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Año Murillo (IV): El bautismo de Cristo

Hoy que celebramos la solemnidad del Bautismo del Señor, presentamos esta bella obra que se encuentra en la Catedral de Sevilla, en la Capilla del Bautismo, también llamada de San Antonio. Presidiendo esta Capilla, tras la pila bautismal renacentista del siglo XVI, encontramos la grandiosa Visión de San Antonio, obra de Murillo que comentaremos en esta sección más adelante. Sobre dicha pintura se halla esta espléndida obra del Bautismo de Cristo, encargada por el Cabildo a finales de 1667 y finalizada un año después, en 1668. La escena se desarrolla a orillas del Jordán y Murillo representa el momento en que, al ser bautizado Jesús por Juan, se abre el cielo y desciende el Espíritu Santo, oyéndose la voz del cielo que decía: “Tú eres mi Hijo, el amado, en Ti me complazco”. EL BAUTISMO DE CRISTO DE MURILLO EN LA CAPILLA DE SAN ANTONIOMurillo consigue expresar esta irrupción del cielo en la tierra, ya que la gloria celestial parece inundar el paisaje de la ribera del Jordán, llenándolo todo de una bella luz dorada, la luz de Dios. El centro del cuadro lo ocupa la figura de Cristo en eje vertical con la paloma del Espíritu Santo. Hay que destacar que nuestro pintor logra plasmar las emociones y sentimientos de los dos personajes principales: la humildad del Hijo de Dios y la conciencia de Juan de saber que está ante el que no merece ni desatarle la sandalia. Cristo arrodillado y con las manos sobre el pecho se dispone a recibir el agua con que lo bautiza Juan Bautista, que se nos muestra de pie y portando el lábaro con la filacteria “ECCE AGNVS…”

A la izquierda de la composición, para equilibrarla, sobrevuelan dos ángeles que sostienen la túnica de Jesús. Como señalan los profesores D. Juan Miguel González y D. Jesús Rojas Marcos en los textos de la exposición “Murillo en la Catedral: la mirada de la santidad”, estamos ante una obra de excepcional calidad técnica, pese a no poder contemplarse de cerca por la altura a la que se encuentra, como demuestran la soltura y energía en el manejo del pincel, lo que hace que esta versión sea muy superior a la que realizara en 1655 para el Convento de San Leandro de Sevilla, hoy en la Gemäldegalerie de Berlín. Diversos estudiosos resaltan la influencia que Murillo toma de Van Dyck para esta pintura, así como de Rubens y de la escuela veneciana, que pudo conocer durante su estancia en la Corte.

La contemplación de esta pintura que nos recuerda cómo Dios Padre señala a Jesús como su Hijo amado y predilecto, nos recuerda que en Él, nos está señalando y escogiendo a cada uno de nosotros como sus hijos amados y predilectos y que también nosotros el día de nuestro Bautismo recibimos el Espíritu Santo, lo que nos debe hacer pensar si vivimos conforme nuestra condición de bautizados, esto es, de hijos de Dios.


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