Modificaciones en la Tercera edición del Misal Romano (IV). Diversos elementos de la Misa I

Modificaciones en la Tercera edición del Misal Romano (IV). Diversos elementos de la Misa I

La Misa comprende diversos elementos verbales y no verbales que nos ayudan a la participación activa, consciente, fructuosa, interior y exterior en ella. Por orden de importancia:

1º Las lecturas de la Palabra de Dios y su explicación

Cuando se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras, Dios mismo habla a su pueblo, y Cristo, presente en su palabra, anuncia el Evangelio.  Por eso las lecturas de la Palabra de Dios, que proporcionan a la liturgia un elemento de la mayor importancia, deben ser escuchadas por todos con veneración. Y aunque la palabra divina, en las lecturas de la Sagrada Escritura, va dirigida a todos los hombres de todos los tiempos y está al alcance de su entendimiento, sin embargo, una mejor inteligencia y eficacia se ven favorecidas con una explicación viva, es decir, con la homilía, como parte que es de la acción litúrgica.

2º Las oraciones y otras partes que corresponden al sacerdote

Entre las atribuciones del sacerdote, ocupa el primer lugar la plegaria eucarística, que es el vértice de toda la celebración. Hay que añadir a esta las oraciones, es decir, la oración colecta, la oración sobre las ofrendas y la oración después de la comunión. Estas oraciones las dirige a Dios el sacerdote que preside la asamblea actuando en la persona de Cristo, en nombre de todo el pueblo santo y de todos los circunstantes. Con razón, pues, se denominan «oraciones presidenciales».

Igualmente corresponde al sacerdote, en cuanto que ejerce el cargo de presidente de la asamblea reunida, decir algunas moniciones previstas en el mismo rito y que puede adaptar hasta cierto punto para que se ajusten a la comprensión de los participantes.

La naturaleza de las intervenciones «presidenciales» exige que se pronuncien claramente y en voz alta, y que todos las escuchen atentamente. Por consiguiente, mientras interviene el sacerdote, no se cante ni se rece otra cosa, y estén igualmente en silencio el órgano y cualquier otro instrumento musical.

El sacerdote no solo pronuncia oraciones como presidente, en nombre de la Iglesia y de la comunidad reunida, sino que también algunas veces hace oraciones a título personal, para poder cumplir su ministerio con mayor atención y piedad. Estas oraciones, que se proponen antes de la lectura del evangelio, en la preparación de los dones y antes y después de la comunión del sacerdote, se dicen en secreto.

Continuaremos con estos elementos el próximo jueves.


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