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Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

corpus-fano-2015Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

 Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».  Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».  Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.  El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.  Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.  El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.  Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.  Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

 Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Juan 6, 51‑59

Comentario bíblico de Miguel Ángel Garzón

Dt 8,2-3.14-16; Sal 147; 1Cor 10,16-17; Jn 6,51-59

Las lecturas de este domingo se centran en el alimento que da vida. El relato del Deuteronomio recoge la enseñanza de Moisés al pueblo a las puertas de la tierra prometida, exhortándolo a recordar el camino que ha recorrido desde la liberación de Egipto. Un camino de prueba en el que Dios lo alimentó con el maná. Durante cuarenta años lo sostuvo con este alimento misterioso y efímero para que aprendiera a valorar el otro alimento que sale de la boca de Dios, tan necesario para vivir como el pan: su palabra (mandamientos). Como proclama el salmista, pan material y palabra divina son dones de Dios: “El Señor nos sacia con flor de harina, envía su mensaje y su palabra corre veloz”.

Jesucristo, palabra eterna del Padre, se identifica a sí mismo con este pan bajado del cielo, en su discurso sobre el pan de vida del evangelio. Pero se trata de algo nuevo, un pan “vivo” que trae la vida eterna. Ese pan es su cuerpo, su propia vida. Quien lo come, ya no muere, sino que recibe vida eterna. Esto es difícil de entender, los judíos no comprenden cómo se puede comer su carne. Jesús está hablando de su vida entregada que trae la salvación y, a la vez, de la eucaristía, iniciada en la última cena, donde se hace alimento eucarístico como memorial de su muerte y resurrección. Quien lo recibe se une en comunión con él, y participa de su misma vida resucitada.

Pablo recuerda a los corintios el valor de la eucaristía como alimento que crea unidad. Beber del mismo cáliz y comer del mismo pan une a los cristianos en el mismo cuerpo de Cristo, formando a su vez un solo cuerpo. Es así como “la eucaristía hace la Iglesia” (H. de Lubac).

  1. ¿Te ayuda la palabra de Dios a caminar superando las pruebas de la vida?
  1. ¿Qué valor tiene la eucaristía en tu vida? ¿Cómo participas en ella? ¿Qué consecuencias tiene para ti?

 

  1. ¿Te ayuda la eucaristía a crecer en comunión? ¿Te une especialmente a los necesitados fortaleciendo tu caridad?

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