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Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

XXXI domingo tiempo ordinario AEllo dicen, pero no hacen

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos:  haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

 Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas;  que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabbí. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.  No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.  El primero entre vosotros será vuestro servidor.  El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

 Mateo 23, 1‑12

Comentario de Miguel Ángel Garzón

Mal 1,14-2,10; Sal 130; 1Tes2,7-9.13; Mt 23,1-12

Las lecturas contraponen la soberanía del único Dios y la irresponsabilidad de los que ejercen el poder religioso. El profeta Malaquías presenta el señorío de Dios, cuyo nombre es respetado en todas las naciones, y denuncia a los sacerdotes del pueblo que no cumplen su misión y hacen tropezar a mucha gente. Se han dejado llevar por el partidismo y los intereses personales.

Del mismo modo, en el evangelio, Jesús advierte al pueblo y a sus discípulos del comportamiento hipócrita e incoherente de los letrados y fariseos. Jesús los desenmascara. Desde la autoridad que les da la cátedra de Moisés, es decir, el poder de interpretar la ley y enseñarla, se han erigido en opresores del pueblo. Imponen duras cargas (leyes), pero no ayudan a llevarlas. Buscan la adulación y el reconocimiento de su poder y prestigio sea a nivel religioso o social, fracturando la igualdad y la fraternidad. Por eso, Jesús pide a sus discípulos que no se dejen llamar Maestro ni llamen a nadie Padre, porque solo hay un Padre y Maestro que hace a todos hermanos, y un único Dios y Señor de sus vidas, al que deben obedecer. Frente a la tiranía y el abuso del poder, debe estar el servicio. El orgullo y la vanagloria llevan a la humillación, pero la humildad procura la gloria del Reino.

Así lo canta bellamente el salmista, cuyo corazón humilde descansa en el regazo de Dios, sofocando la altivez. Y así lo testimonia Pablo, recordando a los tesalonicenses la ternura y el cuidado con el que él y su equipo les proclamaron el evangelio, como una madre con sus hijos. Esa diligencia y desvelo mostraban el amor que les tenían. Un amor que encontró la fiel y dócil acogida del evangelio predicado, recibido como Palabra de Dios, siempre viva y eficaz en el corazón de los creyentes.

Preguntas para orar con la Palabra

  1. ¿Consideras a Dios el único Rey, Maestro y Señor de tu vida? ¿Cómo lo reflejas?
  1. ¿Vives tus cargos o responsabilidades como un servicio o abusas del poder o la autoridad para beneficio propio?
  1. ¿Cómo es tu acogida de la Palabra de Dios? ¿Dedicas tiempo a confrontar tu vida con el Evangelio cada día?

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