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IV Domingo de Adviento (Ciclo A)

Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David

La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.  José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado.  Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.  Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».  Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

Mateo 1, 18‑24

Comentario bíblico de Miguel Ángel Garzón

Is 7,10-14; Sal 23; Rm 1,1-7; Mt 1,18-24

Las lecturas se centran en el anuncio del nacimiento de Jesucristo. Isaías presenta la promesa del Emmanuel. El profeta había pedido fe al rey Acaz frente a una amenaza de muerte que acabaría con la dinastía davídica (cf. Is 7,1-9). Pero este se muestra reticente y temeroso. Entonces Dios toma la iniciativa, permaneciendo fiel a su promesa a la casa de David (cf. 2Sm 7), y le ofrece un signo. La mujer (la esposa del rey) ha concebido un hijo cuyo nombre revela el poder de Dios y su compromiso con la salvación del pueblo: “Dios-(está)con-nosotros”.

El evangelista Mateo señala el cumplimiento final de esta promesa en el anuncio del nacimiento de Jesús a José. Al saber del embarazo de María en el tiempo de desposorios, José que era bueno (“justo”), es decir, fiel a Dios, decide despedirla en secreto y no denunciarla públicamente para no poner en peligro la vida de María (lapidación, Dt 22). Entonces acontece la iluminación divina en el sueño (cauce bíblico de revelación) donde comprende lo que ha sucedido y lo que tiene que hacer. José pertenece a la dinastía de la que ha de nacer el Mesías Rey y tiene una misión: acoger al niño que ha sido concebido por obra del Espíritu Santo y ponerle por nombre Jesús (“Yahvé salva”) pues salvará a su pueblo de los pecados. La virgen y el niño Emmanuel de la promesa ya tienen rostro y nombre. José obedece a Dios, acogiendo en su casa-linaje a María y al niño (el Dios-con-nosotros).

Pablo, en el grandioso inicio a la carta a los Romanos, refrenda este cumplimiento profético. Ha sido llamado como apóstol del Evangelio de Dios. Un Evangelio que es Jesús, Hijo de Dios, nacido de la estirpe de David, que ha consumado su poder con su resurrección, siendo constituido así, por el Espíritu Santo, Señor del Universo y Rey de la gloria (Salmo).

Orar con la Palabra

  1. ¿Confías en que Dios está contigo? ¿Dónde percibes la presencia de Dios en tu historia de vida?
  2. ¿Qué te enseña la actitud de José para tu camino de fe? ¿Cuál es tu misión en este momento?
  3. ¿Confrontas con la palabra de Dios las decisiones que has de tomar en tu vida?

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