. Está llena de riqueza espiritual, pues proporciona muchos bienes a quienes la practican. El rezo del Rosario, con la recitación repetida de las avemarías, nos permite tener unos minutos de oración sobria y profunda al mismo tiempo. El rezo del Rosario serena el espíritu y lo pone en sintonía con los misterios principales de la vida del Señor. Efectivamente, contemplando los misterios de gozo, de luz, de dolor y de gloria, revivimos los hitos más significativos de la historia de nuestra salvación y recorremos las diversas etapas de la vida y misión de Cristo. Lo hacemos de la mano y en comunión con María, y entonces entramos en la “onda” de Jesús y adquirimos una especie de connaturalidad o afinidad con las fuentes de nuestra fe, con la vida admirable del Señor y con las disposiciones espirituales de la Virgen. El rezo diario del Rosario manifiesta nuestra convicción de que la Santísima Virgen es nuestra madre en el orden de la gracia. Ella ocupa un papel del todo especial en el misterio de Cristo y de la Iglesia, como medianera que es de todas las gracias necesarias para nuestra fidelidad. Por ello, debe ocupar un puesto de privilegio en nuestro corazón y en nuestra vida cristiana. Rezar el Rosario es una expresión cabal de amor a Nuestra Señora y de la necesidad que sentimos de encontrarnos con ella en cada jornada. No deberíamos acostarnos tranquilos si un día, sin una causa grave, olvidamos este detalle filial. (11-11-2018)

Usted ha estado muchas veces en Roma y ha peregrinado también a Tierra Santa en muchas ocasiones, así como a otros lugares santos. ¿Pero tiene alguna peregrinación pendiente?

Además de mis años en la Ciudad Eterna como estudiante y de los viajes propios de un obispo, he peregrinado muchas veces a Roma con las diócesis a las que he servido. He ido catorce veces a Tierra Santa, cuatro tras las huellas de san Pablo en Turquía, tres a Polonia siguiendo a san Juan Pablo II y otras muchas a Lourdes y Fátima. No tengo previsto participar en nuevas peregrinaciones más que en aquellas que organice la archidiócesis y a las que yo tengo obligación de acudir. Para mí las peregrinaciones siempre han sido un acontecimiento de gracia y fuente de mucho provecho espiritual. Otro tanto me han comentado siempre los peregrinos, excepto algún despistado que se apuntó sin saber exactamente dónde iba. Las peregrinaciones son siempre tiempos fuertes de renovación espiritual y de oración más intensa. No son sacramentos, pero sí sacramentales, es decir caminos que favorecen el encuentro con el Señor. Por ello, animo a los fieles de la archidiócesis a peregrinar con nosotros o con cualquier otra institución religiosa fiable. Estoy seguro de que no se arrepentirán. (04-11-2018)

¿Ha pensado alguna vez escribir sus memorias?

Sinceramente, no. Es verdad que más de una vez, en mi etapa de Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, de obispo de Córdoba, e incluso ahora, ante preguntas comprometidas, en relación con personas concretas o con temas que yo no podía desvelar, he contestado en tono jocoso, que eso lo dejaba para las memorias que supuestamente escribiría después de mi jubilación. Por otra parte, dudo que tales memorias tuvieran algún interés. Sobre aquello que pudiera resultar interesante, me liga el secreto o el derecho a la buena fama de terceras personas. Por otra parte, por lo que yo he podido comprobar en estos años, memorias que se esperaban con gran expectación en los últimas dos décadas, una vez publicadas, han pasado sin pena ni gloria. Después de mi jubilación, si Dios me da salud, además de rezar más, leer más y salir al campo, pretendo recuperar mi afición a los estudios históricos. Tengo varias carpetas con documentación que fui acopiando en Roma en mis años de estudiante. Me espera también una biografía de un obispo español del siglo XIX, complementaria de la que me publicó la BAC en el año 2000 sobre el fundador de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. (28-10-2018)

¿Hay planes para crear nuevos templos en las periferias de Sevilla?

 Hace dos años me hicieron la misma pregunta. Mi respuesta actual no varía significativamente de la que di entonces. Hace meses que se terminó la primera fase de la nueva parroquia de san Juan Pablo II en Montequinto (Dos Hermanas). Si todo va bien, trataremos de iniciar la segunda fase en los próximos meses con la ayuda de los fieles, que son generosísimos. Hemos erigido la parroquia de San José en la misma población, desgajada de la parroquia de Ntra. Sra. de la Oliva. Aunque tenemos ya el terreno, gracias a la generosidad del Ayuntamiento, su construcción, por motivos presupuestarios, no comenzará hasta finales del próximo año. Estamos dando los pasos preliminares para la construcción de alguna otra parroquia, pero no puedo dar más datos para no crear falsas expectativos. Ahora mismo estamos tratando de dotar de locales para usos pastorales a parroquias de la periferia de Sevilla capital que carecen de ellos, y de mejorar sus estructuras, sobre todo las cubiertas, de algunas parroquias de las mismas zonas, construidas con una cierta precariedad hace una cincuentena de años. Por lo demás, la Archidiócesis debe seguir atendiendo a la conservación de las casas rectorarles y del ingente patrimonio histórico-artístico que atesora que, siendo un timbre de gloria, también supone una enorme carga máxime ahora que hemos dejado de recibir la ayuda de la Consejería de Cultura, que fue significativa hasta el año 2010. Ahora dependemos exclusivamente de nuestros propios recursos, de la ayuda generosa del Cabildo Catedral y de la ayuda también generosa de los fieles y de algunos Ayuntamientos. (21-10-2018)

¿Con qué acciones se concreta este año en la diócesis el segundo objetivo de las Orientaciones Pastorales?

Como decimos en el texto de las orientaciones pastorales para este curso, hoy no podemos dar por supuesta la fe en amplias capas de nuestro pueblo, como sucedía hace solo unas décadas. Hoy, como fruto de la secularización envolvente, domina el ateísmo, el agnosticismo, la indiferencia y la despreocupación por la fe y lo religioso. Muchos padres, por otra parte, han renunciado a ser los primeros educadores de la fe de sus hijos. Por ello, es más necesaria que nunca la iniciación cristiana y la catequesis, para suscitar de nuevo la fe, la esperanza y la caridad. Nuestra Iglesia está llamada a engendrar, cuidar, alimentar y ayudar a crecer a los nuevos cristianos. Es la misión maternal de la Iglesia. En la iniciación cristiana, hoy tan necesaria, hemos de seguir fielmente cuanto prescribe el Directorio Diocesano en cuanto a tiempos, edades, contenidos y preparación de los candidatos. Hemos de aprovechar la preparación para la recepción de los sacramentos del bautismo, primera comunión y confirmación para llegar también a las familias de los candidatos. En las actuales circunstancias, nos parece necesario ofrecer a las parroquias y colegios cursos fiables de educación afectivo-sexual para los adolescentes y jóvenes, fundamentados en una sana antropología cristiana. Creemos también muy oportuno ofrecer formas abreviadas e intensas de catequesis kerigmática, como los Cursillos de Cristiandad, los Ejercicios Espirituales y las Misiones populares, aprovechando y potenciando, desde la perspectiva catequética y pastoral, los Medios de comunicación en todas sus gamas. (14-10-2018)

Cuando una pareja se casa, muchos son los que le recomiendan la formación y el acompañamiento en grupos de matrimonios, tanto en parroquias como en movimientos. ¿Qué opinión le merecen estos grupos? ¿Cree que son importantes para la vida conyugal?

Unas semanas antes de presidir una boda, cito a los novios para darles una catequesis sobre el sacramento del matrimonio y sobre el paso que van a dar. Trato de cerciorarme de que el acontecimiento que van a celebrar no es ni un teatro, ni una comedia, ni tiene visos de ser flor de un día, que al día siguiente se marchita. Entre otras cosas les digo algo que después también les encarezco en la homilía el día de la boda, que en una sociedad tan secularizada como la nuestra es muy difícil hoy perseverar por libre, sin apoyo, viviendo el amor conyugal a la intemperie, sin la ayuda y el arropamiento de una comunidad. Les hablo de la parroquia. En muchas de ellas hay una pastoral familiar organizada, algo que no debería faltar en ninguna. Me estoy refiriendo a los grupos de matrimonios, integrados por cinco o seis parejas, que se reúnen cada quince días, acompañados por el párroco. Estudian un tema doctrinal, comparten las dificultades, se alientan en la vivencia gozosa de su vocación al amor y terminan rezando juntos, pidiendo al Señor que les conceda el don de la fidelidad y que cuide y proteja a sus hijos. Este esquema vigente en muchas parroquias, lo practican con matices diversos otros movimientos presentes en nuestra Archidiócesis, a los que saludo cordialmente: los equipos de Nuestra Señora, que tanto bien han hecho en Sevilla a tantos matrimonios, Encuentro Matrimonial y el Movimiento Familiar Cristiano, entre otros. Todos ellos cuentan con mi afecto, mi aprecio y mi gratitud. Dios quiera que se extiendan y crezcan para gloria de Dios y bien de nuestra Iglesia diocesana.  (07-10-2018)

Recientemente usted declaró que detrás de los casos de abusos sexuales y otros hechos aberrantes había una ausencia total de Dios, ¿por qué?

Efectivamente, en más de una ocasión he hablado de este tema en los últimos meses. Ante el fenómeno de la corrupción, de las agresiones sexuales y otros hechos que humillan a la sociedad, no es infrecuente apelar a la ausencia de valores. Esta afirmación contiene solo una parte de verdad, pues, a mi juicio, se queda en la periferia. Cuando valores como la honradez, la honestidad, el amor a la verdad, el respeto a los demás, el valor del trabajo bien hecho, la solidaridad y la fraternidad se envilecen, el problema de nuestra sociedad no consiste solo en tratar de reconstruir esos valores sin más, sino en buscar las causas últimas de la ausencia de valores. Para salir de la crisis sólo hay un camino, resolver el problema fundamental, la desaparición de Dios del horizonte de la vida diaria de millones de contemporáneos nuestros. Sin este dato fundamental, la invocación de los valores de que hablan los políticos, los sociólogos y los educadores para afrontar la crisis, será un proyecto fracasado, porque los valores difícilmente se sostienen por sí mismos, sin una visión orgánica del mundo, sin unas bases religiosas. Cristo y su evangelio es la respuesta a las preguntas del hombre de hoy, el único camino para la recuperación de los valores. Tales valores, la honradez, la justicia, el anhelo de paz, el respeto a los demás, el respeto a la naturaleza, la veracidad, la compasión, la solidaridad, etc., son valores profundamente cristianos, nacidos del Evangelio y de la experiencia cristiana. La pretensión de sostenerlos sin el hecho cristiano, sin la relación con Cristo, desterrando a Jesucristo de la vida social, termina diluyéndolos. La solución, pues, no es otra que el reencuentro con Jesucristo a través en su Iglesia. (30-09-2018)

¿Por qué muchos templos sevillanos cierran en época estival? ¿Cómo, entonces, se puede acompañar a la feligresía durante estos meses?

Confieso que no me gustan los templos cerrados ni en primavera, ni en verano, ni en otoño, ni en invierno. Salvo razones de fuerza mayor, el ideal es que las parroquias permanezcan abiertas el mayor número de horas posibles, para que los fieles puedan visitar al Señor e, incluso, reconciliarse con Él y con la Iglesia en el sacramento del perdón. Corresponde a los arciprestes, con los sacerdotes de sus respectivas demarcaciones, organizar las suplencias, de modo que todos los sacerdotes puedan tener unos días de vacaciones y la parroquia siga abierta, lo mismo que el despacho y  la Cáritas parroquial, pues los pobres necesitan y merecen ser atendidos también en verano. Por supuesto, no puede faltar la celebración de la Eucaristía, el hecho más importante que sucede en un pueblo o en un barrio, el milagro de la transustanciación y la consiguiente presencia del Señor en medio de nosotros. Lo que me parece difícilmente asumible e injustificable es que una parroquia permanezca cerrada a cal y canto durante los meses de julio y agosto. A los arciprestes y a los vicarios episcopales compete prevenir estas situaciones. (23-09-2018)  

¿Coincide con la opinión de aquellos que afirman que la juventud actual carece de valores y vive en el más absoluto individualismo?

Yo no sería tan categórico. Es verdad que hay una parte notable de la juventud que vive inmersa en el en el ateísmo o en el agnosticismo. Como he afirmado en mi carta pastoral del comienzo de este curso, hay muchos jóvenes que viven hechizados por ofertas engañosas, por mitos efímeros y falsos maestros, que es víctima de múltiples seducciones, la seducción de la noche, del gregarismo que despersonaliza, la seducción de lo material, del dinero, que endurece y esclaviza el corazón, del placer, el goce rápido, el alcohol, las drogas y el sexo, que, en tantos casos, sólo conducen al hastío, la infelicidad y la tristeza. Se trata de una juventud desnortada, desesperanzada, con un gran vacío interior, con una visión del hombre exclusivamente materialista, víctima de la falta de trabajo, del desamor, de la desestructuración familiar, sin el calor de un hogar, y en ocasiones, atrapada en las redes de la droga y del nihilismo existencial. Pero en las parroquias, en las Hermandades, en la Delegación diocesana de Pastoral Juvenil, en el SARUS…, hay otra juventud más minoritaria, pero que es ciertamente fuente de fundada esperanza: son chicos y chicas que son amigos de Jesús, que rezan, que viven la fraternidad, que son limpios de corazón y que sienten la necesidad de anunciar a Jesucristo a sus compañeros.  El pasado 23 de julio me reuní en Roma con un grupo de cincuenta jóvenes sevillanos, que participaban en una peregrinación organizada por la Pastoral Juvenil de Sevilla. Me parecieron jóvenes magníficos, lo mismo que otro grupo de cincuenta universitarios de la Universidad Pablo de Olavide, que recibí en mi casa al comienzo de las vacaciones acompañados por el Director del Sarus, don Álvaro Pereira. Estoy seguro de que el próximo Sínodo de los jóvenes nos va a ayudar a todos a dinamizar este importante sector pastoral.  (16-09-2018)

Hay grandes sectores de la población que se muestran totalmente indiferentes al mensaje de Cristo y al anuncio del Evangelio. ¿Cómo cree que los cristianos podemos afrontar esta situación y cómo podemos actuar al respecto?

 Lleva usted razón, en Europa y en España los católicos vivimos nuestra fe en Jesucristo en un contexto social de olvido de Dios y de profunda crisis de fe, que ya no es el presupuesto obvio de la vida de nuestro pueblo. A juicio de los papas san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, en las sociedades occidentales se ha producido una especie de eclipse de Dios, una amnesia profunda de las raíces cristianas, un abandono del tesoro de la fe recibido, que ha sido el alma de Occidente, y que ha producido una cultura exuberante, la cultura cristiana. Occidente vive en una especie de apostasía silenciosa, en una especie de desertización espiritual. El hombre se cree autosuficiente y vive como si Dios no existiera. Él es el gran ausente en la vida personal, familiar y social, mientras crecen las llamadas "religiones civiles", la ecología, el deporte, el culto al cuerpo, etc., que son para muchos como un sustitutivo de Dios. Llama la atención el creciente «prestigio» intelectual de la increencia, artificialmente alimentado en algunos ambientes, que tienen entre sus objetivos borrar a Dios de la historia y de la ciudad de los hombres. ¿Qué hacer? Todo menos resignarnos. Este estado de cosas ya lo advirtió el papa Juan Pablo II, que, en el año 1983, desde Haití, emplazó a la Iglesia, sacerdotes, consagrados y laicos, a la Nueva Evangelización, nueva en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones.  Juan Pablo II, y más recientemente el papa Francisco, en la exhortación apostólica Evangelii gaudium, nos han urgido a anunciar a Jesucristo en la familia y en los ambientes en los que se entreteje nuestra vida con la palabra explícita, sin miedo, sin vergüenza y sin complejos y, sobre todo, con el testimonio convencido, atractivo y elocuente de nuestra propia vida, sabiendo que es el mejor servicio que podemos prestar a nuestros conciudadanos. (09-09-2018)

HISTÓRICOS DE RESPUESTAS ¿Por qué se impide a los laicos dirigir la administración de una parroquia?

No tengo conciencia de la existencia de alguna ley eclesiástica que impida a los laicos administrar la economía de nuestras instituciones. La praxis es más bien la contraria. El responsable de la economía de la Conferencia Episcopal Española es un laico, que cumple su misión muy loablemente y a satisfacción de los obispos. Otro tanto sucede en nuestra Archidiócesis. El ecónomo diocesano es también un laico, profesional de primer nivel, que goza de toda la confianza de los obispos y de la Curia diocesana. De acuerdo con el Derecho canónico, tenemos además el Consejo diocesano de Asuntos Económicos, integrado por una quincena de laicos expertos en economía, que nos asesoran en estos temas, y cuyo voto, en ocasiones tasadas por el propio Código, tiene carácter no solo consultivo, sino también deliberativo. Otro tanto sucede en las parroquias: quien lleva inmediatamente la administración parroquial es un laico honrado y conocedor de la materia, sometido a la tutela del Consejo parroquial de asuntos económicos, que se va generalizando en nuestras parroquias, por ser un organismo exigido por el Derecho canónico y por las normas diocesanas. Y es bueno que así sea: los sacerdotes no somos expertos en economía, ni tenemos de suyo tiempo para estos menesteres. Lo nuestro es la oración, la celebración y administración de los sacramentos, el anuncio de Jesucristo y el servicio a los fieles. (02-09-2018)

Ante quieren piensan que la religión no tiene cabida en la Universidad, ¿cómo podemos actuar y responder?

Vivimos hoy en una sociedad quebradiza e inestable, con escasos puntos de referencia. A veces se piensa que la misión exclusiva de la Universidad es formar profesionales competentes y eficaces con una buena capacitación técnica. Es ésta una visión utilitarista de la educación universitaria, que no tiene en cuenta todas las dimensiones que constituyen a la persona, ni los interrogantes, anhelos y esperanzas que bullen en los corazones de nuestros jóvenes. La Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. Ella ha sido siempre la institución que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano. Por ello, no es una casualidad que haya sido la Iglesia la que promoviera la institución universitaria en el corazón de la Edad Media para que fuera en la sociedad luz y sal, buscando la verdad y transmitiendo el saber. Respondiendo a la pregunta que se me formula, respondo sencillamente diciendo que a quienes afirman  que la religión no tiene cabida en la Universidad, hemos de recordarles que vivimos en un país libre y democrático, que no es laico y menos laicista, sino aconfesional, que los católicos somos también ciudadanos con los mismos derechos que los demás,  y que queremos actuar en la Universidad con humildad, respeto, entusiasmo sereno, propósito de diálogo sincero y deseo de servir a maestros y estudiantes el mayor tesoro que posee la Iglesia, Jesucristo, camino, verdad y vida del mundo, fuente de alegría y de sentido, manantial de una esperanza que nunca defrauda, y caudal de seguridad, firmeza y consistencia para nuestra vida y de una insospechada plenitud. (29-07-2018)

¿Está de acuerdo con la apreciación de que en Sevilla parece que la vida religiosa decae pasada la Semana Santa?

Seguramente es verdad. Apenas pasada la Semana Santa, tenemos la Feria de abril de Sevilla y las Ferias de los pueblos, y muy pronto el Rocío, que moviliza a miles de sevillanos hasta la aldea. Después viene el calor y las vacaciones. Tengo la impresión, efectivamente, de que después de las confirmaciones, la actividad de las parroquias decrece. Las Hermandades, que tienen actividad a lo largo del año, también atemperan su vida asociativa en el verano. Es bueno que así sea. Para descansar y reponer fuerzas, para comenzar un nuevo curso escolar, pastoral o laboral, necesitamos desconectar de las ocupaciones ordinarias e, incluso, de los lugares de nuestra residencia habitual o trabajo. Para un cristiano, sin embargo, las vacaciones no deben ser un tiempo perdido, ni un paréntesis en nuestro camino de maduración humana y sobrenatural. Son más bien un período necesario para el reposo físico, psicológico y espiritual, y un derecho del que todos deberíamos poder disfrutar. Las vacaciones nos ofrecen la oportunidad de crecer, de reconstruirnos por dentro, de recuperar la serenidad y la paz que nos roban las prisas acuciantes de la vida ordinaria. Quiero llamar la atención sobre la actividad parroquial en el verano. Parece ser que hay algunas parroquias que se cierran a cal y canto en el verano  y no debería ser así. Por ello, pido a los sacerdotes que antes del verano, agudicen la imaginación de la caridad pastoral para que la parroquia no quede desatendida en las vacaciones que también el sacerdote necesita y merece. Se impone, pues, la colaboración entre compañeros paraa que las parroquias no queden desatendidas. (22-07-2018)

¿Qué hace la Iglesia en Sevilla para acoger y acompañar a esos cientos de emigrantes en situaciones difíciles y refugiados que llegan a nuestra Archidiócesis?

Hacemos lo que podemos. Personalmente estoy muy contento con la ejecutoria de la Delegación diocesana de Migraciones en los años coincidentes con mi servicio a Sevilla, ciertamente digna de todo elogio. El Delegado y su equipo tratan de hacerse cargo de los muchos problemas y sufrimientos que tienen que afrontar los inmigrantes: la soledad, la falta de viviendas a su alcance, la ausencia de un trabajo seguro y digno, las dificultades de expresión y comunicación, la zozobra que engendra la ilegalidad, la falta de papeles, la separación de las familias, las dificultades para el reagrupamiento familiar y, a veces, el maltrato, el desprecio y las generalizaciones injustas e injuriosas de algunos conciudadanos nuestros por las que yo les pido perdón en nombre de la Iglesia. Estoy contento también del servicio que presta Caritas diocesana, las Cáritas parroquiales y las propias parroquias que acogen e integran en las comunidades a estos hermanos nuestros, que con su fe sencilla las rejuvenecen, dinamizan y aportan savia nueva. Más allá de los servicios sociales, la ayuda, la información y la defensa de sus derechos, la Iglesia les ofrece su mayor tesoro,  Jesucristo, único salvador y redentor, único camino y única esperanza para el mundo. Estoy también muy agradecido a las religiosas que acompañan a los inmigrantes en los barrios periféricos, las Adoratrices de la avenida de la Palmera, las Comunidades de Vida Cristiana y su centro Mambré y docenas de pequeñas iniciativas en toda la Archidiócesis. Además últimamente el propio arzobispo trata de ayudar a quienes vienen a Sevilla y solicitan asilo político en España. (15-07-2018)

Ahora en plena la temporada estival, ¿qué libro –de temática no necesariamente religiosa- recomendaría? ¿Y qué película?

Fuera de libros de temática espiritual o pastoral, no tengo demasiado tiempo para leer otro tipo de literatura y menos para ver cine. No obstante, en los últimos meses he leído a trompicones y con provecho dos libros muy interesantes de temática histórica. El primero es de María Elvira Roca Barea y tiene como título Imperiofobia y leyenda negra. Se refiere a la leyenda negra antiespañola, que según esta autora, se construyó en Europa por razones políticas por parte de los países que luchaban contra el imperio español, y por motivos religiosos por parte del mundo luterano. Tal leyenda ha calado de forma un tanto acrítica también en España, especialmente en las élites culturales progresistas, centradas en nuestro papel en América, la existencia de la Inquisición, etc. La autora, con datos fehacientes, desmitifica la leyenda negra y las falsedades históricas, algunas de las cuales siguen vigentes en muchos ambientes. He leído también el libro titulado Falso testimonio. Denuncia de siglos de historia anticatólica, del protestante norteamericano, sociólogo de la religión, Rodney Stark. Su autor sostiene que algunas opiniones muy difundidas sobre las cruzadas, la Inquisición, el Medievo como época tenebrosa, el antisemitismo de Pío XII y otras historias muy negativas sobre la Iglesia católica son en realidad falsas. Al mismo tiempo, el autor presenta una descripción sorprendente de la auténtica verdad. Como acabo de decir, apenas tengo tiempo para ver cine. No obstante, últimamente he visto una película muy interesante de hace algunos años, Invictus, protagonizada por Morgan Freeman y dirigida por Clint Eastwood, que narra como el campeonato mundial de rugby de 1995 fue la oportunidad aprovechada por Nelson Mandela, que había salido de la cárcel unos años antes, para hacer de Suráfrica un solo equipo y un solo país, lejos de las diferencias raciales y políticas fruto del apartheid.  (08-07-2018)

¿Qué lugar recomendaría para orar? ¿Y para visitar? Por último, ¿qué sitio aconsejaría para pensar?

Para un cristiano la oración es una necesidad del corazón. Necesitamos rezar, como necesitamos respirar. Yo muchas veces repito aquella frase del papa san Juan Pablo II, dirigida a los sacerdotes en su libro autobiográfico Don y misterio. El Papa nos decía que los sacerdotes que somos lo que rezamos. Eso mismo se puede decir de los laicos. Sin la oración constante, los mejores deseos de apostolado, de fraternidad o servicio a los pobres terminarán agostándose por falta de raíces, porque sólo los amigos de Dios han amado hasta el final. Se puede rezar en todas partes, en el metro, en el autobús, por la calle, paseando por el campo, en las noches de insomnio, en la sala de espera del dentista… Un servidor donde mejor reza es en la pequeña capilla del palacio arzobispal. Un lugar magnifico es la capilla de san Onofre, donde casi se reza sin ganas. Un lugar también estupendo es la capilla real de nuestra catedral, junto a la Virgen de los Reyes. En una sociedad tan poco reflexiva como la nuestra, en la que corremos el riesgo de vivir volcados al exterior, alienados o enajenados, hemos de buscar tiempos y lugares para repensar los grandes temas de nuestra vida, para contratarla con el Evangelio. Para pensar, como dice la persona que formula la pregunta, a mí me va bien el paseo por el campo o por los pasillos de mi casa.  (01-07-2018)

¿No cree que las Hermandades deberían estar más cercanas a la Adoración Perpetua de San Onofre?
  

Mi respuesta es que sería muy bueno. Hace seis años largos afirmaba yo en una carta semanal que pocas realidades pastorales son tan importantes en nuestra Archidiócesis como la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento, que tiene su sede en el pequeño oratorio de San Onofre, en la Plaza Nueva de Sevilla. Hablaba de sus orígenes, en los que tuvo un papel fundamental el canónigo don José Gutiérrez Mora, recientemente fallecido y para el que tenemos un piadoso recuerdo. Hablaba incluso de la posibilidad de crear la Adoración Perpetua en las Vicarías, especialmente en poblaciones crecidas. San Onofre es hoy el corazón de la ciudad y de la Archidiócesis de Sevilla. Son centenares las personas que en estos años se han comprometido a acompañar al Señor una o dos horas a la semana, de día o de noche. Soy testigo de los centenares de sevillanos que al ir o volver de sus quehaceres entran unos minutos en San Onofre para saludar al Señor. No puede ser de otro modo. La Eucaristía es nuestro más venerable y preciado tesoro. En él se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, Cristo mismo, nuestra Pascua. Ella es el compendio y la suma de nuestra fe, el sacramento en el que el Señor resucitado vivifica a su Iglesia con el don de su amor. La presencia del Señor en la eucaristía no es estática, sino profundamente dinámica, y reclama nuestra adoración. En la adoración eucarística el Señor nos fortalece, nos diviniza, nos aferra para hacernos suyos, para cristificarnos, transformarnos y asimilarnos a Él. La adoración eucarística es venero de santidad, alambique de fidelidad, de vigor espiritual y temple apostólico. Por ello, apoyo con entusiasmo la Adoración Perpetua de San Onofre y sugiero a las Hermandades, especialmente a las Sacramentales, que se planteen institucionalmente la posibilidad de reforzar los turnos de adoradores, con la seguridad de que ello redundará benéficamente en la vida de la Hermandad. (24-06-2018)

El papa Francisco pide continuamente que recemos por la paz en el mundo y, aunque la oración es muy importante, ¿qué más cree que podemos hacer los cristianos en un mundo tan convulso, en el que numerosas guerras y conflictos atentan contra miles de inocentes?

La Virgen de Fátima pidió a los pastorcillos que rezaran por la paz del mundo. Un servidor dedica un misterio del Rosario cada día a pedir por la paz y para que Dios nuestro Señor libre al mundo del flagelo de la guerra, tanto de las conocidas porque están cercanas al primer mundo, como de las menos conocidas, de las que apenas se hacen eco los medios de comunicación, porque tienen lugar en los países del tercer mundo e interesan poco. Aparte de rezar, los cristianos podemos colaborar en la eliminación de las guerras no adquiriendo objetos de consumo ordinario o suscribiendo productos financieros poco éticos, tal vez relacionados con la fabricación y venta de armas. Es verdad que vivimos en un mundo convulso, como afirma la persona que me hace la pregunta, un mundo hondamente dividido, en cuyo hemisferio norte parece aflorar de nuevo la guerra fría, que se olvida de la colaboración entre los pueblos, siembra hostilidades y sólo genera esterilidad y sufrimiento. A veces también nuestras comunidades y corporaciones están troceadas. Los cristianos, más que a nadie, estamos obligados a trabajar por la comunión y la unidad. En la noche de la Cena el Señor pidió al Padre que seamos uno, como la Santísima Trinidad, fuente y matriz de la unidad de la  Iglesia, para que el mundo crea. Nuestra participación en la misma Eucaristía nos obliga también a trabajar por la unidad en nuestros ambientes, siendo humildes artesanos de la paz, la comunión y la reconciliación. (17-06-2018)

En estos días celebramos en la Archidiócesis el XXV Aniversario de la Visita de san Juan Pablo II para clausurar el XLV Congreso Eucarístico Internacional ¿cuál fue su relación personal con este papa santo tan querido en Sevilla?

Siempre he considerado una auténtica gracia de Dios haber conocido de cerca al papa san Juan Pablo II. Él me nombró obispo auxiliar de Toledo y después de Córdoba. Él firmó las bulas de mis nombramientos, que guardo con devoción, fechadas en febrero de 1997 y julio de 2003 respectivamente, la primera con una firma bien trazada y la segunda más desvaída, consecuencia sin duda de su deterioro físico. Pocos meses después de mi ordenación episcopal tuve la suerte de realizar mi primera visita ad limina. En ella nos recibió individualmente cada obispo de la provincia eclesiástica de Toledo, concelebramos con él a las siete de la mañana y comimos con él. Era el 15 de noviembre de 1997. Unos meses después fui elegido Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, y tuve el honor de acompañar al presidente, cardenal Rouco, en las visitas anuales al Santo Padre y a los organismos de la Curia romana. Ello me permitió concelebrar varias veces con el Papa y sentarme a su mesa. En junio de 2002 le visité con el cardenal Rouco para invitarle a venir por quinta vez a España. La visita, de la que fui coordinador nacional, tuvo lugar entre los días 3 y 4 de mayo de 2003, con el encuentro de jóvenes en Cuatro Vientos y la canonización de cinco beatos españoles. Fue un auténtico acontecimiento de gracia. Durante siete meses viví para la visita. Recuerdo con mucho cariño la gratitud del Papa por el trabajo realizado instantes antes de subir al avión de regreso en Barajas. En todos los contactos que el Señor permitió que tuviera con el Papa, incluido el viaje de junio de 2003 con el cardenal Rouco y el vicepresidente don Fernando Sebastián, para agradecerle la visita, tuve la convicción de que estaba viendo y hablando con un santo. Esta convicción se acrecentaba cuando veíamos al Papa rezando en su capilla antes de la Misa, abstraído y centrado solo en Dios, teniendo muy presente a la Iglesia y al mundo. Para terminar, quiero decir que san Juan Pablo II marcó a muchos sacerdotes de mi generación. De ahí, nuestra gratitud. (10-06-2018)

Los consagrados tienen sus propios superiores. Entonces, ¿en qué se concreta su relación con la vida religiosa en nuestra Archidiócesis?

Efectivamente, los religiosos o religiosas miembros de órdenes o congregaciones de derecho pontificio, con excepción de las religiosas claustrales, es decir las monjas de clausura, que tienen un régimen jurídico especial en su relación con el obispo diocesano, son instituciones exentas, tienen sus propios superiores y no están sometidas a la jurisdicción del mismo. No obstante, hay algunas excepciones, que determina el Decreto Christus Dominus. El derecho universal recoge las relativas a la cura de almas, culto público y otras formas de apostolado. El obispo diocesano tiene además potestad sobre las obras encomendadas a los religiosos, así como a los oficios eclesiásticos conferidos a los mismos. Además, según dispone el c. 680 CIC, los religiosos deben actuar bajo la dirección del obispo diocesano para la coordinación de todas las obras y actividades apostólicas de los mismos. En este sentido, se entiende, entre otras cosas, el deber que tienen de seguir las directrices del Directorio de la Iniciación Cristiana, vigente en la Archidiócesis. Los religiosos deben aceptar e impulsar los Planes Diocesanos de Pastoral como signo de su inserción en la Archidiócesis. Dicho esto, quiero añadir que estoy muy agradecido a los religiosos y religiosas que trabajan en nuestra Iglesia en la escuela católica, en la pastoral parroquial, en la pastoral de la salud o penitenciaria o en los apostolados de frontera en los barrios periféricos. Sin ellos, nuestra Iglesia diocesana sería más pobre y sería más limitado su radio de acción. Como es sabido, los religiosos sacerdotes son miembros de nuestro Presbiterio y son muchos los que participan en los actos diocesanos, retiros, Misa Crismal, etc. Un servidor y el señor obispo auxiliar tenemos muy buena relación con la CONFER diocesana, impartimos un retiro anual a sus miembros, celebramos con ellos la Jornada de la Vida Consagrada, recibimos con frecuencia a los superiores mayores y en todos los casos les manifestamos estima y gratitud. (03-06-2018)

He leído que usted en una conferencia en Caixa Fórum subrayó la gran religiosidad de Murillo frente a algunos autores que la niegan. ¿De qué parte está la verdad?

Le respondo diciendo que un servidor no se situó frente a nada ni frente a nadie. Sin ánimo de polemizar, implemente me basé en los documentos que he manejado, los cuales me llevan a la conclusión de que Murillo fue un hombre profundamente religioso. Basta rastrear sus presupuestos existenciales y sus convicciones más íntimas. Murillo fue esencialmente, aunque no exclusivamente, un pintor religioso, faceta que conocieron en gran medida los arzobispos, el cabildo hispalense, con el que colaboró durante treinta años, y las instituciones religiosas de la ciudad, sobre todo la Hermandad de la Santa Caridad. Por otra parte, fue grande su cultura religiosa. Pero, sobre todo, a su genio artístico indiscutible, Murillo unió una fe sincera y una piedad no fingida, todo lo cual le confirió una clara afinidad o connaturalidad con la verdad revelada, el sentido sobrenatural de lo divino, el “sensus fidelium” del que hablan los teólogos, que Dios concede a quienes viven cerca de Él con sencillez de corazón. Murillo fue miembro de las Hermandades sevillanas del Rosario y de la Vera Cruz, miembro también de la Tercera Orden de San Francisco y de la Santa Caridad, en la que fue admitido en 1665 por su fundador, el Venerable Miguel Mañara, con el que mantuvo una estrecha y sincera amistad, buscando con su ingreso solo “el servicio de Dios Nr. Sr. y de los pobres”. Porque nadie da lo que no tiene, yo estoy convencido que sólo la profunda religiosidad de Murillo explica unas obras que rezuman una extraordinaria unción religiosa y son capaces de tocar el corazón de quienes contemplan sus obras sin prejuicios ni corazas, intuyendo en la belleza visible, la belleza invisible de Dios. Quiero añadir que Murillo estaba convencido de la fuerza evangelizadora de su pintura. (27-05-2018)

¿Qué pueden aportar las hermandades a la evangelización de las periferias y personas que no conocen a Cristo?

Si nos atenemos a lo expresado por el Código de Derecho Canónico, los fines básicos de las Hermandades son el culto a los sagrados titulares, el fortalecimiento de la vida cristiana de sus miembros, su formación cristiana y el servicio a los pobres. A mi juicio, dentro del segundo capítulo, la vida cristiana de sus miembros, incluye el apostolado  y la evangelización. Esto quiere decir que también los cofrades, como exigencia de su bautismo y del don del Espíritu recibido en la confirmación, deben implicarse en el apostolado y en el anuncio de Jesucristo no solo a las periferias sino a todos los ambientes en los que se entreteje su vida. Es éste también un rasgo definitorio de la identidad cofrade. Entiendo que el cofrade es un cristiano cabal y de calidad, que no puede esconder su mayor tesoro, la fe en Jesucristo, fuente de esperanza que nunca defrauda. En consecuencia, debe estar siempre dispuesto a dar razón de su fe y de su esperanza. Para ello, es necesaria la formación seria y concienzuda que ya llevan a cabo loablemente muchas Hermandades, pues nadie da lo que no tiene. Es verdad que las Hermandades ejercen un cierto apostolado con sus estaciones de penitencia, que con mucho acierto denominamos el evangelio en la calle. Qué duda cabe que para las personas alejadas de la fe, las estaciones de penitencia suponen siempre un aldabonazo al corazón y un acercamiento al misterio. De todas formas, quiero insistir una vez más en el compromiso evangelizador de nuestros cofrades, una fuerza formidable para nuestra Iglesia, siempre que demos testimonio de Jesucristo con entusiasmo y convicción. (20-05-2018)

¿Cómo se puede compaginar una vida de fe intensa que incluya un voluntariado en la parroquia o cualquier otra institución eclesial con las presiones laborales, familiares o económicas y con la falta de tiempo en la sociedad actual?

 Mi respuesta es muy sencilla: organizándose, ordenando la propia vida y asumiendo cada uno las responsabilidades que buenamente puede asumir, sin coger más tareas que las que uno puede llevar adelante dignamente. Es evidente que el compromiso con la Iglesia de unos padres cristianos, que tienen su profesión y que deben de atender y educar a sus hijos, no puede ser la dedicación de un laico que no tiene esas obligaciones. Dicho esto, quiero recordar que el papel de un sacerdote en una parroquia es decisivo, pues sólo él consagra la Eucaristía y sólo él perdona los pecados en nombre de Dios. Pero el sacerdote es muy poca cosa sin la colaboración de los fieles. La catequesis es hoy un campo pastoral decisivo, pues muchos padres han renunciado a ser los primeros comunicadores de la fe a sus hijos. Muchos niños que llegan a la catequesis de primera comunión son unos verdaderos ignorantes, porque sus padres no les han iniciado en la fe. De ahí mi aprecio y gratitud hacia los catequistas. Otro campo importante de la pastoral parroquial es la atención y visita a los enfermos en nombre de la parroquia. También estos voluntarios merecen la gratitud de parte del arzobispo, como lo merecen los voluntarios de Cáritas o de la pastoral penitenciaria, que sirven a los pobres y a los privados de libertad, o las personas que atienden la sacristía o mantienen limpia la iglesia gratuitamente, servicios que yo también valoro mucho, pues como escribiera santa Ángela de la Cruz, en la casa de Dios no hay oficios bajos. Tengo que decir además a la persona que me hace la pregunta que el compromiso con la Iglesia y con la parroquia debe sustentarse en la oración, en la vida interior seria y en la amistad e intimidad con el Señor. De lo contario, todo se desvanece y termina agostándose. (13-05-2018)   

¿Por qué cree que el mundo en general está más atento y más receptivo ante el pontificado de Francisco?

Seguramente es verdad lo que usted dice. Su sencillez, su alegría, la espontaneidad de sus palabras, algunas insistencias de su mensaje, su preocupación por los pobres y por los que él denomina los descartados, algunos gestos originales en cuanto a vestimenta, y en el caso de los españoles y los latinoamericanos, el hecho de que nos hable en nuestro idioma, nos hace cercana la figura del Papa. Es perceptible también una mayor afinidad por parte de los medios, incluidos los tradicionalmente críticos con la Iglesia. Todo esto es bueno. De lo que no estoy tan seguro es de que la simpatía se traduzca en muchas personas en una aceptación cordial del magisterio del papa Francisco. Tengo la impresión de que no todos los que le admiran, le siguen. Bendito sea Dios si a muchas personas la figura del Papa Francisco les acerca a la Iglesia. Quiero subrayar que amar al Papa y “sentir” con el Papa han sido siempre un signo distintivo de los buenos católicos, como lo ha sido también la acogida, docilidad y obediencia a sus enseñanzas. Él es el principio de unidad y piedra fundamental de la casa del Dios vivo que es la Iglesia (1 Tim 3,15). Él tiene el carisma de atar y desatar, es decir, de interpretar autoritativamente la nueva ley evangélica (Mt 16,17-19). El cumple el servicio de confirmar a sus hermanos en la fe (Lc 22,32) y tiene la plenitud de la autoridad en el orden magisterial, santificador y de gobierno del nuevo Pueblo de Dios que es la Iglesia (Jn 21,15-17). Como sucesor de Pedro es Vicario de Jesucristo, Pastor de toda su grey y cabeza visible de la Iglesia. Este es el fundamento del respeto, veneración y amor que debemos profesar al Papa, “el dulce Cristo en la tierra”, como le llamaba santa Catalina de Siena. (06-05-2018)

¿Qué le parece la opulencia con la que se celebran las comuniones? Hay algunas que parecen bodas.

No me entusiasma en absoluto ese tipo de celebraciones tal y como hoy se llevan a cabo. Muchas veces, por parte de los padres no existe un claro interés religioso en la primera comunión de sus hijos. Me dicen los sacerdotes y los catequistas que en ocasiones muchos padres llevan a sus hijos a la catequesis de primera comunión con siete u ocho años con una ignorancia religiosa muy grande. Algunos de esos niños no saben ni el Padrenuestro, ni santiguarse, ni quién es la Santísima Virgen. Ni sus padres les han transmitido la fe ni hay un ambiente cristiano en sus hogares. En ellos Dios es el gran ausente. El interés casi exclusivo de esos padres es la fiesta, los trajes de los niños y de los mayores, los regalos, las fotos y el banquete. En estos casos y también en algunos de padres con recta intención los gastos son escandalosos e, incluso, un insulto a los niños de familias más modestas que no pueden permitirse los más mínimos dispendios. Me dicen que algunas familias tienen que pedir un crédito bancario para afrontar tales gastos. Todo ello, trajes, banquetes y regalos, convierten  las primeras comuniones en ceremonias mundanas que desvían a los niños de lo que tiene que ser su interés fundamental: su primer encuentro con Jesús. Dios quiera que poco a poco, las primeras comuniones recuperen entre nosotros la dignidad, la piedad y el sentido espiritual que nunca deberían haber perdido. (29-04-2018)

Nos dice nuestro párroco que tiene usted mucho interés por el Seminario. ¿Está usted contento con la evolución de los Seminario Mayor y Menor?

Olvida usted al Seminario Diocesano Redemptoris Mater, que es también nuestro. De hecho los sacerdotes que terminan sus estudios y son ordenados quedan incardinados en nuestra Archidiócesis y son miembros de nuestro presbiterio. Sirven a nuestra Iglesia diocesana por algún tiempo y después son enviados a allí donde la Iglesia los necesita.  Como es sabido, este Seminario vive la espiritualidad del Camino Neocatecumenal. Estoy contento de su funcionamiento, si bien el número de seminaristas es pequeño y tal vez necesitaría crecer, cosa que enriquecería la convivencia y la formación. En cuanto al Seminario Mayor, puedo decir que el ambiente es bueno, sereno, alegre y fraterno, de verdadera familia. Hay un buen nivel de piedad y estudio y un buen ambiente formativo. Los formadores están plenamente dedicados a los seminaristas, tienen las ideas claras en cuanto a la formación y están en plena sintonía con las orientaciones de la Santa Sede sobre la formación sacerdotal. Yo me entrevisto cada curso individualmente con cada seminarista y puedo asegurar que la selección de los candidatos es concienzuda, de manera que me siento orgulloso de la calidad humana, intelectual  y espiritual de los seminaristas. Estoy también muy contento con el Seminario Menor. Los seminaristas son poquitos pero buenos y el ambiente es excelente. Los formadores están también muy entregados a su tarea. El papa Pio XI decía que el Seminario debe ser la niña de los ojos del obispo. Para mí lo es. Por ello, procuro que forme sacerdotes según el corazón de Cristo, pastores entregados y entusiastas en el servicio al Pueblo de Dios. El Seminario debe ser también el corazón de la Diócesis. Por ello espera la oración, el afecto y el apoyo, incluso económico, de toda la comunidad diocesana. (22-04-2018)

Lleva muchos años lejos de su tierra ejerciendo su ministerio, ¿se siente o se ha sentido solo alguna vez?

No es la primera vez que me hacen esta pregunta. Creo recordar que ya me la hicieron hace tres o cuatro años. Mi respuesta es muy sencilla: en realidad, yo nunca estoy solo. Quien reza y quien tiene la suerte de tener al Señor muy cerca, en el oratorio como es mi caso, no tiene nunca la sensación de estar solo. Allí tengo además a la Virgen de la Salud de mi tierra, a la que he rezado desde niño y a la que acudo al comienzo de cada día, cuando el día acaba y muchas otras veces en demanda de luz y de apoyo cuando surgen las dificultades.  Por otra parte, un servidor tiene cerca al obispo auxiliar, a los vicarios y demás colaboradores, que me ayudan en las tareas ordinarias y, muy especialmente, cuando aparecen los problemas y hay que adoptar decisiones complejas. Todos ellos son muy competentes, entregados y generosos. Ellos me ayudan grandemente en el gobierno pastoral de la Archidiócesis y les estoy muy agradecido. Tengo que confesar además que necesito de la soledad y el silencio para mantener mi equilibrio psicológico. Paso las mañanas entrevistándome con personas y grupos. Muchas tardes salgo a las parroquias de la ciudad o de los pueblos y trato a docenas de personas. Sin los ratos de silencio y oración uno termina rompiéndose. Por otra parte, estoy en contacto frecuente con mi familia de Sigüenza y también con mi familia de Sevilla, incluyendo además a muy buenos amigos que se preocupan de mí, y a los que les manifiesto mi gratitud. (15-04-2018)

Me imagino que conoce que la práctica del mindfulness se está extendiendo por todos los grupos de la sociedad y en todos los ámbitos. ¿Qué opinión tiene acerca de su práctica entre los católicos?

En los últimos años se han difundido con profusión entre nosotros prácticas psicológicas de tradición budista como el yoga, el mindfulness y otras. Se pide mi opinión sobre estas prácticas, muy extendidas también entre los católicos. Por la información que he recabado,  en el mindfulness, conocido como atención consciente, la persona observa sus pensamientos y sentimientos a distancia, sin juzgarlos como buenos o  malos. No faltan autores que señalan su carácter vaporoso y que no es fácil saber qué es exactamente esta práctica psicológica. Autoridades en la materia afirman que puede ser útil en alguna ocasión, en casos de problemas psicológicos como la ansiedad, la depresión y el estrés, mientras que otras consideran que en los mismos casos puede tener efectos negativos. Susan Brinkmann, norteamericana especialista en estas materias, en su libro “A Catholic Guide to Mindfulness” (Una guía católica sobre el mindfulness), explica que escribió su libro ante el intento de muchos católicos de integrar las prácticas de meditación del mindfulness con la oración y la vida espiritual, pese a que las formas del budismo no son compatibles con la fe católica. El intento de integrar el “mindfulness” con la fe, advierte esta experta, puede terminar en “un desastre espiritual, incluso hasta el punto de requerir un exorcismo en algunos casos”. Añade que más relajante que el mindfulness es rezar y que este método psicológico puede conducir a muchas personas a alejarse de Dios en vez de acercarse a Él. Por fin, propone la alternativa católica: volver a la oración sencilla y serena y a cuidar la presencia de Dios y la unión con Él en la vida cotidiana. (08-04-2018)

¿Es verdad que usted se ha apropiado de algunos edificios de titularidad pública, por ejemplo la Catedral de Sevilla, la Giralda y el patio de los Naranjos inmatriculándolos a nombre de la Iglesia?

Es evidente que ni un servidor, ni la Archidiócesis de Sevilla nos hemos apropiado de edificios que no nos pertenecen. Hasta el año 1998 la Iglesia no podía inmatricular los templos en el Registro de la Propiedad. En dicho año se produjo una modificación de la Ley Hipotecaria que lo permitía y todas las Diócesis españolas procedieron a inmatricular sus templos por el procedimiento que la ley establecía. Nuestra Archidiócesis ha completado ese proceso hace unos meses. En el año 2010, siendo ya un servidor arzobispo de Sevilla, el cabildo de la catedral inmatriculó el templo, el Patio de los Naranjos y la Giralda. Tenía todos los títulos para ello. Como es bien sabido, como ocurrió en Córdoba, a raíz de la reconquista de la ciudad, san Fernando entregó al arzobispo la mezquita aljama para el culto cristiano. La donación incluía la Giralda y el patio de los Naranjos, indisolublemente unidos a la mezquita. A principios del siglo XV el edificio almohade debía estar en precarias condiciones de conservación como consecuencia del terremoto acaecido en 1356. Por ello, el Cabildo sevillano, el 8 de julio de 1401 decide construir el actual templo. La tradición oral sevillana atribuye a los canónigos esta decisión: "Hagamos una Iglesia tan hermosa y tan grandiosa que los que la vieren labrada nos tengan por locos". El acta capitular de aquella fecha deja consignado que la nueva iglesia debía ser "una tal y tan buena, que no haya otra su igual”. El Cabildo ha cuidado ejemplarmente el conjunto y sigue poniéndole al servicio  de los visitantes, estudiosos e investigadores. Es verdad, que en el proceso de inmatriculación, por inadvertencia y sin mala voluntad, al inscribir las parroquias a nombre de la Archidiócesis, se incluyeron algunas capillas pertenecientes a algunas Hermandades. Tan pronto como se nos advirtió del error, en total armonía con aquellas, no tuvimos ningún inconveniente en rectificar, pues la Archidiócesis no tiene ningún interés en apropiarse de algo que no sea suyo. (25-03-2018)

Hace tiempo criticó usted el déficit de eclesialidad de parte del ámbito cofrade sevillano ¿Volvería a decir eso hoy día?

Es verdad. Fue en una rueda de prensa en la que presentábamos las cuentas de la Archidiócesis del año anterior. Ante el escaso número de Hermandades que colaboraban con el Fondo Común Diocesano o enviaban sus cuentas a la Administración del Arzobispado, un periodista me preguntó a qué se debía una respuesta tan débil. Yo contesté sin vacilar que se debía a un déficit de eclesialidad y expliqué con alguna pedagogía lo que quería decir. ¿Lo haría ahora? Puede estar usted seguro de que lo haría si las circunstancias fueran las mismas. Ciertamente no me escondería ni por miedo ni por pusilanimidad, pues con ello serviría a la verdad y a las propias Hermandades. Quiero aclarar también que aquella manifestación mía de ninguna manera significó una descalificación global de las Hermandades. Me limité a señalar un aspecto que podía y debía mejorar. Gracias a Dios, las circunstancias han cambiado sustancialmente. Son ya muchas las que cumplen con sus obligaciones. Tengo la impresión de que en los últimos años ha crecido en estas corporaciones el sentido de pertenencia a la Iglesia diocesana. Estoy convencido además de que muchas de mis manifestaciones en homilías, en encuentros con juntas de gobierno en mi casa y en las charlas que he dado a numerosas hermandades sobre la genuina identidad cofrade no han caído en saco roto. Por todo ello doy gracias a Dios y también a las propias Hermandades. (18-03-2018)

Asisto con preocupación, como cristiano y cofrade, a procesiones en las que la hora prevista y la real distan, en algunos casos, de más de una hora. ¿Cuál es la respuesta que desde Palacio se da ante estas situaciones?

 Palacio”, expresión que tantas veces utilizan ustedes para referirse al Arzobispado o al arzobispo, no tiene mucho que decir sobre este asunto. No atañe ni a la fe ni a la moral, que es su campo propio. Si acaso recomendaría a los hermanos mayores y juntas de gobierno que cuiden también este aspecto de la vida cofrade, por respeto a los fieles que participan en las procesiones o a aquellos que salen a la calle para contemplarlas. A “Palacio” le importa más la salvaguarda de la verdadera identidad cofrade, que es lo decisivo, aunque reconoce también la importancia de los aspectos sentimentales, tradicionales, estéticos, culturales o costumbristas, todo lo cual es muy respetable y digno del cuidado que los cofrades ponen en estas cosas. Pero siendo todo ello importante, lo es más que la hermandad viva la comunión fraterna entre sus miembros y responda con verdad a su nombre, hermandad; y que viva la comunión con las otras hermandades, con los demás grupos de la parroquia, con el sacerdote, con el obispo y con todo los que buscamos el Reino de Dios. Es importante también que los cofrades sean buenos cristianos, hombres y mujeres de fe, que rezan, que participan en la Eucaristía dominical, que se confiesan y comulgan con frecuencia, y que en su vida privada, familiar, profesional y pública hacen honor a la fe que dicen profesar. Valoro también mucho los `procesos efectivos de formación en el seno de la hermandad, hoy una auténtica necesidad, el apostolado y el servicio a los pobres, probablemente el flanco que mejor funciona en la vida de estas instituciones. (11-03-2018) 

Mi opinión es que son escasas las convocatorias para instituir lectores. Supongo que ello se debe a que son pocos los candidatos y a que son pocos también los que caen en la cuenta de que no basta leer la Palabra de Dios, sino que ha de ser proclamarla con respeto y veneración.

Respondo a esta observación diciendo que la Archidiócesis hace cuanto puede por formar bien a los candidatos al diaconado permanente y a los ministerios de lectores y acólitos que lo solicitan. Refiriéndome a los lectores, estimo que la Palabra de Dios merece ser proclamada con toda dignidad. El Concilio Vaticano II afirmó que ella debe ser la fuente permanente de nuestra oración y meditación y la inspiradora de toda la existencia cristiana. “Desconocer la Escritura es desconocer a Cristo"  nos dice san Jerónimo, pues en ella se encuentra "la ciencia suprema de Cristo" (Flp 3, 8). El autor de la carta a los Hebreos (4,12) nos dice que "la Palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo". San Pablo afirma que ella "puede edificar y dar la herencia a todos los que han sido santificados" ( Hch 20,32). El propio Pablo nos asegura que "ella nos enseña, nos convence, nos dirige a la justicia y nos lleva a la perfección"  (2 Tim 3,16-17). La escucha de la Palabra de Dios debe hacerse con una actitud de humildad y de pobreza, dispuestos a convertirnos, a dejar que la luz de Jesús penetre en aquellos espacios de nuestro corazón que no le pertenecen, porque están llenos de apegos y sentimientos contrarios al Evangelio. Pero su eficacia está condicionada a que nos dejemos transformar por ella. Sólo así la escucha de la Palabra nos ayudará a encontrar el auténtico eje de nuestra vida que es el Señor. De ahí la  importancia de la proclamación clara, solemne, inteligible y con toda la dignidad que merece. (04-03-2018) 

Título del spoiler

 El párroco está obligado a presentar las cuentas anuales al Consejo de Asuntos Económicos de la parroquia y a la Administración Diocesana, y es muy aconsejable que las presente también a toda la feligresía. Nuestra Conferencia Episcopal y nuestra Archidiócesis han suscrito un convenio con Transparencia Internacional para implantar sin dilación una transparencia total. Nuestras cuentas diocesanas son auditadas cada año por una auditora de prestigio. Ni la Archidiócesis ni las parroquias tienen nada que ocultar. Quiero entender que mi anónimo interpelante entiende que la opacidad en las cuentas parroquiales es la causa del abandono de la Iglesia de muchas personas. Puede ser en algún caso. Las causas, sin embargo, son más complejas. Una, y no de escasa entidad, es el problema de Dios: si no se cree en Dios, -es el caso de tantos- mucho menos se creerá en la Iglesia. En otros casos, el alejamiento de la Iglesia puede provenir de una mala experiencia o del antitestimonio de sus miembros. Con todo, la causa más importante es la dificultad que muchas personas tienen para admitir mediaciones.  Son muchos los que dicen que ellos se relacionan directamente con Dios y que no necesitan de la Iglesia. A quienes así piensan tengo que decirles con todo respeto que esta es una posición equivocada. La Iglesia es el sacramento de Jesucristo, es decir, el instrumento a través del cual entramos en contacto con Cristo, único salvador y redentor, único acceso al Padre. Ella es el puente sobre la lejanía o la desproporción que existe entre el Cristo celestial y la humanidad peregrina, o como dice san Ireneo de Lyon, la escalera de nuestra ascensión hacia Dios. Por ello, es necesaria. (25-02-2018)

Usted debe saber que hay parroquias en las que el Camino Neocatecumenal tiene una larga historia y que cuando se produce un cambio de párroco, a veces el nuevo hace tabla rasa de la historia anterior y apenas se compromete con la Comunidades., que se debilitan y sufren, muy especialmente los grupos juveniles que están comenzando. ¿Tiene opinión sobre este tema?

No hace mucho escribí en esta misma sección de Iglesia en Sevilla que cuando un sacerdote llega nuevo a una parroquia no puede olvidarse de la historia precedente. Es seguro que los sacerdotes anteriores han hecho muchas cosas buenas y han dejado una huella profunda en la feligresía. No sería mal criterio consultar con el Arcipreste o con el Vicario Episcopal los pasos a dar, sobre todo cuando se trata de modificar cosas de alguna importancia o en el caso de cambios que pueden herir susceptibilidades. Tampoco sería un mal punto de partida, consultar con el Señor en la oración qué hacer, tanto en el orden pastoral como en el orden económico y administrativo. En todo caso sería muy aconsejable también consultar a los laicos que forman parte de los consejos parroquiales. Y todo ello desde la humildad y la conciencia de que los laicos nos pueden ayudar mucho en nuestra labor pastoral. Personalmente tengo una gran estima por el camino Neocatecumenal, un verdadero don de Dios para la Iglesia de nuestro tiempo, camino de conversión y de vida cristiana para centenares de miles de hombres y mujeres de todo el mundo. Por ello, un sacerdote prudente, consciente y con corazón de apóstol debe servir con generosidad a las Comunidades y aceptarlas con gratitud al Señor, pues mucho pueden ayudarle en la tarea pastoral. Estas, por su parte, deben comprender que la parroquia no se identifica formalmente con el Camino, pues es mucho más. Es comunidad de comunidades. En ella hay otros grupos y realidades pastorales a las que el sacerdote debe también servir. Todo ello será posible si todos abandonamos los prejuicios, trabajamos con espíritu de comunión y con la conciencia de que todos servimos al mismo Señor y a la misma Iglesia. (18-02-2018)

Soy una chica de Provida de Mairena del Alcor. Me gustaría saber qué mensaje mandaría a los jóvenes de hoy para que defiendan la vida.

Respondo a la pregunta de esta muchacha diciéndole que la Iglesia siempre ha proclamado que sólo Dios es dueño de la vida. Por ello, ha condenado siempre los ataques contra la vida considerándolos como un gravísimo pecado contra Dios creador. Hoy son muchas las amenazas que se ciernen sobre la vida: el hambre, que padece un tercio de la humanidad; la violencia doméstica y la muerte de tantas mujeres a manos de aquellos con los que compartían su vida; los accidentes de tráfico, consecuencia de la irresponsabilidad; los accidentes laborales que terminan en tragedia, fruto en muchos casos de un liberalismo económico desbocado; las drogas, que roban la libertad y arrancan la vida de tantos jóvenes y, sobre todo, la eutanasia y el drama del aborto, de entre todos los atentados contra la vida, el que reviste una mayor gravedad, por lo que el Concilio Vaticano II no dudó en calificarlo como «crimen abominable». La razón es su intrínseca malicia y la injusta y terrible indefensión que sufre quien debería recibir todos los cuidados de sus padres, de la sociedad y del Estado para poder ver la luz. ¿Y cuál es nuestro papel? Lo primero es rezar, para que el Señor libre al mundo del flagelo del aborto. Lo segundo es no cruzarnos de brazos como si nada se pudiera hacer. Podemos actuar en nuestros ambientes como mensajeros y heraldos del Evangelio de la vida, como lo están haciendo loablemente muchos grupos, plataformas y asociaciones, confesionales o no, como es el caso de Provida de Mairena del Alcor, institución ejemplar en nuestra Archidiócesis y en España. La experiencia nos dice que en muchos casos las posturas cercanas a la cultura de la muerte no son fruto de la mala voluntad sino del esnobismo, la irreflexión o la falta de formación. Abrir los ojos de aquellas personas con las que nos relacionamos y explicarles con fina pedagogía la gravedad intrínseca del aborto o de la eutanasia es un camino magnífico para afianzar una cultura que respete, promueva y acoja la vida, toda vida, desde su concepción hasta su ocaso natural. (11-02-2018)

Las semana pasada respondía en parte a una madre que me decía que un responsable de la pastoral del colegio de su hija había dicho a los alumnos adolescentes que ya no es obligatorio oír Misa los domingos y fiestas de precepto, porque lo importante es ser buena persona, solidario y cercano a los pobres. Pedía mi opinión sobre este asunto y gustosamente le respondo.

La participación en la Eucaristía dominical y en las fiestas de precepto es el primer mandamiento de la Iglesia, que nos urge a oír Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar. Es un precepto que nos obliga gravemente. Pero más allá del precepto, es preciso redescubrir la riqueza espiritual de la Eucaristía dominical. Todos hemos de procurar que nuestra participación en ella sea el acontecimiento central de la semana. Es un deber irrenunciable, que hemos de vivir no sólo para cumplir un precepto, sino como una necesidad, para que nuestra vida cristiana sea verdaderamente coherente, consciente y fiel. No olvidemos que la Eucaristía es el sustento y alimento que hoy necesitamos más que nunca en los tiempos recios que nos ha tocado vivir. Por ello, qué verdaderas son las palabras que pronuncian los mártires de Cartago en el año 304, cuando acuciados por el procurador romano que les conminaba a abandonar la participación en la mesa del Señor, responden con esta frase rotunda: “Sin el domingo no podemos vivir”. En la Eucaristía dominical, los cristianos nos reunimos como familia de Dios en torno a la mesa de la Palabra y del Pan de vida y nos alimentamos con el manjar del cielo para luchar contra el mal, vivir nuestros compromisos con entusiasmo y valentía, confesar al Señor delante de los hombres, amar, sufrir y servir. Para los primeros cristianos, la participación en la celebración dominical constituía la expresión natural de su pertenencia a Cristo, de la comunión con su Cuerpo místico, en la gozosa espera de su segunda venida. (04-02-2018)

Un responsable de la pastoral del colegio de mi hija ha dicho a los alumnos adolescentes que ya no es obligatorio oír Misa los domingos y fiestas de precepto, porque lo importante es ser buena persona, solidario y cercano a los pobres. He dialogado con respeto con esa responsable y se ha mantenido en sus trece. Yo estoy escandalizada de que en un colegio católico puedan decirse esas cosas. ¿Qué me puede decir usted?

Yo no me escandalizo, pero sí me da mucha pena que haya casos como éste. Si conociera de qué colegio se trata, no dude usted de que hablaría con sus titulares y les diría que es un asunto de la mayor importancia la selección de quien dirige la pastoral de un colegio de una congregación religiosa, que debe ser persona de una clara identidad católica, bien formada, persona “de casa”, creyente, practicante, que reza, que ama al Señor, que ama a la Santísima Virgen, que ama a la Iglesia, que participa diariamente en la Eucaristía y que recibe con frecuencia el sacramento del perdón. Es importante que sea buen profesional, que cumpla sus deberes ciudadanos, que sea persona solidaria y cercana a los pobres y a los que sufren, como es importante también que en su vida privada, en su vida familiar, y en su vida pública, sea consecuente con su fe. Cuanto acabo de decir es aplicable también a la selección de los profesores. Aplicar criterios exclusivamente profesionales, o dejarse llevar por la acepción de personas o los compromisos de la identidad titular, aparte de ser una injusticia muchas veces, es abrir la puerta a la secularización interna de nuestras instituciones, y en el caso que nos ocupa, de nuestros colegios. En cuanto a la Misa dominical, dado el tamaño de esta respuesta, contestaré a la persona que me interpela la próxima semana. (28-01-2018)

Mis mayores me enseñaron desde niño que los templos son lugares de oración y había que guardar silencio por respeto al lugar y también para no molestar a las personas que estuvieran rezando. Desgraciadamente eso ya no es así. Nadie transmite esa pequeña enseñanza y ahora el guirigay dentro de las iglesias es tan normal que lo raro es el silencio. Qué gusto asistir a los actos litúrgicos en el convento de las Hermanitas de la Cruz donde las propias Hermanas se ocupan de que se respete el silencio. ¿Qué tiene usted que decir?

 Mi opinión es que en muchos casos lleva usted razón. Yo también me he encontrado, con ocasión de las confirmaciones, con comunidades parroquiales muy ruidosas. Yo lo atribuyo a la asistencia de personas de escasa conexión con la Iglesia. También me he encontrado con comunidades sumamente respetuosas, las más, que guardan un silencio ejemplar. Especialmente llamativo, es el desorden y el ruido que se produce en el rito de la paz, con personas que recorren la iglesia, de principio a fin, dando la paz a un sinnúmero de personas en un momento tan significativo como son los instantes previos a la comunión. Yo pediría a los sacerdotes que cuiden el silencio, inculcando a los fieles la santidad del templo, lugar de la presencia real, verdadera y sustancial de Jesús en el sagrario, donde espera que le visitemos y le acompañemos. Por respeto al Señor y a los fieles que desean rezar, hemos de observar el silencio en los tempos. La oración es silencio, necesario para poder escuchar a voz de Dios que se nos comunica en el silencio. Como nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica, “en este silencio, insoportable para el hombre exterior, el Padre nos da a conocer a su Verbo encarnado, sufriente, muerto y resucitado, y el Espíritu filial nos hace partícipes de la oración de Jesús” (n. 2717). (21-01-2018)

¿Qué le parece que haya sacerdotes que no celebran la Eucaristía con casulla?

Sinceramente no me parece bien. Las rúbricas litúrgicas, es decir las normas que da la Iglesia para la celebración de la Eucaristía y de los sacramentos deben ser obedecidas por todos. Nadie ha erigido a cada sacerdote en legislador subjetivo de sus propias normas litúrgicas. Es la Iglesia la que cumple ese servicio, al que los sacerdotes debemos obedecer, conscientes de que obedeciendo a la Iglesia estamos obedeciendo al Señor, mientras que pasando por alto sus prescripciones litúrgicas estamos desobedeciéndole, puesto que la Iglesia es el sacramento de Jesucristo, Cristo mismo, la prolongación de Jesús en el tiempo. En una ocasión presencié una escena ciertamente pintoresca: un sacerdote celebrando la Santa Misa con una escueta estola, ayudado por un diácono con una solemne y llamativa dalmática. Y lo que acabo de decir sobre los hábitos litúrgicos es aplicable también a la creatividad a veces extemporánea y ridícula de quienes inventan las oraciones del ordinario de la Misa y, lo que es más grave, la anáfora o plegaria eucarística, llegando incluso a introducir variaciones en lo más sacrosanto de la celebración, las palabras de la consagración, con el peligro de que la Santa Misa sea inválida. Todo ello me parece un abuso, que estoy seguro de que no es generalizado en nuestra Archidiócesis. Todos los textos del Misal, y singularmente los textos eucológicos han sido pesados, medidos y tasados por los técnicos de la Comisión de Liturgia de la Conferencia Episcopal, ulteriormente por todos los obispos y, por último, por la Santa Sede, que es quien los aprueba definitivamente. Mi experiencia de más de veinte años de obispo es que los añadidos espontáneos y las improvisaciones creativas no aportan nada y ordinariamente estropean el texto oficial. (14-01-2018)

Si la parroquia es una familia ¿no deberían suprimirse las tasas sacramentales, ejemplo de una mentalidad consumista, por otras formas de colaboración económica más acordes con el carácter familiar que debe tener toda parroquia?

Respondo a su pregunta diciéndole que ya me gustaría que lo que usted propone fuera posible. Seguramente es más evangélico que los estipendios por la administración de los sacramentos. Creo que debería ser el ideal a conseguir. Me consta que se ha conseguido en muchas parroquias del centro de grandes ciudades, que aseguran la subsistencia de la parroquia a través de las colectas y de cuotas voluntarias. Creer que esto es posible en la mayor parte de las parroquias de nuestra Archidiócesis es puro angelismo, es decir, no tener los pies en el suelo. La economía de nuestras parroquias es ordinariamente muy débil y precaria, como es muy modesta la nómina que el Arzobispado envía mensualmente a cada sacerdote. De hecho, deben redondear esa nómina, con conocimiento del Arzobispado, tomando alguna cantidad de la parroquia para poder vivir. Si no hubiera aranceles o tasas, no podrían subsistir ni la parroquia ni el sacerdote. Esa es la realidad. Dichos aranceles son actualizados cada cierto tiempo por los obispos de cada Provincia Eclesiástica. Con todo ello, no son ni un abuso ni un capricho de los párrocos. (07-01-2018)

¿Qué le parece que la Archidiócesis gaste mucho más dinero en restaurar templos que en evangelizar?

Siento decirle que su información no responde a la verdad. Es cierto que hoy debemos gastar algún dinero más en la conservación y restauración de nuestros templos, pues desde el año 2010 no recibimos ninguna ayuda ni del Estado, ni de la Comunidad Autónoma. Pero son incomparablemente mayores las sumas que gastamos en la pastoral  y en la evangelización. Los recursos que destinamos al funcionamiento de los Seminarios, del Centro de Estudios Teológicos y del Instituto Superior de Ciencias Religiosas, como los que destinamos al funcionamiento de las Vicarías y las Delegaciones diocesanas, son sumas destinadas a la evangelización, como lo son también los recursos al servicio de los pobres desde la Cáritas diocesana y las Cáritas parroquiales, que tienen también un claro destino evangelizador, puesto que el anuncio explícito de Jesucristo a nuestro mundo necesita del refrendo de nuestro amor fraterno y solidario. Quiero decirle también a la persona que me hace esta pregunta que probablemente ella sufriría si su parroquia se estuviera cayendo a trozos o estuviera cayéndose a pedazos la Giralda. Es bien loable el esfuerzo que está haciendo el Cabildo conservando como se merece la catedral. También lo es el que está haciendo la Archidiócesis conservando los centenares de templos del extenso territorio diocesano. Alguien podrá preguntar: ¿Y los conventos? Respondo diciendo desde la sinceridad y la verdad que ya me gustaría poder ayudarles. Les prestamos una ayuda técnica y jurídica. Más no podemos hacer. Bastante hacemos conservando como podemos los edificios de titularidad diocesana. No obstante, la Archidiócesis estaría dispuesta a arrimar el hombro ante cualquier iniciativa en favor de los monasterios.  (31-12-2017)

¿Qué se puede hacer para que la juventud vea a la Iglesia como una institución cercana y positiva?

En muchas ocasiones, los jóvenes casi inconscientemente dependen de la opinión de los mayores, sobre todo de sus profesores, a veces falsos maestros, como escribiera san Juan Pablo II. No hace mucho me han hablado de un joven profesor de filosofía, ateo militante, que con gran desparpajo y un cierto atractivo, de forma obsesiva trata de vender su ateísmo a sus alumnos. En este y casos parecidos, lo primero que yo pediría a los jóvenes es que aviven su sentido crítico y que no acepten sin más aquello que abusivamente se les propone. Les diría también que no se queden en la fachada de la Iglesia, que se acerquen a ella y la conozcan desde dentro, pues si es verdad que en ella hay muchas manchas y arrugas, por los pecados de sus miembros, que somos todos nosotros,  también es cierto que la luz, ayer y también hoy, es más intensa que las sombras, y que la santidad, la generosidad y el heroísmo de muchos hermanos y hermanas nuestros es más fuerte que nuestro pecado y nuestra mediocridad. Les añadiría que hoy, en una sociedad tan secularizada como la nuestra, es muy difícil perseverar y ser fieles  sin el arropamiento y la compañía de la Iglesia, de la parroquia, de la pastoral del colegio o de la pastoral universitaria. Les pediría que se dejen acompañar, como pediría también a los sacerdotes que acompañen a los jóvenes, que les ayuden a formarse,  les inicien en la oración, el amor y la amistad con el Señor, en la participación en los sacramentos, penitencia y Eucaristía,  en el amor a la Virgen y a la Iglesia, que les inicien en el apostolado y en la experiencia de la generosidad y el descubrimiento del prójimo. Pediría, por fin, a las sacerdotes que no se olviden de la apologética, hoy un tanto abandonada, para salir al paso de prejuicios e ideas falsas, que llevan a algunos jóvenes a calificar la religión como algo de otros tiempos, infundado y pernicioso para el desarrollo de la persona y de la sociedad, enemiga de la razón, de la libertad y del progreso. (24-12-2017)

No cree usted que la fachada de la Iglesia es hoy para muchos un murallón que les impide entrar en ella y que, en ocasiones, les provoca repulsión e incluso desprecio?

 Es posible que así sea. Es el caso de quienes se escandalizan ante la apariencia externa de la Iglesia. De todos aquellos que llegan a conocerla, no todos se sienten llamados a penetrar en su interior. A menudo, para muchos, la fachada se convierte en un obstáculo que les impide pertenecer a la Iglesia. Son los que sólo consideran los fallos, los pecados y las capitulaciones de la Iglesia ante la historia: en la organización eclesiástica no ven sino un aparato de poder, que trabaja con medios mundanales; en la jerarquía no ven más que un mero instrumento administrativo, deseoso de dominio y ostentación; en la solemnidad de su culto ven un puro ritualismo antievangélico que se ha estancado en la tradición medieval y barroca; en el servicio de la Iglesia a la cultura ven una secularización y desviación de su verdadera misión. Alguien tan poco sospechoso como Hans Küng reconoce que muchas de las críticas que se formulan contra la Iglesia están justificadas y son sencillamente verdaderas. Sin embargo, dice también que muchas de ellas son "tontas, petulantes e injustas y, muy a menudo, simplemente falsas, y más de una vez incluso malignas". Las más de las veces estas críticas se quedan en la sola fachada, en el envoltorio externo, en lo negativo y defectivo de la Iglesia, algo real sin duda, pero que no es su esencia, que es algo más que la pura fachada, algo que sólo percibe por la fe el cristiano creyente. Lo decisivo de la Iglesia es ser sacramento de Jesucristo, es decir, signo e instrumento a través del cual entramos en contacto con Cristo, único salvador y redentor, único acceso al Padre. Ella es, en frase feliz de san Ireneo de Lyon, la escalera de nuestra accesión hacia Dios. Esto es lo decisivo en el ser y en la vida de la Iglesia (17-12-2017).

¿Qué piensa de los procesos electorales en las hermandades de penitencia? ¿No cree que se están politizando demasiado?

Es bien conocida mi convicción de que en las elecciones a Hermano Mayor de una Hermandad debería haber solo una candidatura de consenso, algo que está más conforme con lo específico de estas instituciones: ser hermandad, fraternidad y comunión. Una doble o triple candidatura suele dejar heridas abiertas, a veces difíciles de suturar o restañar. Conozco más de un caso. Para llegar a un consenso hace falta mucha humildad y capacidad de diálogo y saber ceder. Respondiendo a la pregunta quiero decir que las Hermandades no se están politizando. Creo que más bien en los procesos electorales, en ocasiones se están copiando praxis y estilos de las elecciones políticas y esto no es bueno, puesto que lleva inevitablemente  a la secularización de estas instituciones. La naturaleza de las Hermandades es muy otra. Los distintos oficios no son instancias de poder o de dominio, sino de servicio. El Hermano Mayor o los distintos ofíciales de la Junta de Gobierno deben ser los primeros servidores de su institución. Transcribo a continuación la respuesta de Jesús a la madre de los Zebedeos, que buscaba para sus hijos Santiago y Juan los primeros lugares en su reino: “Vosotros sabéis que los príncipes de las naciones las subyugan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros; el que entre vosotros quiera llegar a ser grande, sea vuestro servidor; y el que entre vosotros quiera ser el primero, que sea vuestro esclavo, pues el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir a entregar su vida en rescate por todos.” (Mt 20,25-28). Brindo esta palabra de Jesús a los actuales rectores de nuestras Hermandades y a quienes aspiren a serlo. (10-12-2017)

¿Cómo supo que el Señor quería que fuese sacerdote?

Me han hecho la pregunta muchas veces. Desde luego que no existió ningún fenómeno sobrenatural que me indicase que esa era la voluntad de Dios. Las cosas fueron más sencillas. Lo cierto es que desde mi primera comunión yo intuí que mi futuro estaba ligado al sacerdocio. Tuve la suerte, auténtica gracia de Dios, de nacer en el seno de una familia cristiana de verdad, que me transmitió la fe, en la que se rezaba, en la que Dios estaba presente de forma espontánea y habitual y en la que el tiempo estaba marcado por el domingo y las solemnidades religiosas. Tuve la suerte de nacer en una pequeña ciudad episcopal, en la que la catedral, el obispo, el cabildo, el seminario y las fiestas religiosas lo ahormaban todo. Confieso que mucho influyó también el ejemplo de los sacerdotes, y en concreto, del sacerdote de mi parroquia, hombre piadoso y bien formado, pastor celoso y entregado. Él me invitó explícitamente a ir al Seminario. Ingresé dos días antes de cumplir los once años, con una conciencia clara del paso que estaba dando. Confieso también que me hizo mucho bien el trato con los seminaristas. También la belleza de la catedral de mi ciudad natal y de las ceremonias catedralicias, entonces verdaderamente esplendorosas, con una capilla de música magnífica que, junto con el órgano, solemnizaba la liturgia de forma extraordinaria. Después me he dado cuenta de que la via pulcritudinis, el camino de la belleza, es un lazarillo muy valioso para descubrir a Dios e introducirnos en el mundo de lo religioso, como tantas veces nos ha recordado el papa Benedito XVI. (03-12-2017)  

¿No cree usted que es una incoherencia pedir el bautismo o la primera comunión para los hijos cuando los padres no tienen fe y lo hacen por motivos puramente sociales y no religiosos?

No hace mucho me hicieron una pregunta semejante. Redundo en el mismo tema, que ciertamente es un asunto mayor. Pienso que no es poco que pidan el bautismo para sus hijos aunque su fe sea tibia, vacilante o mortecina. Me parece que es un gesto que no podemos menospreciar. Algún valor deben atribuir a la recepción del sacramento, algo que la Iglesia tiene que aprovechar. El Directorio Diocesano de Pastoral de la Iniciación Cristiana de nuestra Archidiócesis señala la catequesis que deben recibir los padres antes de la recepción del bautismo de sus hijos. Pido a los sacerdotes y a los catequistas que se tomen muy en serio estas catequesis prebautismales, parte importante de la pastoral misionera que estamos tratando de impulsar en la Archidiócesis, de acuerdo con las Orientaciones Pastorales Diocesanas. En muchos casos se ha demostrado que estas catequesis son un camino muy válido para avivar los rescoldos de fe de esos padres y dinamizar su vida cristiana. Otro tanto cabe decir de la preparación para la primera comunión. Muchos niños, con siete u ocho años, vienen a esta catequesis específica con escasos o nulos conocimientos religiosos. Sus padres no les han transmitido la fe y, tal vez, conciben la primera comunión desde motivaciones escasamente religiosas. Nada de ello debe desanimarnos. También en estos casos tenemos la oportunidad de evangelizar a los padres en un momento tan significativo de la vida de sus hijos. (26-11-2017)

¿Qué piensa usted de las llamadas hermandades “piratas”? ¿Cómo las podríamos atraer hacia la Iglesia y la parroquia?

Más que piratas, que me parece un calificativo un tanto despectivo, yo las llamaría hermandades no canónicas o no normalizadas eclesialmente. Me dicen que superan las ochenta en nuestra Archidiócesis, cosa verdaderamente llamativa. Muchas de ellas proceden de escisiones de las hermandades históricas, casi siempre por desavenencias personales, que es un mal punto de partida. Un grupo manifiesta vocación de caminar de acuerdo con las normas diocesanas, que parece lo normal, y para ello se están preparando y formando, esperando su erección canónica cuando cumplan todos los requisitos. Otro grupo no desea ningún tipo de normalización, algo verdaderamente  chocante. Prefieren ser meras asociaciones civiles, lo cual supone una notable anomalía, pues el meollo que aglutina a sus miembros es de naturaleza religiosa y, sin embargo, no quieren saber nada de la Iglesia, que es la depositaria de la gracia de Cristo y la administradora de los misterios de Dios. A este grupo les brindo un pensamiento de san Cipriano de Cartago: “Nadie puede tener a Dios por padre si no tiene a la Iglesia por madre”. A todos ellos les tiendo la mano y les pido con toda humildad que traten de caminar por las sendas señaladas por la Iglesia, vinculándose a la parroquia, iniciando un proceso serio de formación y cumpliendo las normas diocesanas. (19-11-2017)

Estoy segura de que usted y su Obispo auxiliar, cuando mandan un sacerdote a una parroquia le piden que actúe con prudencia, que intente conocer bien la parroquia y a la feligresía y que respete todo lo bueno que los sacerdotes anteriores han creado con gran esfuerzo. ¿Es así?

Prácticamente usted misma ha respondido a su pregunta. Efectivamente, lo primero que debe hacer un sacerdote cuando inaugura su ministerio pastoral en una parroquia es observar y tratar de conocerla sin prisas. Utilizando términos coloquiales, de ninguna manera puede entrar en la parroquia como un elefante en una cacharrería. Es seguro que los sacerdotes anteriores han hecho muchas cosas buenas y han dejado una huella profunda en la feligresía. Desde luego que es una praxis fatal comenzar haciendo obras, sobre todo si son innecesarias. No sería mal criterio consultar con el Arcipreste o con el Vicario Episcopal los pasos a dar, sobre todo cuando la cuestión a modificar es de alguna importancia o puede herir susceptibilidades. Tampoco sería un mal punto de partida, consultar con el Señor en la oración qué hacer, tanto en el orden pastoral como en el orden económico y administrativo. En todo caso sería muy aconsejable también consultar a los laicos que forman parte de los consejos de pastoral y de asuntos económicos. Y todo ello desde la humildad y la conciencia de que los laicos nos pueden ayudar mucho en nuestra labor pastoral. (12-11-2017)

Usted cita con mucha frecuencia un texto del número 45 de Gaudium et spes, en el que se lee que “Cristo es el centro de la humanidad, el gozo del corazón del hombre y la plenitud total de sus aspiraciones”. ¿Por qué esa insistencia? ¿Qué nos quiere decir con ello?

 La insistencia no es mía, es del Vaticano II. La frase, que es ciertamente redonda y muy bella, la toma el Concilio de un discurso del beato Pablo VI del 3 de febrero de 1965. El Papa y el Concilio se basaban en el himno a Cristo de la carta de san Pablo a los Colosenses (1,15-20), donde el apóstol destaca la preexistencia de Cristo como imagen del Dios invisible, su intervención en la creación del mundo, su primacía sobre el cosmos, la reconciliación de la humanidad con Dios por su misterio pascual, y la constitución de Cristo como cabeza de toda la creación. Lo que san Pablo pide de nosotros es reconocer y acoger en nuestra vida la soberanía de Cristo, en los pensamientos, palabras y obras, de manera que él sea el rey y señor de nuestras vidas. No podemos perder ese centro ni sustituirlo por los ídolos del egoísmo, el placer o el dinero. El Catecismo de la Iglesia Católica declara que "la afirmación del señorío de Jesús sobre el mundo y sobre la historia significa también reconocer que el hombre no debe someter su libertad personal, de modo absoluto, a ningún poder terrenal sino a Dios Padre y al Señor Jesucristo" (n. 450). Él colma todas las aspiraciones del corazón humano. Esa es la experiencia de muchos de nosotros. Es la experiencia de san Agustín, que escribe en sus Confesiones: Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti. (05-11-2017)

Después del Concilio, muchos obispos españoles dejaron los palacios y se fueron a vivir a un piso. ¿No le parece más evangélico que vivir en el palacio arzobispal de Sevilla, que usted alguna vez ha dicho que es el mejor de España?

 No es la primera vez que me hacen esta pregunta. Durante mis años de servicio a Toledo y Córdoba viví en pisos sencillos y funcionales. Ya en Sevilla viví un año en un apartamento en el Seminario. Pronto me convencí de que debía vivir en el palacio. Cada día perdía mucho tiempo yendo mañana y tarde para cumplir con mi misión. Situado en el centro de la ciudad, allí están los despachos de los Vicarios, la Secretaria General, la Administración diocesana, las Delegaciones, el Tribunal, el Archivo y demás servicios diocesanos con los que debo estar en contacto diario. Allí está la capilla en la que celebro la santa Misa para los fieles más diversos con alguna frecuencia. Allí está también la sala de visitas, donde recibo a personas y grupos que no podría atender en un piso. Por otra parte, es bien conocida la riqueza patrimonial de nuestro palacio. Sin estar habitado es seguro que todo se iría deteriorando. El espacio que yo habito se reduce a un despacho y un dormitorio, menos de sesenta metros en total. El personal que atiende mi casa es mínimo y modesto, dos muchachas ecuatorianas, con las que comparto la mesa todos los días en un clima de familia. La fidelidad a mis orígenes humildes y a mis raíces los mantengo en mi vida diaria con naturalidad, como cuando regreso a mi modesto piso de 70 metros en Sigüenza. Afirmar que es más evangélico vivir en un piso que en un palacio lo considero un tanto demagógico. Por lo demás, no tengo conciencia de estar dando un antitestimonio o de faltar a la virtud de la pobreza evangélica. (29-10-2017)

En este año se han producido varias secularizaciones de sacerdotes. ¿A qué se deben? ¿Cómo vive el Arzobispo estas situaciones?

Está usted en lo cierto. Este año hemos tenido, por desgracia, varias secularizaciones. Nuestra Archidiócesis no es un caso excepcional. Sucede últimamente también en otras Diócesis, cosa que no nos consuela, y que interpela al Seminario y la formación que imparte o ha impartido en el pasado. Interpela también a los obispos y a los organismos diocesanos en cuanto al acompañamiento que prestamos a los sacerdotes. ¿Cómo vivimos los obispos estas situaciones? Respondo diciendo que con mucho dolor, dolor que sienten también nuestros hermanos sacerdotes. En todos los casos, luchamos para conjurar el final, pero probablemente cuando nos es dado poder actuar, ya no hay remedio. Quiero decir a la persona que formula la pregunta que todo ello se debe en primera instancia a que ella y yo no rezamos suficientemente por la perseverancia y la fidelidad de los sacerdotes. Quiero decirle también que aquí juega un papel determinante la libertad personal y en muchos casos el activismo y la desvitalización espiritual, la huida de la oración y el olvido de los medios sobrenaturales ordinarios. Así me lo ha manifestado con mucha sinceridad más de un sacerdote antes de marchar. El cultivo de los medios sobrenaturales es lo que a sacerdotes y laicos nos mantienen frescos y fieles en nuestros compromisos. Invito a todos a rezar cada día por la santidad de los sacerdotes, la perseverancia de los seminaristas y a pedir al Señor que nos conceda muchas, generosas y santas vocaciones que nos permitan mirar con esperanza el futuro de nuestra Iglesia diocesana. (22-10-2017)

¿Cuál es el sentido de coronar a María y cuáles son los requisitos para ello?

La coronación de una imagen de la Santísima Virgen tiene un profundo significado espiritual. La Iglesia corona las imágenes más insignes de la Virgen porque después de su asunción, María fue coronada por la Santísima Trinidad como reina y señora de todo lo creado. Esta verdad, creída siempre en la Iglesia, hunde sus raíces en la Palabra de Dios. El libro de los Salmos anuncia proféticamente la entronización de María, enjoyada con oro, a la derecha de su Hijo en la gloria celestial (Sal 44,11). El Apocalipsis, por su parte, cierra sus alentadoras visiones dirigiendo nuestra mirada a María, la "mujer vestida de sol, con la luna por pedestal y coronada con doce estrellas" (Apoc 12,1). El primer requisito para coronar una imagen de la Virgen, según el Ceremonial de los Obispos, es que la imagen que se pretende coronar goce de cierta popularidad y sea objeto de una gran devoción de los fieles, y que el lugar donde se venera sea sede y centro de un genuino culto litúrgico y de un activo apostolado cristiano. El móvil de la coronación nunca puede ser el prestigio de una determinada institución o corporación o el mimetismo con otras instituciones similares. (15-10-2017)

Nuestra Archidiócesis es rica en patrimonio pero tiene pocos fondos para mantenerlo, al mismo tiempo que es nula la ayuda oficial. ¿Estaría dispuesto a vender propiedades dela Iglesia para conservar el patrimonio?

Ya respondí a una pregunta semejante en el mes de abril. La Archidiócesis de Sevilla no es el Banco de España. Tampoco tenemos deudas ni créditos pendientes. Es ingente y riquísimo el patrimonio mueble e inmueble. Ello exige un esfuerzo económico muy grande. Es cierto que no tenemos ayuda de la Administración autonómica desde 2010. Contamos con los fondos que nos llegan de la Conferencia Episcopal, vía IRPF, la ayuda bien significativa del Cabildo de nuestra Catedral, que tanto agradezco, la ayuda puntual de algunos ayuntamientos, de la Fundación La Caixa, algunos legados y testamentos, y la ayuda de los fieles, que suelen ser muy generosos cuando se trata de la conservación y restauración de sus templos y ermitas, que aparte de ser los monumentos más bellos de nuestros pueblos, representan la suma de sus raíces religiosas, históricas y culturales. Confío en mantener nuestro patrimonio con nuestros propios fondos, con la ayuda de los fieles y del mecenazgo privado, si algún día tenemos una ley de mecenazgo a la altura de los países de nuestro entorno. Espero no tener que vender edificios religiosos. Nunca lo he hecho en los más de veinte años de obispo, y espero no tener que hacerlo. (08-10-2017)

¿Cómo trataría de convencer a un cristiano tibio de que la fe en Jesucristo y el trato con Él es camino de felicidad y de paz?

Le diría que la fe en Jesucristo es un manantial inagotable de alegría, de gozo recrecido y rebosante, de esperanza, de sentido para nuestra vida y de una insospechada plenitud. Le diría también que inicie la experiencia del trato personal con Jesucristo. La fe en Él y la oración son fuente de firmeza, de seguridad y de consistencia para todos. En este sentido nos dice el papa Francisco: «No es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo… Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrar un sentido a todo» (EG 266). Él es el camino, la verdad y la vida del mundo. Él es, en frase feliz del Concilio Vaticano II, "el centro de la humanidad, el gozo del corazón humano y la plenitud total de sus aspiraciones" (GS 45). Como nos dijera el Papa Benedicto XVI, en la inauguración de la Asamblea del CELAM, en Aparecida (Brasil) en mayo de 2007, nosotros los cristianos sabemos mejor que nadie que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro para el mundo. Él “es la respuesta total, sobreabundante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, el sentido de la vida, la dignidad humana, la felicidad, la justicia y la belleza”. (01-10-2017)

El papa Francisco ha abordado el tema del matrimonio. ¿Cree descabellado que mitigue la disciplina del celibato?

 No tengo condiciones de profeta, pero no creo que haya una modificación sustancial de la disciplina del celibato. Estoy convencido de que este modo de vida es un tesoro para la Iglesia. Es también un don y un carisma, que quienes lo reciben, deben vivir con gratitud y fidelidad, apoyados en la gracia de Cristo, que robustece con la fuerza de su gracia la fragilidad humana. Como dijera el Concilio Vaticano II, el celibato es  signo y estímulo al mismo tiempo de la caridad pastoral, y fuente de fecundidad espiritual y apostólica. No está exigido por la naturaleza misma del sacerdocio, como lo demuestra la disciplina de las iglesias orientales católicas. Con todo, el celibato está muy en armonía con el sacerdocio. Jesús fue célibe. Los sacerdotes, identificados con Jesucristo y configurados con Él por la ordenación, deben vivir como Él. Consagrados y unidos a Él con un corazón indiviso, se entregan más libremente, en Él y por Él, al servicio de Dios y de los hombres sin ningún tipo de impedimentos ni trabas. Renunciando a la paternidad humana, se convierten en padres de los fieles encomendados a su ministerio. Se convierten además en signos vivos y anticipo del mundo futuro. (24-09-2017)

En nuestra Archidiócesis hay medio centenar de Hermandades del Rocío canónicamente erigidas. ¿Qué opinión le merece el movimiento mariano rociero?

No conozco bien la peregrinación al Rocío porque no he tenido ocasión de hacerla en las vísperas de Pentecostés, aunque sí en otras ocasiones. Por el testimonio de muchas personas y también de los dos últimos obispos de Huelva, tengo la impresión de que los excesos que hubo en el pasado, en buena medida han decrecido, de modo que una inmensa mayoría de los romeros acuden al Rocío movidos por el amor a la Virgen, que ocupa un lugar decisivo en el misterio de Cristo y de la Iglesia, y que, en consecuencia, tiene que ocupar un lugar central en nuestro corazón y en nuestra vida cristiana. El camino del Rocío en muchos casos es un verdadero camino penitencial, por el esfuerzo y el  sacrificio que conlleva. Para muchos es un camino de conversión y de encuentro con Jesucristo de la mano de su Madre, la Santísima Virgen. Son miles los romeros que inician la jornada rezando el Ángelus, que se confiesan, que terminan el día rezando el Rosario, oyendo Misa y comulgando. Son numerosos los que cumplen en el camino al Rocío el precepto de la Iglesia de confesar y comulgar al menos en Pascua florida. Son muchos los que aseguran que vuelven del Rocío renovados y con deseos de ser mejores cristianos. Todo esto no se puede menospreciar. Sería una temeridad. (17-09-2017)

Sabemos que son tiempos difíciles en el aspecto económico, que formarse en un Seminario requiere unos costes y no todo el mundo puede permitírselos. ¿Qué le diría a un joven de una familia que no llega a fin de mes y su sueño es servir al Señor como sacerdote? ¿Podría un joven que tenga pocos recursos económicos formarse en un Seminario para ser sacerdote? ¿Si tiene una vocación clara sería un impedimento?

En absoluto. No conozco un solo caso de un adolescente o un joven que no haya podido ingresar en el Seminario por motivos económicos. Se dan casos de seminaristas, cuyas familias no pueden costear los estudios de sus hijos seminaristas. En estos casos, el propio Seminario y, si es necesario, la Archidiócesis, salen al paso de su necesidad aportando los recursos precisos para que ni una sola vocación se pierda por carencia de medios. Gracias a Dios, contamos con la colecta Pro-Seminario en torno a la solemnidad de san José. De tanto en tanto, contamos también con testamentos y legados que nos ayudan en este sentido. Son también muy generosas muchas Hermandades que están convencidas de que el Seminario es el corazón de la Archidiócesis y cada año destinan cantidades importantes al Seminario y a la formación de los seminaristas. Para todos ellos mi gratitud por su sobresaliente sensibilidad eclesial.  (10-09-2017)

Observo que no se aplican las Orientaciones Pastorales diocesanas o no se dan a conocer a los feligreses. Al parecer es una práctica generalizada. ¿Cómo podemos trabajar en sintonía y comunión?

No sé si es una práctica generalizada. Si lo fuera, sería una lástima, puesto que como usted bien dice, hemos de trabajar en sintonía y en comunión. Hoy nadie discute la necesidad y hasta la urgencia de las programaciones pastorales de ámbito diocesano. Abrió el fuego en este sentido la Conferencia Episcopal en el año 1973, año en que fue aprobado su primer Plan Pastoral. A partir de entonces, las Diócesis comenzaron a trabajar con este espíritu y con esta metodología. Con los Planes Pastorales tratamos de detectar las necesidades más profundas de nuestras comunidades y de articular en torno a un objetivo central y unos objetivos específicos los múltiples esfuerzos pastorales de las Vicarías, las Delegaciones diocesanas, los Arciprestazgos, las Parroquias, los Religiosos que trabajan en las Diócesis y los movimientos y asociaciones presentes en nuestras Iglesias particulares. Al remar todos en la misma barca, con la misma intensidad y en la misma dirección, evitamos el peligro de la improvisación, de la atomización y de la dispersión. Ello es garantía además de eficacia pastoral y cauce de comunión en el ámbito diocesano.  (03-09-2017)

 

Teniendo en cuenta que la imagen es un potente instrumento evangelizador, no entiendo las limitaciones a las salidas extraordinarias que tanto bien hacen generalmente a nivel local. ¿Habría posibilidad de que la decisión recayera únicamente en las corporaciones?

Personalmente estoy convencido de la fuerza evangelizadora de la piedad popular. Una imagen siempre impresiona, interpela, enseña y toca el corazón. Personalmente tengo el máximo respeto por las Hermandades, pero no me parece que podamos dejar al arbitrio de cada una la celebración de sus cultos externos, sus salidas extraordinarias o las dimensiones de sus salidas ordinarias. La autoridad eclesiástica tiene legitimidad para establecer las condiciones para la celebración del culto externo, su carácter, su dignidad y frecuencia. Como es bien sabido, en la ciudad de Sevilla y en los pueblos y ciudades de la archidiócesis hay un número crecido de Hermandades, en conjunto más de seiscientas. Nadie podrá negar que en los últimos años se han incrementado desmesuradamente los cultos de puertas a afuera de los templos. Ello exige una regulación prudente, pues cuando lo extraordinario se convierte en ordinario, se trivializa. Por otra parte, se crean dificultades a las autoridades, que han de multiplicar los servicios públicos. Se crean además incomodidades para la población, que pueden provocar hartazgo y rechazo. Tengo la impresión de que la opinión pública en general y buena parte de la prensa han acogido las normas diocesanas sobre viacrucis y salidas extraordinarias con comprensión y respeto. (30-07-2017)

¿Cómo es su relación con el Seminario Redemptoris Mater? ¿Qué aporta este seminario a la Archidiócesis?

 Mi relación es excelente. No puede ser de otra manera. Se trata de un Seminario Diocesano, erigido por el arzobispo y bajo su jurisdicción. No es un ente autónomo, que funciona por libre. Por otra parte, los seminaristas acuden a clase al Centro de Estudios Teológicos con los seminaristas del Seminario Metropolitano, con los que tienen una relación franca y fraternal. Cuando se ordenan, quedan incardinados en la archidiócesis de Sevilla con todos los derechos y deberes, sirviéndola durante unos años antes de ser destinados a la misión ad gentes en las distintas partes del mundo. Yo lo solicité a Kiko Argüello, con el apoyo del Consejo del Presbiterio, y cuando nos lo concedieron, lo acogí con gratitud como una gracia de Dios. Los alumnos del Redemptoris Mater incrementan el número de los alumnos del Centro de Estudios Teológicos. Por nuestra parte, necesitamos sacerdotes vinculados al Camino Neocatecumenal, para atender a las numerosas comunidades que, gracias a Dios, tenemos en la archidiócesis, que son para muchos fieles camino de conversión, de formación y de vida cristiana. (23-07-2016)

¿No le parece que el rito de la paz en muchos casos se convierte en un circo que rompe la preparación para la sagrada comunión? ¿No se podría hacer algo?

Pues, sí. La Santa Sede publicó el 8 de abril de 2014 una carta circular dirigida a todas las Conferencias Episcopales del mundo sobre este tema. Yo mismo publiqué una carta semanal, glosando la primera el 5 de julio de 2015. Confieso que el éxito de mi escrito ha sido escaso, a la vista de lo que yo contemplo en mis visitas a las parroquias. Pedía entonces que entre todos tratáramos de mejorar la praxis existente en tantos lugares, moderando los excesos que generan confusión en la asamblea litúrgica momentos antes de la comunión, en los que el recogimiento debe ser máximo. Pedía también que el rito de la paz se practique con la mayor mesura, sin crear confusión ni demasiado movimiento durante la Misa, cosa que sucede en muchos lugares. Pedía además que se omitan los cantos alusivos a la paz que no están previstos en el Misal Romano y que muchas veces ralentizan o rompen el ritmo de la celebración. Con el documento vaticano en la mano desaconsejaba también el desplazamiento de los fieles a lo largo y ancho del templo para intercambiar deseos de paz y que se evite que en algunas solemnidades o celebraciones particulares como los bautismos, las primeras comuniones, las confirmaciones y los matrimonios, ordenaciones y funerales, el rito de la paz se convierta en una ocasión más para extender felicitaciones o pésames. Dios quiera que en esta ocasión mi parecer, bien fundamentado, tenga mejor fortuna y poco a poco vayamos recuperando la dignidad y la mesura del rito de la paz. (16-07-2017)

¿Cuáles son los retos y prioridades de la Archidiócesis?

Efectivamente, en las Orientaciones pastorales que entregamos a la Diócesis en la clausura del Año de la Misericordia se nos marcan las líneas de trabajo prioritarias para este quinquenio: en primer lugar, fortalecer el tejido comunitario, trenzando una red de comunidades unidas por la comunión y la fraternidad, que tratan de vivir, como las primeras comunidades cristianas, un estilo de vida alternativo al que nos brinda la cultura secularizada. Pretendemos en segundo lugar, seguir potenciando la pastoral de la iniciación cristiana, hoy imprescindible, redescubriendo el catecumenado de acuerdo con el Directorio Diocesano, que tantos frutos está ya produciendo. En tercer lugar, apreciar y reconocer la riqueza de la piedad popular, acompañando y cuidando a nuestras Hermandades y Cofradías, verdadero camino de vida cristiana para muchos fieles. En cuarto lugar, hemos de seguir fortaleciendo la dimensión social de la evangelización, sirviendo a los pobres  y a los que sufren, como ha venido haciendo nuestra Iglesia desde siempre, pero especialmente a lo largo de la crisis. Por último, nos proponemos también seguir avanzando en la conversión personal y en  la conversión misionera de los evangelizadores, sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos, todos bien asentados en el Señor, la roca que da firmeza y garantías de futuro a nuestra vida apostólica. (09-07-2017)

En los últimos años los obispos han inmatriculado en los Registros de la Propiedad gran cantidad de edificios, como la mezquita-catedral de Córdoba, la catedral de Sevilla y la Giralda. Recientemente ha sido usted elegido Presidente de la Comisión Episcopal para el Patrimonio Cultural. ¿Qué opinión le merecen los intentos de algunas instituciones y entidades que quieren apoderarse de la titularidad de la mezquita-catedral de Córdoba e, incluso de la Giralda?

Efectivamente, las Diócesis españolas, siguiendo una directriz de la Conferencia Episcopal y amparándonos en las leyes hasta ahora vigentes, hemos inmatriculado gran número de templos, ermitas, casas rectorales, seminarios, conventos, etc. Ese es el caso de los edificios que usted menciona. Por lo que respecta a las hermandades,  en algunos casos complejos, desde la Archidiócesis se ha prestado el asesoramiento jurídico necesario para que entidades canónicas como estas corporaciones pudieran acceder al Registro de la Propiedad de acuerdo con los títulos que poseen, algunos muy antiguos, y de conformidad con la leyes registrales vigentes en cada momento. Por lo demás, hemos inmatriculado aquellos edificios de los que tenemos títulos objetivos, de carácter histórico y jurídico. Conozco bien los casos de las catedrales de Córdoba y Sevilla y me atrevo a pronosticar que ni las actuales leyes europeas, ni las nacionales, ni las autonómicas, aplicadas con justicia, con verdad y rigor, permitirán nunca arrebatar a la Iglesia la titularidad de sus edificios, que por cierto han sido creados, conservados y cuidados con mimo por la Iglesia a través de los siglos, permitiendo que llegaran hasta nosotros. (02-07-2017)    

¿Qué acciones está dispuesto a ejecutar para los católicos divorciados que no pueden costearse un proceso de nulidad?

No voy a tomar ninguna decisión al respecto, puesto que el problema es más aparente que real. Estimo con fundamento que hoy todo el mundo puede acceder a un proceso de nulidad. No se puede decir que tal proceso sea carísimo. Las tasas son muy modestas y asequibles a todos. Es posible además acogerse a la justicia gratuita cuando quien inicia un proceso puede demostrar que carece de medios económicos. En nuestro Tribunal Metropolitano el 50% de los procesos son gratuitos. Los procesos se encarecen por las tasas de los abogados y de los peritos, a pesar de la vigilancia que ejercen las autoridades del Tribunal. Lo importante y decisivo en un proceso de nulidad no son las referidas tasas, que son asequibles a todos. Lo importante es que haya fundamento para que el tribunal declare que el matrimonio nunca existió a pesar de las apariencias, de modo que no se puede decir que la Iglesia anule un matrimonio, sino que declara que tal matrimonio aparente nunca existió. (25-06-2017)

¿Las ayudas públicas para la restauración de bienes culturales de la Iglesia hipotecan de algún modo la finalidad originaria y principal del culto?

La Iglesia tiene derecho a tales ayudas puesto que sus bienes culturales constituyen una parte importantísima del patrimonio artístico nacional y el Estado debe velar por él. La Iglesia lo fue creando con sus propios medios y con la ayuda de las fieles y ostenta legítimamente su titularidad. Los poderes públicos deben ayudar a la Iglesia a mantener su patrimonio declarado Bien de Interés Cultural (BIC). Esas ayudas no deben tener contrapartidas que desvirtúen el carácter sagrado de esos monumentos, por ejemplo  destinando los templos restaurados con ayudas públicas a fines impropios, sino solamente a fines compatibles con su sacralidad y siempre con tino y prudencia. Dichas ayudas tampoco deberían suponer una hipoteca para la libertad de la Iglesia. En este caso sería preferible prescindir de ellas, si suponen una dependencia o enfeudamiento con los poderes públicos. Personalmente estoy convencido de que los fieles siempre nos van a ayudar, pues ven en sus templos la síntesis de sus raíces religiosas, históricas y culturales. Esa es mi experiencia. Confío también en una futura ley de mecenazgo a la altura de lo que España necesita y se merece por el volumen de su patrimonio  artístico. (18-06-2017)

¿Cómo piensa, en consonancia con la segunda línea de las Orientaciones Pastorales, potenciar el primer anuncio o kerigma en las parroquias? ¿Qué se está haciendo en este sentido?

Es evidente que hoy muchos cristianos, incluso practicantes, están bautizados pero no han sido evangelizados. Muchos de nuestros niños ya no reciben ningún tipo de formación religiosa en el hogar, lo cual no deja de ser una tragedia. Hoy las cosas han cambiado mucho y la situación es muy distinta a cuando lo religioso estaba suficientemente protegido por un ambiente esencialmente cristiano. La ignorancia religiosa y el desinterés han crecido entre nosotros con una velocidad que pasma. Por ello, el primer anuncio es más urgente que nunca. Personalmente apoyo todos los esfuerzos que están haciendo los sacerdotes por anunciar el kerigma por los más diversos medios. Apoyo y valoro la tarea que en este sentido realizan el Camino Neocatecumenal y los Cursillos de Cristiandad, dos realidades bien consistentes en nuestra diócesis, que el Arzobispo u su Obispo auxiliar bendecimos y apoyamos, como apoyamos fuertemente la aplicación del Directorio Diocesano de la Iniciación Cristiana, que con la ayuda de Dios se va afianzando en nuestra Archidiócesis. (11-06-2017)

¿Qué opina del uso de las nuevas tecnologías como medios para evangelizar? ¿Tiene algo que decirnos sobre el uso o abuso de las redes sociales por parte de las Hermandades? ¿Algún consejo?

En relación con la primera pregunta, tengo que decir que estoy muy de acuerdo con el uso de los medios maravillosos que la técnica del hombre ha puesto en nuestras manos.  Se ha dicho que si san Pablo viviera ahora utilizaría todos los medios tecnológicos que nosotros tenemos a nuestro alcance, con el objetivo de llevar a Jesucristo a sus hermanos. Por mi parte aliento el uso de estos medios y apoyo todos los ensayos que se están haciendo en este orden de cosas. Por lo que respecta a la segunda pregunta, tengo que decir que las redes sociales son un instrumento muy aprovechable y fecundo, si se utilizan para el bien. Si, por el contrario, se utilizan para el insulto, la calumnia o la descalificación, me parecen instrumentos perversos. Ignoro si esta es una praxis habitual en el mundo de las Hermandades. Seguro que no. Si lo fuera, pediría a estos hermanos que sus relaciones no pivoten sobre este modo de relacionarse y sí sobre la fraternidad y la comunión, que es lo propio de estas instituciones. (04-06-2017)

¿Piensa usted que el Camino Neocatecumenal es un instrumento para cumplir el deseo del Papa de salir a las periferias y a las encrucijadas de los caminos para anunciar a Jesucristo?

Estoy convencido de que el Camino Neocatecumenal es un instrumento providencial en el marco de la Nueva Evangelización y ha sido reiteradamente alentado y apoyado por los Papas desde Pablo VI al Papa Francisco. No hace mucho me entregaron un documento auténtico con el pensamiento del Papa Francisco sobre el Camino y Kiko su iniciador. Fue redactado por un obispo centroamericano después de una reunión con el Papa en la Visita ad Limina, en la que los obispos le preguntaron por esta realidad eclesial. La respuesta del Papa no pudo ser más encomiástica, subrayando el mucho bien que el Camino está haciendo en la Iglesia. Hace dos meses, un matrimonio sevillano, bien conocido por mí, con sus cinco niños y un sexto en camino han marchado a Japón, dejándolo todo para anunciar a Jesucristo en aquel país. En estos momentos son miles las familias en misión en todo el mundo, y en la vieja Europa y América Latina el Camino se está acercando cada día a los alejados, a los que marcharon de la Iglesia y a los que nunca han estado en ella. Para todos ellos mi admiración, mi gratitud y mi oración.(28-05-2017)

¿No observa Ud. que muchas iglesias de nueva construcción tienen una ausencia casi total de imágenes, con el déficit catequético y evangelizador que esto supone?

La pregunta es pertinente, porque efectivamente en el postconcilio en algunos casos se retiraron imágenes a desvanes y trasteras, a la búsqueda de una iglesia más sencilla y menos barroca. En otros casos se quería subrayar el cristocentrismo en la piedad de los fieles, que no debería distraerse en el culto a los santos. Yo soy testigo de ello por mi servicio al patrimonio cultural durante muchos años. Al mismo tiempo, en las nuevas construcciones de templos se prescindió de las imágenes casi totalmente. Gracias a Dios hoy las cosas han cambiado para bien de la piedad y devoción de los fieles. Por otra parte, se estima que la pintura, la imaginería, los retablos,  la orfebrería y los textiles pueden ser aprovechados para la evangelización y la catequesis, sobre todo si son obras hermosas, pues la belleza material es siempre camino de encuentro con la belleza inmaterial que es Dios, como tantas veces nos ha repetido el papa Benedicto XVI al hablarnos de la via pulchritudinis. Como escribiera san Juan Damasceno en su sermón segundo sobre las imágenes, estas son como un lazarillo “que nos lleva de la mano hasta Dios”.  (21-05-2017)

En muchos templos de Sevilla es imposible acceder al sacramento de la reconciliación pues los sacerdotes sólo están en la iglesia el tiempo que dura la Eucaristía o, si se ponen en el confesionario, es un cuarto de hora antes de celebrarla. Por otro lado, las Iglesias permanecen cerradas casi todo el día, siendo imposible visitar a la Señor. ¿Echa de menos una apertura mayor y más facilidad para poder confesar?

Desde mi llegada a Sevilla he insistido a los sacerdotes por activa y por pasiva, de palabra y por escrito, sobre la necesidad de que las iglesias estén abiertas todas las horas posibles para favorecer la piedad eucarística, acompañando y visitando al Señor. También les he pedido que den facilidades a los fieles para poderse reconciliar con el Señor y con la Iglesia en el sacramento del perdón. Los fieles tienen derecho a que sus sacerdotes estén disponibles para oír confesiones en horarios que sean conocidos por todos. Tengo la impresión de que algo estamos mejorando. En este sentido ha sido muy benéfico el Jubileo de la Misericordia. De cualquier forma, en Sevilla los fieles tienen la oportunidad de confesarse en San Onofre, en la catedral, en la iglesia del Señor San José, en el Santo Ángel y en no pocas parroquias en las que los sacerdotes se toman muy en serio su principalísimo deber de oír confesiones, algo que yo les agradezco profundamente, pues como nos dijera san Juan Pablo II, la confesión es manantial de fidelidad y de santidad. (14-05-2017)

¿Por qué no ha tenido eco alguno en nuestra diócesis el consejo del Cardenal Robert Sarah (de la Congregación Vaticana para el Culto Divino) de celebrar la Santa Misa cara a Dios o 'ad orientem'? ¿No le parece que celebrando cara al Sagrario el sacerdote tiene menor protagonismo y la Misa adquiere mayor sacralidad?

Respondo al interpelante diciéndole que toda la Santa Misa, y sobre todo, la plegaria eucarística y el resto las oraciones, están dirigidas a Dios Padre, por Jesucristo, en el Espíritu Santo, es decir, toda la celebración se hace “coram Deo” (cara a Dios). El protagonismo del sacerdote viene dado por su ministerio. En efecto, cuando está presidiendo la Santa Misa actúa en la persona de Cristo. En cuanto a la cuestión espacial, es decir, si la celebración debe hacerse vueltos hacia oriente o hacia la Cruz o hacia el Sagrario, me remito a la Ordenación General del Misal Romano, 299, recientemente publicado en español, que entró en vigor el pasado día 4 de marzo. Allí leemos que “el altar se ha de construir separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y celebrar de cara al pueblo”. Las  declaraciones del  señor Cardenal Robert Sarah en Londres, han de ser completadas con el Comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede titulado “Algunas aclaraciones sobre la celebración de la Misa” del 11 de julio de 2016 donde se lee que "algunas frases suyas [del señor Cardenal] han sido erróneamente interpretadas como si anunciaran nuevas indicaciones que difiriesen de las dadas actualmente en las normas litúrgicas y en las palabras del Papa sobre la celebración de cara al pueblo y sobre el rito ordinario de la misa”, añadiendo que “no están, por lo tanto, previstas nuevas directrices litúrgicas a partir del próximo Adviento como alguno ha deducido impropiamente de algunas palabras del cardenal Sarah. Quiero añadir que el sacerdote “se halla al servicio de la Sagrada Liturgia y no le es lícito añadir, quitar, ni cambiar nada según su propio gusto en la celebración de la Misa” (Ordenación General del Misal Romano, 24). (07-05-2017)

Estoy divorciada desde hace pocos meses. No lo quería ni lo he podido evitar. Creo que mi matrimonio fue válido y creo también en la pervivencia del vínculo sacramental. Por ello, no he intentado otra unión. A pesar de todo, tengo la sensación de que en la Iglesia soy cristiana de segunda categoría. ¿Qué me puede decir?

Mi respuesta es muy sencilla: no veo por qué una persona que no ha provocado, ni querido, ni solicitado el divorcio y que no ha emprendido después otra unión, pueda sentir esa sensación. Es evidente que puede participar activamente en la vida de la Iglesia y recibir la comunión eucarística, que es sustento y alimento de nuestras almas. Usted probablemente necesita más que otros el vigor y la fuerza interior que le brinda el pan eucarístico, para mantener la esperanza y para vencer las dificultades del camino. Conozco muchos cristianos que son víctimas de separaciones o divorcios no queridos, que están plenamente insertados en la vida de la Iglesia, colaborando en la catequesis, en la pastoral de la salud, en el voluntariado de Cáritas o en la pastoral litúrgica. A todas ellas les agradezco los servicios estupendos que prestan a la Iglesia. Ni la doctrina ni la praxis de la Iglesia imponen mermas de los derechos de un fiel católico en estas circunstancias. Por ello, invito a las personas que viven en esta situación a no considerarse ni marginadas ni excluidas de la vida de la Iglesia, de su culto y su apostolado. Los Delegados diocesanos de Familia y Vida mantienen reuniones periódicas con un grupo de estas personas, para ayudarles a vivir su fe y su situación con esperanza. (30-4-2017)

El patrimonio artístico de la Archidiócesis de Sevilla es muy rico, pero supongo que no tiene los medios necesarios para mantenerlo, ya que los fondos son escasos y la ayuda oficial nula. ¿Usted estaría dispuesto a vender bienes muebles o inmuebles para atender a la conservación de tan vasto patrimonio?

Lo primero que tengo que decir es que la Archidiócesis de Sevilla no es rica en dinero contante. También es verdad que no tenemos deudas ni con bancos ni con nadie. Por otra parte, desde 2010 no recibimos ayuda alguna de la Administración autonómica para la conservación del patrimonio calificado como BIC a pesar del convenio firmado por la Iglesia en Andalucía en 1986, que así lo preveía. ¿Quién nos ayuda? Es significativa y ejemplar la ayuda del Excmo. Cabildo. Nos ayudan también algunos ayuntamientos, que entienden que la iglesia es el edifico más bello de su pueblo o ciudad y que es además la síntesis de su raíces religiosas, históricas y culturales. Es de destacar la ayuda generosa y ejemplar de la Fundación Sevillana-Endesa, que en estos años ha iluminado artísticamente un buen número de iglesias. En la restauración de Santa Catalina nos ayuda además la Fundación La Caixa, y nos ayudan de forma significativa los fieles, que aman sus templos y que no quieren que de ninguna manera se degraden. Mi gratitud a todos. Que Dios se lo pague. Espero no tener que vender patrimonio. Nunca lo he hecho en los casi 20 años de obispo, ni tengo intención de hacerlo. (2-04-2017)

Si tuviera sólo un minuto para conversar con alguien que nunca haya oído hablar de Jesucristo, ¿qué le diría?

Primero le mostraría la vida, la doctrina, los dichos y los hechos de Jesús, entre ellos sus milagros. Después, en el corto espacio que usted me concede, le diría que el encuentro personal con Jesucristo es un manantial inagotable de alegría, de gozo, de esperanza y de sentido para nuestra vida. Le pediría que no se pierda esa experiencia. Si me deja usted algún tiempo más le mostraría el caso de tantos hombres y mujeres que han tenido la dicha de  encontrarse con Jesús: los pastores de Belén, los Magos de Oriente, Pedro y Andrés, Santiago y Juan, Mateo, Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Rafael Arnaiz… El contacto con Jesús les convirtió y les transformó, experimentando una insospechada plenitud de sentido, de firmeza, seguridad y consistencia para su vida, y una esperanza que nunca defrauda. Si usted me da una pequeña prórroga todavía le hablaría de Zaqueo, jefe de publicanos y rico, que tiene la suerte de que Jesús se fije en él y le pida alojarse en su casa, recibiéndole muy contento. Es el caso también de la Samaritana, que después de su diálogo con Jesús junto al pozo de Jacob, vuela llena de alegría a comunicar a sus paisanos que ha encontrado al Mesías. Y es que, como escribiera el papa Francisco en Evangelii Gaudium, con Jesús, siempre nace y renace la alegría. (26-03-2017)

Hace algunas semanas usted respondía a la pregunta: ¿Qué se puede hacer para que los adolescentes no pierdan interés por ir a Misa? Me sorprendió que no hiciera usted alusión al problema fundamental que es que las Misas resultan muy aburridas para los jóvenes, celebradas muy rutinariamente, con poca preparación y homilías interminables.

En mi respuesta aludía yo a la desbandada de los adolescentes después de la confirmación. Aludía también a las causas de esta escasa perseverancia: a la carencia de un ambiente religioso en el hogar, a los padres que no son practicantes y que no dan ejemplo a sus hijos, que crecen en un ambiente pagano. Aludía también a la responsabilidad de la parroquia, que en muchos casos no ha creado caminos de perseverancia para los adolescentes y jóvenes. En muchas parroquias no existe pastoral juvenil, ni personas que acompañen a los jóvenes en su vida de fe. Así acaban desvinculándose de la parroquia y de la Iglesia. No podemos olvidar la secularización envolvente que padecemos ni la la pertinaz lluvia ácida que quema el humus cristiano de nuestra tierra. Todo esto llega a los jóvenes en la calle, en las diversiones, en el instituto, en la universidad y a través de la televisión. Son los mitos efímeros y los falsos maestros de los que hablara san Juan Pablo II. Una causa más, desde luego no la más importante de este estado de cosas, puede ser la Misa dominical y la homilía. Advierto que la Santa Misa no se puede convertir en un circo. Es algo muy serio. Tampoco la homilía puede ser un espectáculo. El sacerdote no puede erigirse en protagonista, que sólo es el Señor, que ha de brillar más que el predicador. La homilía ciertamente debe ser breve, cálida, fervorosa y bien preparada. No es una charla o una clase. No puede romper el ritmo ni la armonía de la celebración litúrgica y debe ser siempre una invitación vibrante a la conversión continua. Aseguro a la persona que me formula la pregunta que rezo por sus hijos. También por la perseverancia de los jóvenes que confirmo y por los padres que, a pesar de haber puesto los medios, sufren por no haber conseguido que sus hijos permanezcan en la Iglesia. (19-03-2017)

 

Tengo la impresión de que usted no corrige de forma eficaz los muchos abusos litúrgicos que se dan en la Archidiócesis en la celebración de la Santa Misa, comenzando por las vestimentas utilizadas, los textos inventados, incluso en la plegaria eucarística, las actitudes que rozan el ridículo y las celebraciones colectivas del sacramento de la penitencia, que bien sabe usted que son nulas. ¿Estoy en lo cierto?

Con toda humildad creo que no. Usted habla de muchos abusos litúrgicos. Permítame decirle que es verdad que todo lo que usted enumera se da o se ha dado en nuestra Archidiócesis, pero, a mi juicio, estos casos ni mucho menos están generalizados. Son más bien la excepción. Lo normal es el respeto por las normas de la Iglesia, tema este que he tratado en muchas ocasiones con los sacerdotes, de palabra y por escrito. Les he dicho que la obediencia del sacerdote tiene una dimensión doctrinal, el respeto a las enseñanzas de la Iglesia en su flanco dogmático y en su aspecto moral, tanto en la homilía, la catequesis y las sesiones de formación, como en el confesionario. Les he hablado también muchas veces del respeto a las rúbricas del Misal Romano y les he dicho que la creatividad que las rúbricas permiten en unos pocos momentos de la celebración no puede convertirse en algo habitual en el transcurso de la misma y mucho menos caer en el esperpento. He insistido por activa y por pasiva en que las celebraciones comunitarias de la penitencia sin manifestación personal de los pecados y absolución individual son un abuso clamoroso y un engaño para los fieles, pues no existe el sacramento. Puedo añadir que cuando me he enterado de casos como este, me he puesto en contacto con el sacerdote responsable y le he corregido paternalmente. (12-03-2017)  

 

¿Qué libros recomendaría para un adulto que se inicia en la fe de la Iglesia?

Sería tarea ardua señalar libros útiles para la iniciación de los adultos en la fe. Son muchos y muy estimables. No quiero señalarme con ninguno y sí deseo recomendar uno muy importante, el Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado en el otoño de 1992 por el papa Juan Pablo II y considerado como el fruto más precioso del Concilio Vaticano II. En él se expone de forma orgánica, sistemática e íntegra la fe de la Iglesia en el lenguaje acreditado por la Tradición. Su publicación en más de cincuenta idiomas constituyó un auténtico acontecimiento en todo el mundo. A lo largo de estos casi veinticinco años, los obispos, sacerdotes, consagrados y laicos hemos ido apreciando la utilidad y valor de este auténtico don de Dios a la Iglesia de nuestro tiempo. En junio de 2005, el papa Benedicto XVI promulgó el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, llamado a ser libro de cabecera o vademécum de los buenos cristianos deseosos de formarse. Se trata de un texto más breve y de más fácil lectura que el Catecismo primero, pero es completo, seguro y en estrecha armonía con él. Contiene todos los elementos esenciales de la fe y de la moral católica, formulados de una manera sencilla, accesible a todos, clara y sintética. Su fuente lógicamente es el Catecismo de 1992, texto de referencia, que sigue manteniendo toda su autoridad e importancia, pues en él se encuentra la exposición armoniosa y auténtica de cuanto los católicos tenemos que creer y de aquello que hemos de practicar. No cabe dudar que ambos catecismos son los mejores instrumentos posibles para la iniciación de los adultos en la fe. (05-03-2017)

Oí su homilía en la clausura del Año de la Misericordia y me pareció algo triunfalista. ¿Tantos han sido los frutos de este Jubileo?

Le agradezco su sinceridad. En este, como en tantos casos, podemos aplicar aquello del vaso medio vacío o medio lleno. Tal vez yo soy más optimista que usted. De cualquier forma, estoy convencido de que el Año de la Misericordia, ha sido una profundísima experiencia de gracia para nuestras comunidades. Aquí no cabe aplicar los criterios de un agrimensor. Sólo Dios conoce con precisión los muchos dones de conversión y vida cristiana que Él nos ha concedido a lo largo de este Jubileo, en el que le hemos pedido perdón por nuestras actitudes de prepotencia y altanería, por nuestras omisiones cainitas, por pasar de largo ante los dolores de los hermanos y por habernos olvidado de caminar por las sendas de la misericordia. Me consta que el experimentar la misericordia de Dios en nuestras vidas ha movido a no pocos a ofrecer el perdón y la misericordia, a rehacer relaciones rotas, a mirarse a los ojos, a darse la mano, y a restaurar la paz, la comunión y la concordia. La contemplación del rostro de Cristo ha llevado a muchos cristianos a abrir el corazón y  comprometerse ante situaciones de pobreza y sufrimiento, los enfermos,  los ancianos, los sin techo y, especialmente los parados, adultos y jóvenes, tan numerosos entre nosotros, para los que hemos inaugurado, con la ayuda de la comunidad diocesana y la gestión de Cáritas, un Centro de reinserción laboral verdaderamente modélico, que quedará como hito visible del Jubileo. También nuestras Cáritas han rivalizado en iniciativas de servicio a los pobres, haciendo de las parroquias, asociaciones, hermandades y movimientos oasis de misericordia. De este modo, todos hemos contribuido a hacer más auténtica la vida de la Iglesia. Los sacerdotes nos dicen que han advertido un repunte en la estima del sacramento del perdón, pues han sido cientos los cristianos que se han confesado en la Cuaresma y en las peregrinaciones numerosísimas a los templos jubilares. (05-02-2017)

Qué tipo de formación es necesaria para los hermanos de una Hermandad sacramental y, en concreto, para los miembros de su junta de gobierno?

En una carta semanal reciente he hablado sobre la formación cofrade y he insistido mucho en su importancia decisiva, pues sólo se ama aquello que bien se conoce. Sólo podremos amar a Jesucristo, a su Madre bendita y a la santa Iglesia si conocemos el misterio y la persona de Jesús y las verdades capitales de la fe y de la moral cristianas. Sólo así podremos además dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza. Más de una vez he afirmado que a mí me bastaría con que los cofrades conocieran en profundidad el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. Sería estupendo y muy loable. Por lo que respecta a las Hermandades sacramentales llamadas puras, les pediría que traten de conocer en profundidad el misterio eucarístico, centro y culmen de la vida cristiana, corazón de la Iglesia y su mayor tesoro. Les pediría además que sigan fortaleciendo las actitudes de adoración, alabanza, contemplación y reparación. Otro tanto pediría a las Hermandades que fueron sacramentales en su origen y que después se fusionaron con otros títulos y advocaciones. Qué bueno sería que trataran de reverdecer  su identidad originaria. (29-01-2017)

¿Cómo son sus relaciones con las otras comunidades cristianas presentes en Sevilla?

Son relaciones correctas, fraternas y amistosas. No podría ser de otra manera, pues como nos dijera el papa  Juan Pablo II en la encíclica "Ut unum sint": el ecumenismo es "un imperativo de la conciencia cristiana" porque trata de responder a la oración de Jesús: "Padre, que todos sean uno" (Jn. 17, 21). Hasta principios del siglo XX las Iglesias cristianas vivían de espaldas e ignorándose. No digamos nada con respecto a las religiones no cristianas. El ecumenismo católico recibe un impulso decisivo en el Concilio Vaticano II y el pontificado del papa Juan XXIII. Ha sido impulsado también por los papas Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y el papa Francisco. Del desconocimiento y el recelo hemos pasado al aprecio, al afecto y a la colaboración, conscientes de que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Otro tanto cabe decir de los no cristianos, con los que la Iglesia mantiene hoy relaciones respetuosas y cordiales. Por lo que respecta a la Archidiócesis de Sevilla hemos de decir otro tanto. El Delegado diocesano de ecumenismo y relación con las confesiones cristianas mantiene una relación constante, positiva y fluida, también de ayuda. Con ocasión de la Semana de oraciones por la unidad de los cristianos, tenemos varios actos, a los que invitamos a los cristianos de otras confesiones que acuden regularmente. El Delegado acude a las fiestas de los no cristianos, musulmanes y judíos, llevando el saludo de los obispos y de la comunidad católica. (22-01-2017)

¿Tiene sentido ofrecer misas en sufragio por las almas de los no nacidos y más en concreto por las víctimas del aborto?

La Iglesia ha enseñado siempre que los niños que mueren sin el bautismo, entre ellos las víctimas del aborto provocado o del aborto natural, no pueden ir al infierno por no haber cometido pecados personales. Por otra parte, la Iglesia afirma que el medio exclusivo para perdonar el pecado original es el bautismo.
Aunando ambos principios, en el pasado los teólogos aseguraban que los párvulos que mueren sin el bautismo, no pueden ir al infierno, pero tampoco al cielo, sino al limbo, un estado que no entraña la convivencia con Dios ni la visión de su rostro. Esta posición mantenida por muchos teólogos a lo largo de los siglos, no tiene apoyo en la revelación y ha parecido dura, e incluso cruel, a otros muchos. Por ello, el papa Benedicto XVI pidió a la Comisión Teológica Internacional el estudio del tema, que fue tratado entre diciembre de 2005 y octubre de 2006. Fruto de este estudio es el documento “La esperanza de salvación para los niños que mueren sin Bautismo”, cuya publicación fue autorizada por el Papa el  19 de enero de 2007. En sus conclusiones se dice que no hay nada en la revelación que permita sostener la existencia del limbo y que, si bien el único medio que la Iglesia conoce para el perdón del pecado original es el bautismo, eso no significa que Dios no pueda perdonarlo de otra manera. De modo que, confiando en su infinita misericordia, la Iglesia puede creer que los niños que mueren sin bautismo van al cielo. No hay datos revelados que confirmen esta afirmación, pero tampoco los hay para rechazarla. Por ello, los padres, cuyos hijos han muerto sin el bautismo, fundándose en la misericordia de Dios, pueden consolarse sabiendo que sus hijos están en el cielo. Pueden incluso encomendarse a ellos. El Catecismo de la Iglesia Católica (1992) añade que «la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven (1 Tm 2,4) y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: “Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis” (Mc 10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños muertos sin Bautismo…”. Por ello, desde esta perspectiva carece de sentido la celebración de sufragios por las víctimas del aborto o por los niños muertos sin el bautismo. (15-01-2017)

¿Tiene el deseo o intención de construir nuevos templos parroquiales en el centro de Sevilla o sus arrabales más cercanos?

En  estos momentos estamos construyendo la nueva parroquia de San Juan Pablo II en Montequinto (Dos Hermanas). Hemos erigido la parroquia de San José en la misma población, desgajada de la parroquia de Ntra. Sra. de la Oliva. Aunque tenemos ya el terreno, gracias a la generosidad del Ayuntamiento, su construcción, por motivos presupuestarios, no comenzará hasta finales de 2017. Ahora mismo no está prevista la construcción de nuevas parroquias por no juzgarlo necesario. Sí que es preciso dotar de locales para usos pastorales a parroquias de la periferia de Sevilla capital que carecen de ellos o mejorar las estructuras, sobre todo las cubiertas, de algunas parroquias de las mismas zonas, construidas con una cierta precariedad hace una cincuentena de años. Por lo demás, la Archidiócesis debe seguir atendiendo a la conservación del ingente patrimonio histórico artístico que atesora, que siendo un timbre de gloria, también supone una enorme carga para sus limitados recursos, máxime en estos años en que hemos dejado de recibir la ayuda de la Consejería de Cultura, que fue significativa hasta el año 2010. Ahora dependemos exclusivamente de nuestros propios recursos, de la ayuda generosa de los fieles y de algunos Ayuntamientos.  (25-12-2016)

¿No cree necesaria la figura de un portavoz de la Archidiócesis que conceda mayor inmediatez a la figura del delegado de medios?

No me parece necesario crear la figura del portavoz de la Archidiócesis porque ya  existe. El artículo 55, 6º del Estatuto de la Curia Diocesana establece que es misión del Secretario General y Canciller “ejercer como portavoz oficial de la Archidiócesis”, que deberá intervenir en todos los asuntos de alguna entidad, dejando el trabajo cotidiano de relaciones con la prensa al Delegado diocesano de Medios y a sus colaboradores en la Oficina de Prensa. La mención de la Delegación y de la Oficina me permite manifestar mi satisfacción con el quehacer y funcionamiento de este importante órgano de la Curia. En estos años hemos mejorado palpablemente la hoja diocesana Iglesia en Servilla y se ha mejorado también ostensiblemente la página Web, que se actualiza cada día, brindando a los lectores, a los visitantes y a la opinión pública información continua y actualizada de la vida de nuestra Iglesia particular. Por otra parte, se han retomado y mejorado los programas religiosos de COPE de ámbito diocesano y se atiende con diligencia y con rigor a los periodistas. Sirve a la Delegación un ramillete de buenos profesionales bien dirigidos por el Delegado, a los que agradezco su excelente servicio. (18-12-2016)

Desde el Arzobispado, no podría recomendarse encarecidamente a los sacerdotes que tengan en cuenta las indicaciones de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium sobre el contenido y preparación de las homilías?

Respondo a esta pregunta con mucho gusto puesto que se trata de un tema mayor que, como dice el Papa Francisco, requiere una seria evaluación por parte de los pastores. Son muchas las llamadas de atención de los fieles, ante las que no podemos hacer oídos sordos. De suyo la homilía debe ser una fuerte experiencia religiosa, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento. El Nuevo Testamento nos dice que Dios quiere llegar al corazón de los fieles a través de la palabra del predicador. En su vida pública, Jesús se ganó el corazón de la gente. Venían a escucharlo de todas partes y se quedaban maravillados bebiendo sus enseñanzas. Sentían que les hablaba como quien tiene autoridad. Los Apóstoles son elegidos «para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar» a todos los pueblos. A través de la homilía, en el contexto de la asamblea eucarística, Dios dialoga con su pueblo y le recuerda las maravillas de la salvación y las exigencias de la alianza. La homilía no puede ser un espectáculo entretenido. El predicador no puede erigirse en protagonista, que sólo es el Señor, que ha de brillar más que el ministro. La homilía debe ser breve, cálida, fervorosa y bien preparada. No es una charla o una clase. No puede romper el ritmo ni la armonía de la celebración litúrgica y debe ser siempre una invitación vibrante a la conversión continua. (11-12-2016)

Qué se puede hacer para que los adolescentes no pierdan interés por ir a Misa?

Enfoco la respuesta desde una perspectiva más amplia, la perseverancia de los adolescentes después de la confirmación. Los sacerdotes y los catequistas me dicen que en muchas ocasiones  se confirman un viernes, y al domingo siguiente ya no participan en la eucaristía, tal vez porque entienden que con la confirmación ya  han cumplido y como que han recibido una licencia tácita para desvincularse de la Iglesia, para “pasar” de la Iglesia. Piensan que la confirmación es un punto de llegada más que un punto de partida de una vida cristiana más consciente, dinámica y comprometida. ¿Por qué sucede esto? Una causa pueden ser las familias, muchas de las cuales han dimitido de su obligación principalísima de ser los primeros comunicadores de la fe de sus hijos. En muchas ocasiones no existe un ambiente religioso en el hogar, los padres no son practicantes, no dan ejemplo a sus hijos, que crecen en un ambiente pagano. Por ello, es tan importante la pastoral familiar. En ocasiones la responsabilidad está en la parroquia, que no ha creado caminos de perseverancia para los adolescentes y jóvenes. No existe quién les acompañe en su vida de fe y acaban desvinculándose de la parroquia y de la Iglesia. Por ello, son tan importantes los grupos juveniles parroquiales, los jóvenes de Acción Católica u otras instituciones que ayudan a los jóvenes a perseverar, cosa que por libre y a la intemperie es casi imposible. (04-12-2016)

¿Qué planes tiene la Iglesia con el monumento al Sagrado Corazón? (además en 2018 será el 70º aniversario de su inauguración)

El complejo del monumento está cumpliendo una importante misión: Además de la parroquia de los Sagrados Corazones, que atiende a aquella feligresía y trata de potenciar la devoción a sus sagrados titulares, allí está también la Casa de Ejercicios de Betania, servida por la Misioneras Cruzadas de la Iglesia. Es un lugar de gracia para todos aquellos que buscan retirarse a un lugar tranquilo y apartado para estar a solas con el Señor a la búsqueda de la propia conversión. Allí está también la Casa de Cursillos, recientemente restaurada, que tantos frutos sobrenaturales nos está deparando como camino de primer anuncio y de encuentro con el Señor para tantos cristianos sevillanos. Dios quiera que se doblen los cursillos programados para cada año, pues es grande el bien que están haciendo. En torno al Monumento al Sagrado Corazón está también el Seminario Menor, que en un ambiente alegre y familiar, de piedad y de estudio, acompaña en su formación a un pequeño grupo de adolescentes ayudándoles a discernir y cultivar los gérmenes de vocación que ellos mismos han descubierto. Gracias a Dios y al trabajo de los formadores, en sus cinco años de existencia ha enviado ya una docena de vocaciones al Seminario Mayor. Por lo que respecta al 70 aniversario del monumento, es seguro que celebraremos la efeméride como se merece, aunque todavía es prematuro pensar en un programa concreto cuando todavía faltan dos años.(27-11-2016)

¿No cree que se están poniendo demasiadas trabas para acceder a los Sacramentos, como el bautismo y el matrimonio?

Cuando acudimos a pedir un servicio de cualquier orden en la vida cotidiana, lo que queremos es que nos sirvan del modo más rápido y barato posible. Los sacramentos son algo muy serio y tienen otra lógica. En primer lugar, son un don de Dios y también reclaman las disposiciones adecuadas en quien los recibe. Las condiciones que pone la Iglesia para el que pide los sacramentos de la iniciación cristiana, bautismo, eucaristía y confirmación, buscan ayudar a la persona a que los reciba de una manera consciente, libre y agradecida. Para ello se necesita la preparación doctrinal en orden a adquirir los conocimientos básicos e imprescindibles sobre cada uno de los sacramentos que va a recibir. Se necesita también la preparación espiritual del aspirante, de modo que la recepción del sacramento sea para él un auténtico acontecimiento de gracia. Por lo demás, el Directorio de la Iniciación Cristiana exige que los padrinos del bautismo estén confirmados, exigencia totalmente lógica, pues están llamados a cooperar con los padres en la transmisión de la fe a sus ahijados. Igualmente se exige que quienes van a casarse hayan recibido también el sacramento del Espíritu, cosa lógica pues están llamados a ser los primeros catequistas de sus hijos. (20-11-2016)

En una homilía quise entenderle que las Hermandades Sacramentales deben ser consideradas como de mayor rango que las Hermandades de penitencia o de gloria. ¿Estoy en lo cierto?

No exactamente. En la Archidiócesis hay un pequeño número de Hermandades Sacramentales puras,es decir, no agregadas a otros títulos. Hay un número superior de Hermandades Sacramentales que en su día se fusionaron con otras, fundamentalmente de penitencia, quedando subsumido su carácter eucarístico por determinadas advocaciones. En la ocasión a la que usted alude quise desear que las hermandades sacramentales llamadas puras se revitalicen, crezcan en número de hermanos y ocupen el lugar que les corresponde en el mundo cofrade, pues es mucho lo que pueden aportarle. Ellos no veneran a una representación del Señor o de la Santísima Virgen, sino al Señor mismo, presente en la Eucaristía, con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad, con una presencia real, verdadera y sustancial. Otro tanto quiero decir a aquellas hermandades en las que no ha desaparecido su carácter sacramental, pero que es menos relevante que los misterios del Señor o de María. Qué bueno sería que no olvidaran sus raíces y potenciaran su dimensión sacramental, pues no en balde la Eucaristía es el corazón de la Iglesia, su mayor tesoro, el centro y culmen de la vida cristiana. El culto a la Eucaristía, en la celebración de la Santa Misa y en la adoración, es el mejor camino para la renovación y edificación de nuestras comunidades, incluidas las Hermandades. (13-11-2016)

¿Cree que el papel de la mujer en la Iglesia debe evolucionar como lo ha hecho en la sociedad?

La Sagrada Escritura nos dice que hombres y mujeres son iguales y tienen la misma dignidad. Ambos han sido creados a imagen de Dios (Gen 1,24-31). En la edad antigua nadie como Jesús hizo tanto por el respeto y el reconocimiento de la dignidad de la mujer. Basta constatar el trato que dispensa Jesús a la mujer sirofenicia (Lc 7, 24-37), a la mujer pecadora en casa de Simón el fariseo (Lc 7,36-50), a la mujer encorvada (Lc 1310-17), a la mujer sorprendida en adulterio (Jn 8,3-11) y a la samaritana (Jn 4,4-42). San Pablo, por su parte, nos dice que en el cristianismo no hay distinción entre judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer, porque todos somos uno en Cristo Jesús (Gal 3,28). En los primeros compases de la vida de la Iglesia no faltaron mujeres en la epopeya evangelizadora del mundo entonces conocido: Priscila, esposa de Aquila (Hech 18,26) y Febe, diaconisa de Cencres (Rom 16,1), Trifena, Trifosa, Pérsida, Julia, Olimpia, María y Junia, entre otras muchas (Rom 16,6-15). En los últimos años, sobre todo a partir de la publicación de la carta apostólica Mulieris Dignitatem de Juan Pablo II sobre la mujer, se ha recorrido un largo camino. Hoy son muchas las mujeres que ocupan cargos de importancia en la Santa Sede y en las Curias diocesanas. No obstante, el papa Francisco ha declarado que es necesaria una reflexión de toda la Iglesia "para dar mayor valor a la presencia de las mujeres". En ello estamos. Dios quiera que todo esto no quede en meros deseos. (06-11-2016)  

¿Tiene algunas veces la sensación de que sus palabras caen en saco roto, de estar predicando en el desierto?

Mi impresión es que los fieles escuchan mis homilías no sólo con respeto sino también con atención. De suyo la homilía es una gracia actual, una siembra en el corazón de los fieles. El papa Francisco nos dice en Evangelii Gaudium que debe ser siempre una fuerte experiencia religiosa, un reconfortante encuentro con la Palabra y una fuente constante de renovación y de crecimiento. En la homilía el protagonista no es el ministro que predica sino Dios nuestro Señor que quiere llegar al corazón de los fieles a través de la palabra del predicador. Lo importante es sembrar, aunque la semilla no germine al instante, que es lo que sucede ordinariamente en la vida natural. En muchas ocasiones me he encontrado con personas que me han confesado que en primera instancia no fueron receptivos ante mis consejos, homilías o instrucciones, y que, pasado un tiempo, todas aquellas cosas que yo dije les dejaron huella y les sirvieron. Con esta persuasión y con este ánimo escribo mi carta semanal y predico o hablo a los fieles en tantas ocasiones, convencido de que Dios con su gracia hará el resto. De todas formas, en líneas generales, no tengo la impresión de estar predicando en el desierto. Hay muchos fieles que me leen o me escuchan asiduamente y me agradecen mi modesta ayuda. Yo se lo agradezco de corazón. (30-10-2016).

¿Cree que la lectura del Evangelio, por encima de la formación y la oración, es lo que más ayuda a los agentes de pastoral?

Estoy convencido de que la lectura del Evangelio y en general de la Palabra de Dios es muy importante en nuestra vida cristiana. El Concilio Vaticano II nos dijo que la Palabra de Dios debe ser la fuente primera de nuestra oración y meditación y la inspiradora de nuestra existencia cristiana. San Jerónimo nos dijo que desconocer la Escritura es desconocer a Cristo, porque, como nos dice san Pablo, en ella se encuentra la ciencia suprema de Cristo. Gracias a Dios, después del Vaticano II ha crecido en los laicos el interés y el conocimiento de la Sagrada Escritura. Yo no pondría este conocimiento por encima de la formación y menos aún de la oración. La formación de los llamados agentes de pastoral y, en general, de los laicos, debe comprender de modo eminente el conocimiento de la Palabra de Dios, del mismo modo que la oración debe partir de la Palabra que nos salva, de la lectio divina, hoy tan popularizada. Quiero subrayar la principalidad de la oración en nuestra vida, pues somos lo que rezamos, como nos dijera el papa san Juan  Pablo II. Por otra parte, sin oración en nuestra pastoral no seremos más que “un metal que resuena o unos platillos que aturden" (I Cor 13,1), puesto que nos faltará capacidad de persuasión para mover los corazones. Sin oración, el conocimiento de la Sagrada Escritura se convertirá en pura erudición.   (16-10-2016)

Usted con frecuencia añade una plegaria en las Misas que preside por las vocaciones. Es normal que a usted le preocupe el florecimiento de los Seminarios como último responsable de nuestra Archidiócesis. ¿Le preocupa igualmente las vocaciones a la vida consagrada?

Efectivamente, en las Misas que presido añado una plegaria por las vocaciones, un tema mayor en la vida de la Iglesia en esta hora. Estoy convencido de que el obispo debe ser el primer promotor de las vocaciones. Pero no me limito a pedir al Señor que nos envíe vocaciones a los seminarios diocesanos. Pido también que mire a los ojos de los jóvenes, chicos y chicas, y les toque el corazón, para que sean muchos los que se decidan a seguir al Señor y ofrendarle la vida al servicio de la Iglesia y del anuncio del Evangelio en el sacerdocio diocesano o en la vida consagrada masculina y femenina. Estamos viviendo en Europa un largo invierno vocacional. La pastoral de las vocaciones es un tema coral. No es la canción de un solista, sino una obra sinfónica, en la que deben implicarse los sacerdotes y religiosos, los seminaristas, los catequistas y profesores de religión, los educadores y los padres y madres de familia. En  este campo no es infrecuente la tentación del desaliento, pues en ocasiones puede dar la impresión de que el trabajo es inútil por la escasez de sus frutos. Por ello invito a todos los implicados en la pastoral de las vocaciones a enraizarse en la esperanza  y a considerar la oración por las vocaciones como el alma de esta pastoral, pues es Dios quien llama y quien toca el corazón de los llamados. (23-10-2016)

¿Tienen que mejorar las relaciones entre movimientos eclesiales seglares para crecer en común?

No es este el aspecto más deficitario del laicado asociado de nuestra Archidiócesis. Más de una vez he afirmado que uno de los logros más notables de la actual Delegación Diocesana de Apostolado Seglar es el avance que se ha ido consiguiendo en los últimos años en el conocimiento mutuo, la estima y el trabajo conjunto. Doy gracias a Dios por ello y también al Delegado y a su equipo. Como he escrito recientemente en una de mis cartas semanales, en el pasado ha predominado la atomización de las organizaciones del apostolado seglar y su desconexión entre sí. Los grupos y movimientos apenas se conocían, tal vez porque no existían cauces de comunicación, conocimiento y colaboración. En el momento histórico que estamos viviendo, tan difícil para la fe y para la evangelización, la unidad y la comunión son más necesarias que nunca, respetando los carismas y la identidad de cada uno, pues es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. En esta hora, por sentido de responsabilidad y de eficacia, necesitamos remar en la misma barca, en la misma dirección, con el mismo ritmo y con la misma intensidad. Por otra parte, nuestras pequeñas o grandes divisiones son un escándalo y un obstáculo para la evangelización, pues el mundo, conforme a la palabra de Jesús en la noche de Jueves Santo, sólo creerá en nosotros los cristianos más que si nos ven unidos. (9-10-16)

¿Cómo debemos actuar los católicos ante las críticas que sufrimos por parte de algunos sectores de la sociedad?

Opino que debemos aceptarlas con humildad y gratitud si están bien fundamentadas, pues una crítica sana, hecha con rectitud de intención y con verdad, siempre es atendible y nos ayuda a  convertirnos y a mejorar. Lo que pasa es que no siempre es así. Un teólogo del siglo XX todavía vivo, reconoce que muchas de las críticas que se formulan contra la Iglesia están justificadas y son sencillamente verdaderas. Sin embargo, dice también que muchas de ellas son "tontas, petulantes, e injustas y, muy a menudo, simplemente falsas, y más de una vez incluso malignas”. A veces se critica una Iglesia que ya no existe. Otras veces se echa mano de tópicos superados y desde un desconocimiento bastante notable del ser de la Iglesia, porque se la crítica desde fuera, sin conocerla, sin vivir en ella y con ella. En ocasiones las críticas pueden provenir del interior de la Iglesia, de un deseo noble y constructivo de mejorarla, de purificarla, para que sea auténticamente la esposa de Cristo. En este caso la crítica es positiva, ya que reconociendo y respetando la dimensión divina de la Iglesia, se censura sólo lo malo de la Iglesia en su dimensión humana, que no es su ser legítimo, sino ilegítimo, no su autenticidad, sino su perversión. No está dado por la voluntad santa de Dios, sino por el fallo de los hombres que forman la Iglesia. (02-10-2016)

¿Hay mucha diferencia entre las escuelas diocesanas del ISCR y los grados de bachiller y licenciatura. ¿No podría recuperarse un nivel intermedio como era la recordada Teología para Seglares?

La Escuela de Teología para Seglares desempeñó un papel importante durante años en la formación de los laicos, pero  no tenía reconocimiento oficial, ni podía expedir títulos. Un servidor pensó que Sevilla tenía derecho a un Instituto Superior de Ciencias Religiosas, capaz de impartir una enseñanza de calidad, con la posibilidad de expedir los títulos de bachillerato y licenciatura en Ciencias Religiosas como otras diócesis incluso más pequeñas. En consecuencia, solicité a la Santa Sede su erección, que gracias a Dios nos fue concedida. Los Institutos Superiores de Ciencias Religiosas son la respuesta de la Iglesia a la necesaria formación teológica de las religiosas, de los profesores de Religión, de los candidatos al diaconado permanente y a los ministerios y servicios eclesiales, y de los laicos en general, llamados a comprometerse activamente en la tarea de la evangelización. Tales centros ofrecen una enseñanza básica, completa, orgánica y sistemática de la teología, de nivel universitario. En nuestro caso tenemos un profesorado excelente, y también unas instalaciones magnificas y una biblioteca sobresaliente. Tengo que advertir que cabe la posibilidad de matricularse como oyente e, incluso, en asignaturas sueltas, sin la obligación de rendir exámenes. Las Escuelas diocesanas son otra cosa. Tienen un marcado carácter práctico y tratan de formar agentes para los distintos sectores de la pastoral. (25- 09-2016)

Me dicen que desde hace meses, en todas las misas que celebra usted en las parroquias añade una oración por España ¿Puede decirnos qué pide al Señor?

Es cierto que introduzco esa plegaria. Previamente lo justifico diciendo que el cuarto mandamiento de la ley de Dios nos obliga a querer y honrar a nuestros padres, y que, dentro de este precepto, se incluye amar, honrar y rezar por nuestra patria, término este casi desaparecido entre nosotros, no así en otras latitudes geográficas. El Catecismo de la Iglesia Católica nos insta a respetar a las autoridades y a orar por ellas “para que podamos tener una vida tranquila y apacible, con toda piedad y dignidad” (1 Tim 2,2). Para nadie es un secreto que en España vivimos desde hace meses situaciones complicadas, en las que no se ve un horizonte despejado. Por ello, invito a los participantes en la Eucaristía a pedir al Señor que infunda en las personas elegidas para representarnos en el parlamento sentimientos de generosidad, de modo que busquen el bien común de los españoles por encima de sus intereses partidistas o personales. Invito también a pedir al Señor que con sus actos de gobierno busquen siempre la paz, la justicia, la libertad, el respeto de los derechos humanos, especialmente de los pobres y de las víctimas de la crisis económica, y también el respeto de los derechos de los creyentes, que no pueden ser ni olvidados ni ridiculizados. (31 de julio de 2016)

Si pudiera enviarles un whatsapp a los jóvenes ¿qué mensaje les mandaría? Tanto a los que son activos en las diócesis como los que están alejados.

Con mucho gusto saludo  a los jóvenes que viven cerca de la Iglesia, vinculados a la pastoral juvenil diocesana, a los grupos juveniles de los religiosos o religiosas y a los vinculados a las Hermandades. A todos les agradezco su cercanía a la Iglesia. A los sacerdotes o religiosos que les acompañan les pido que cuiden su formación cristiana seria, que inicien a los jóvenes en la oración, en la amistad e intimidad con el Señor, en la participación en los sacramentos, especialmente la eucaristía y la penitencia, que les encarezcan el amor a la Iglesia y les inicien en el apostolado y en la experiencia de la solidaridad, el servicio y del descubrimiento del prójimo. Esta es la pastoral juvenil verdadera, la que da frutos vocacionales y de vida cristiana. A los jóvenes alejados de la Iglesia, también los saludo con afecto y les digo lo mismo que Jesús a los dos primeros discípulos: Venid y veréis. La madre Iglesia os espera con los brazos abiertos y desea mostraros a Jesús. Con el papa Benedicto XVI os aseguro que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro, pues como leemos en el documento final de Aparecida, Jesús es la respuesta total, sobreabundante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, el sentido de la vida, la dignidad humana, la felicidad, la justicia y la belleza. (24 de julio de 2016)

¿Cómo se pueden combatir a las denominadas hermandades piratas?

Yo no utilizaría el término “combatir”, que tiene un sentido bélico y agresivo. Hablaría más bien de la ayuda que podemos prestar a estas corporaciones, que normalmente son civiles, para que lleguen a ser instituciones canónicas reconocidas por la Iglesia. Tengo que confesar que personalmente soy partidario de reforzar las hermandades ya existentes, más que de crear instituciones nuevas, que a veces son escisiones de hermandades preexistentes por motivos poco justificados. Esto supuesto, he de decir que la Iglesia hace bien en ser exigente a la hora de otorgar su reconocimiento canónico. Ocurre a veces que el primer paso de estas corporaciones es encargar una imagen y conseguir su bendición. Es como comenzar el edificio por el tejado. Antes conviene que el grupo que desea ser hermandad demuestre su rectitud de intención y su deseo de vivir lo más genuino de la identidad cofrade, fomentando la vida cristiana de sus miembros, su formación, el amor a la Iglesia y su deseo de servir a los pobres. Tiene también que dar muestras de su  voluntad sincera de insertarse en la parroquia y colaborar en las actividades parroquiales, además de seguir un proceso serio de formación. (17 de julio de 2016)

¿Qué le parece la actitud de Europa ante los refugiados?

Es una actitud lamentable y egoísta y, por lo mismo, decepcionante, algo que no responde a la identidad europea más genuina, que siempre ha sido humanitaria y acogedora. Las denuncias del papa Francisco están más que justificadas, pues los refugiados son hijos de Dios, hermanos nuestros, redimidos también por la sangre preciosa de Cristo. No vienen a nosotros como turistas sino huyendo del hambre y la persecución. Tengo la impresión de que las dificultades que se ponen a los refugiados proceden más de las élites dirigentes que de los ciudadanos europeos de a pie. La respuesta de los cristianos de Sevilla al comunicado de la Archidiócesis del 7 de septiembre pasado sobre el drama de los refugiados que llegan a Europa fue altamente positiva. En mi mesa de trabajo tengo una carpeta con docenas de ofrecimientos de particulares, de familias, de instituciones eclesiales, parroquias y casas de religiosos y religiosas dispuestos a acoger. Muy satisfactorio fue también el resultado de la colecta que tuvo lugar el domingo día 13, cuyo importe, 300.000 euros, ha sido enviado por Cáritas diocesana a Cáritas Internationalis al no tener aplicación en Sevilla por no haber llegado refugiados,. Personalmente estoy convencido de que la actitud de algunas autoridades europeas es consecuencia del desvanecimiento de los valores cristianos que han sido el alma de Europa y que han producido una cultura solidaria que en estos momentos parece, por desgracia, desvanecerse. (10 de julio de 2016)

¿Por qué cree que cada vez son más las personas que se alejan de la Iglesia?

Las causas son múltiples. Parto de la base de que la Iglesia no es una sociedad de ángeles, sino de hombres y mujeres defectibles y pecadores. En muchas ocasiones la causa del alejamiento de la Iglesia de muchas personas son, sin duda, los pecados de los miembros de la Iglesia, clérigos y laicos, que no somos tan buenos, tan fieles y santos como debiéramos. Así lo reconocía el Vaticano II al decir que a veces los cristianos con nuestros pecados hemos velado más que revelado el genuino rostro de Dios y de la Iglesia. A todos nos deben impresionar las defecciones y las rupturas con la Iglesia de nuestros hermanos, para hilar más fino en nuestra fidelidad al Señor, dando un testimonio lúcido y convincente de nuestra fe. Estimo que en otros casos el alejamiento de la Iglesia proviene del ambiente secularizado que a todos nos envuelve. En este sentido, hoy es más difícil ser cristiano que hace tres o cuatro décadas porque el ambiente anticristiano nos arrastra. Puede haber casos en los que la causa sea de orden intelectual. Conozco alguno no exento de honestidad y honradez, pero también los hay en que la raíz determinante es la comodidad. Siempre, pero especialmente hoy, ser cristiano exige remar contra corriente y vivir en una atmósfera de tensión moral, y es más fácil, más cómodo y placentero automarginarse de la Iglesia para escapar de las exigencias morales. No faltan quienes en un clima de sinceridad así lo reconocen. (3 de julio de 2016)

¿Cree que la Iglesia ha descuidado su misión evangelizadora para volcarse más en la misión social-caritativa?

Creo honestamente que en ocasiones ha sucedido así. En realidad, la vida de la Iglesia se sustenta en tres columnas: la liturgia, el culto y la celebración de la fe en primer lugar; después el anuncio de Jesucristo y su evangelio en la catequesis, la homilía y todos los medios de transmisión de la fe; y por fin la diaconía de la caridad y el servicio a los pobres. Si en una parroquia falta alguna de estas tres columnas, es evidente que le falta algo esencial. No se puede primar el servicio a los pobres con menoscabo del culto o la evangelización, como tampoco cabe acentuar el culto y la celebración de la fe, abandonando el servicio de la caridad o la evangelización. Si sucede así, a tal parroquia hipotética le falta algo esencial y tendrá que rectificar y entrar en lo que el papa Francisco ha llamado la conversión pastoral, buscando el equilibrio armonioso entre los tres flancos que pertenecen a la esencia de una parroquia, que no es concebible sin Cáritas, como tampoco lo es sin catequesis y sin homilía o sin la Misa diaria, pues siendo cierto que la Iglesia hace la Eucaristía, es verdad también que la Eucaristía hace a la Iglesia, la constituye y la hace crecer. (26 de junio de 2016)

¿Qué cree usted que podemos hacer los jóvenes cristianos para que nuestros compañeros tengan una visión menos materialista y más trascendente de la vida?

Podéis hacer mucho más de lo que creéis. Un joven cristiano que ha conocido a Jesucristo, le ama y está bien arraigado en Él, que tiene corazón de apóstol y ama a sus amigos y compañeros, tiene que sentir en su interior la urgencia de anunciarles a Jesús con la palabra explícita, sin miedo, sin vergüenza y sin complejos. Yo conozco educadores que profesan un crudo ateísmo y no pierden la ocasión de aleccionar a sus alumnos tratando de venderles sin pudor una mercancía para nosotros averiada. Si queremos el bien de nuestros compañeros, el mejor servicio que podemos prestarles es compartir con ellos nuestro mejor tesoro, la fe en Jesucristo, fuente de alegría, de sentido para nuestras vidas, manantial de una insospechada plenitud y de una esperanza que nunca defrauda. No perdáis la ocasión de mostrar lo que vuestro encuentro con el Señor ha supuesto para vosotros, que Él os ha devuelto la luz, la vida y la esperanza. Pero además debéis anunciar a Jesús con el testimonio luminoso, atractivo, elocuente y convincente de vuestra propia vida. No olvidéis que la oración ha sido siempre el alma de todo apostolado. Por ello, encomendad al Señor a vuestros amigos y compañeros para que el Señor les toque el corazón, se encuentren con Él e inicien una hermosa historia de amistad e intimidad  con Él.  (19 de junio de 2016)

He oído hablar del Proyecto Raquel, que ayuda a personas que han sido protagonistas de un aborto. ¿Podría describir sus características?

En nuestra Archidiócesis tenemos una pequeña estructura para la sanación y reconciliación de las mujeres que sienten en su corazón el peso terrible del aborto provocado y sufren un dolor autodestructivo del que no son capaces de liberarse y para el que no encuentran redención. Le llamamos “Proyecto Raquel”, es una iniciativa surgida en los Estados Unidos y su título tiene evidentes resonancias bíblicas (Cfr. Jer 31, 15). En nuestro caso es una apuesta de la Delegación diocesana de Familia y Vida por la sanación de las profundas heridas de la mujer que ha abortado. Para poder perdonarse a sí misma por los errores cometidos es necesario que comprenda primero la verdad y gravedad de lo sucedido y pida perdón a Dios, autor de la vida, y también al hijo a quien eliminó injustamente, y que desde el seno de Dios, intercede por la conversión y sanación de sus padres. Se trata de reconciliarse con la vida, desde la experiencia que supone afrontar lo que ocurrió, experimentando al mismo tiempo la misericordia infinita de Dios, mirando la vida de un modo nuevo y poniendo al Señor en el centro de su corazón. Puede encontrarse información en www.proyecto-raquel.com. Para recabar ayuda se puede acudir al siguiente correo: proyectoraquel@archisevilla.org, o al teléfono 616.88.70.50. Se garantiza las más absoluta confidencialidad. (12 de junio de 2016)

¿Cómo reintegrar en la comunión de la Iglesia a aquellos divorciados que, ni habiendo provocado ni solicitado el divorcio, se declaran católicos y desean participar activamente en la Eucaristía?

Espero haber entendido el sentido de la pregunta. Ciñéndome a la literalidad de la misma, tengo que responder a quien la formula que  no veo ninguna dificultad en que una persona que no ha provocado, ni querido, ni solicitado el divorcio y que no ha emprendido después otra unión, pueda participar activamente en la vida de la Iglesia y recibir la comunión eucarística. Conozco muchas personas, que son sujetos pacientes de separaciones o divorcios no queridos, que están plenamente insertadas en la vida de la Iglesia, colaborando en la catequesis, en la pastoral de la salud, en el voluntariado de Cáritas o en la pastoral litúrgica. A todas ellas les manifiesto mi gratitud por los excelentes servicios que prestan a la Iglesia. En ningún manual de moral o de derecho canónico encontrará usted limitación alguna de los derechos de un fiel de estas características. Por ello, invito a las personas que viven en esta situación a no considerarse ni marginadas ni excluidas de la vida de la Iglesia, de su culto y su apostolado. Existen incluso asociaciones de carácter religioso para estas personas, en las que les invito a integrarse (5 de junio de 2016).

¿Qué espera de las Juntas de Gobiernos de las Hermandades?

En primer lugar que, fieles a sus orígenes, custodien con mimo las buenas esencias de estas instituciones y su verdad más profunda, pues ante todo son asociaciones religiosas, que además del culto a los sagrados titulares, buscan el fortalecimiento de la vida cristiana de sus miembros, su formación doctrinal y moral, el apostolado y el servicio a los pobres. Cabe esperar además de los Hermanos mayores y sus Juntas de Gobierno que, ante todo conato de división o fragmentación, sean humildes artesanos de la paz, la concordia, la reconciliación y la comunión. Por último, los Hermanos mayores y los miembros de sus Juntas de Gobierno deben ser cristianos especialmente ejemplares, cristianos cabales y de calidad, hombres y mujeres de fe, que rezan, que oyen Misa al menos los domingos, que frecuentan los sacramentos de la penitencia y la eucaristía, y que en su vida privada y familiar, en su profesión, en sus relaciones económicas y en todas la facetas de su vida hacen honor a la fe que profesan (29 de mayo de 2016).

¿Cómo podemos evitar que se nos endurezca y acomode el corazón?

Supongo que la persona que formula la pregunta está pensando en el endurecimiento y cauterización de la conciencia, que es algo que tiene su origen en el abandono de la vida espiritual, la oración y el recurso a los medios sobrenaturales, la participación en la Eucaristía, la confesión, el examen de conciencia, etc. En ocasiones es la consecuencia también del abandono o relajación en el campo moral, situación en la que la conciencia se debilita hasta perder el sentido moral o la sindéresis, que según los moralistas es la capacidad natural que todos tenemos para conocer y aplicar los grandes principios del orden moral. A esta situación conduce también la tibieza, que es la situación espiritual más peligrosa que puede acechar a un cristiano, porque el tibio no es consciente de su situación ni de los peligros que le amenazan. En consecuencia, no siente la necesidad de convertirse. El tibio trata de acercarse a Dios sin esfuerzo, sin renuncias, compatibilizando el amor a Dios con pequeñas o grandes transigencias y condescendencias consigo mismo, que en realidad son pequeñas o grandes infidelidades. Es propio de la tibieza la tristeza, el desaliento y la dejadez en la vida interior. ¿Cómo se combate todo esto? Fortaleciendo la vida espiritual, volviendo a la oración, a la participación en la santa Misa, a la confesión frecuente, al examen de conciencia y a la dirección espiritual. Todo ello ayuda a aguzar el sentido moral y a superar la cauterización de la conciencia (22 de mayo de 2016).

¿Qué pueden hacer las familias cristianas con sus hijos e hijas en situaciones complejas como la adicción a drogas, el consumismo, la superficialidad de la sociedad y el nihilismo?

A mi modo de ver, antes de que lleguen esas situaciones, los padres  cristianos han de transmitir la fe, siendo los primeros catequistas de sus hijos, enseñándoles los rudimentos de las verdades cristianas, hablándoles de Jesús y de la Virgen María, iniciándoles en la oración, en la piedad y en la virtud, enseñándoles a distinguir el bien del mal e iniciándoles también en la experiencia de la generosidad y el descubrimiento del prójimo. Son legión los padres que han olvidado esta obligación principalísima y los que tampoco brindan a sus hijos el testimonio luminoso, atractivo y elocuente de su propia vida cristiana, tal vez demasiado volcada en lo material, el dinero y el confort. Aun así, son muchos los padres que habiendo puesto la mayor ilusión en la educación cristiana de sus hijos, ven con dolor que se apartan de la religión y de la Iglesia. A mí me suscitan mucha piedad y rezo por ellos con frecuencia. En la formación de los hijos hay factores que ellos difícilmente pueden controlar: la secularización de la sociedad, la influencia del ambiente y de la televisión y los mitos efímeros y lo falsos maestros de los que hablara el papa Juan Pablo II. En las situaciones extremas que se mencionan en la pregunta, recomiendo a los padres confiar en el poder de la oración, acudir a técnicos que puedan ayudar a sus hijos, mantener la esperanza, pues las semillas del bien que sembraron en sus corazones, antes o después reverdecerán (15 de mayo de 2016).

 

15 comentarios

  1. mara 23:51, Oct 08, 2016

    Me parece ilicitp que se cobren por los sacramentos y que el cura haga y desaga lo que le de la gana en la iglesia. Quiero denunciar este acoso de mi pueblo en sevilla. Donde lo puedo hacer

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    • gestion Author 11:18, Oct 10, 2016

      Buenos días Mara. Puede escribir a secretariageneral@archisevilla.org. Un saludo.

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    • Pepe 20:00, Nov 16, 2016

      Claro, tienes que ser tu la que hagas y desagas en la iglesia, y todo gratis y a tu gusto. Si es que no te entienden. Fíjate, con la de dinero que da la gente en la colecta del domingo y te piden por un bautismo y un matrimonio…

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      • Juvenal 23:10, Ene 06, 2017

        Pepe, hay un obispo, que debe estar muy mal de la cabeza, porque ha usado casi los mismos términos. Jorge Mario Bergoglio. Nombrado para Roma. Es más, las parroquias que frecuento, incluida la mía, solamente dan un sobre al que se empeña y no miran lo que echan dentro. eso sí, las sostenemos lo feligreses. De hecho, por los sacramentos recibidos en mi parroquia, por certificados y documentos, no hubiera pagado un céntimo jamás, frente a lo que me sale al cabo del mes.

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    • Miguel 10:56, Mar 07, 2017

      No explican las cosas. Se debe mantener la conservación de los templos: limpieza, luz, etc por quienes los utilizan. Si explicaran bien las cosas se entenderían. Pero en los clérigos es pedir peras al olmo.

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  2. Miguel 10:53, Mar 07, 2017

    leo que hay cursos de pastoral penitenciaria. Qué significa y cuál es el contenido? En el evangelio no está claro ese concepto.

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  3. Miguel 10:41, Mar 09, 2017

    A qué preguntas responde el Arzobispo? Si se ofrece en esta página a contestar, por qué las ignora y solamente comunica que muchas gracias por la pregunta. La respuesta parece que “está en el viento”. O son comprometidas y es mejor dejarlas en el olvido? Por favorrrr!!!

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    • gestion Author 13:04, Mar 13, 2017

      Buenas tardes Miguel. Desde la Delegación diocesana de Medios de Comunicación trasladamos al Sr. Arzobispo todas las preguntas que se le formulan. Indicarle que la decisión final acerca de las preguntas que son contestadas por el Sr. Arzobispo corresponde, como no podía ser de otra manera, a él mismo. Son numerosas las cuestiones que llegan al Sr. Arzobispo por ésta y otras vías, y mons. Asenjo va dando cumplida respuesta a las que considera oportunas a través de la sección ‘El Arzobispo responde’ de la revista diocesana ‘Iglesia en Sevilla’. Una vez aparecen en la revista, se publican en esta sección de la web diocesana. Agradecemos su interés y quedamos a su disposición para cualquier consulta que desee hacernos. Atentamente.

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  4. Ana pellon 15:38, Jun 24, 2017

    Le deseo muchísimas felicidades!! Rezo todos los días por sus intenciones, un saludo, Ana Pellon (la de Mazarete)

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  5. gestion Author 13:25, Feb 19, 2018

    Buenas María Dolores. Puede escribirnos a iglesiaensevilla@archisevilla.org y enviaremos su comentario a quien corresponde. Un saludo.

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  6. Daniel 10:08, Nov 19, 2018

    Buenos Días. Una pena que la mayoría acuda a estos foros para denostar la labor de la Iglesia y sus párrocos. No olvidemos que son personas, como nosotros, con sus virtudes y pecados y que podremos ayudar más desde la corrección fraterna que desde el escarnio público. Ánimo y enhorabuena por la inmensa labor que llevan adelante.

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  7. José Manuel 18:18, May 12, 2019

    No encuentro en la página la carta del Señor Arzobispo con motivo de la Coronación

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  8. Eduardo 15:59, Ago 28, 2019

    Hola hermanos , les saluda eduardo Vallejos Ciuti , soy de Chile , trabajo pastoralmente en Parroquia san agustín de concepción,dependiente del arzobispado de la Santísima concepción, me interesaría mucho contactarme con encargado del Proyecto Belen , el cual se estaría traspolando a través de la pastoral de la familia para ayuda de la mujer embarazada y peligro de aborto.Me encantaría poder recibir vuestra experiencia y apoyo para realizar una experiencia en esta Iglesia de Chile , en el Señor Jesús y el amparo de nuestra Madre Maria .Soy coordinador del proyecto belen .Bendiciones

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