“Calderilla de milagros” de Santa Ángela

“Calderilla de milagros” de Santa Ángela

“Eres de todos y a todos tú te de das. Eres de todos y del que sufre más. Hoy desde el cielo no dejes de mirar a tu Sevilla, Sor Ángela”. Así decía una de las estrofas del himno de la Beatificación de Santa Ángela de la Cruz que tuvo lugar el 5 de noviembre de 1982 en Sevilla, presidida por un Papa que hoy es santo y con un millón de personas por testigo. Ese día de hace 35 años la Iglesia subió a los altares a una zapatera que fundó las Hermanas de la Cruz, ejército de ángeles de parda estameña, evangelio hecho carne, para atender a los pobres y necesitados viviendo una vida de cruz. Y no, nunca ha dejado a Sevilla. Ni a ninguno de  sus devotos sean de donde sean.  Ni en los cincuenta años que duró el proceso hasta la Beatificación, ni posteriormente. Siempre está ahí haciendo favores. “Calderilla de milagros” decía su biógrafo, el recordado padre José María Javierre, que se quedó a vivir en Sevilla porque se “enamoró” de ella y de las Hermanas.

20171025093638490La capillita blanca  de la Casa Madre, un prodigio de sencillez, alberga su cuerpo incorrupto y desde su beatificación en 2010, los restos mortales de Santa María de la Purísima,  su discípula fiel, la Hermana de la Cruz perfecta. El lugar más santo de Sevilla y uno de los más visitados. Siempre hay devotos sea la hora que sea, dentro del estricto horario que marcan las Hermanas, de 9 a 13 y de 16 a 19 horas. También hay quien tiene por norma asistir a la misa de comunidad, que se celebra diariamente a las ocho menos cuarto de la mañana y los domingos y festivos a las ocho. Algunas personas acuden de barrios muy lejanos e incluso de pueblos.   Y hay flores. Muchísimas flores de todo tipo y macetas. Y enseguida los ramos encuentran acomodo en jarrones y recipientes. El público es de lo más variopinto. Aunque predominan las señoras mayores y de mediana edad el abanico es muy amplio. Comprende todo un muestrario de edades. Ancianos, jóvenes, hombres, mujeres, incluso niños si pueden respetar el silencio debido. La visita a la capillita es obligada porque allí se va a pedir y a dar gracias en una espiral sin fin, de favores y agradecimientos, de cariño al fin y al cabo, aunque luego cada cual lleva una prioridad. Y en la capilla que preside la Virgencita de la Salud con una cruz y una corona, los símbolos de las Hermanas de la Cruz, después de los rezos y confidencias, llega el momento del ruego formal.  Sobre un buzón pequeñito situado a mano izquierda mirando al altar, siempre hay papelitos y bolígrafos donde los devotos escriben sus peticiones, la necesidad que les aflige, y luego los depositan en la ranura sabiendo que sus problemas serán atendidos. El mejor barómetro de la crisis ha sido y es ese buzón. También de las enfermedades que aquejan a la sociedad actual. Esos dos asuntos, la búsqueda de trabajo y los problemas de salud. son los temas más recurrentes aunque también hay muchas peticiones referidas a problemas matrimoniales.

hermanasAlgunos devotos solicitan a la Hermana portera reliquias de Santa Ángela y de Santa María de la Purísima, y aceite de las lamparillas para los enfermos. Otros piden bajar a la cripta para rezar ante la tumba del padre Torres Padilla, cofundador con Sor Ángela del Instituto de la Cruz,  que está en proceso de Canonización. Estas visitas al mismo lugar donde estuvo enterrada Sor Ángela se pueden realizar solo por las mañanas. Hay quien aprovecha para pagar  la cuota de ayuda al Instituto, algunas muy humildes, que las Hermanas van recogiendo por las casas, si es que no estaban en sus domicilios los días en que acuden. Los jueves, normalmente de once a una, los enfermos tienen la posibilidad de tumbarse en las tarimas de Santa Ángela y de Santa María de la Purísima, en los dos cuartos donde se exponen sus objetos personales. De esta forma las Hermanas han institucionalizado este deseo de muchos devotos de rogar la curación de sus males en la tarima donde expiró la Madre de los Pobres. Es habitual el día 2 de marzo, fecha de la muerte de Sor Ángela,  contemplar como muchas personas se acuestan en ella  en el transcurso de la visita al cuarto rogando su curación.

Estos meses de octubre y noviembre son numerosos los autocares de pueblos que acuden los fines de semana para visitar la Casa Madre, ya que el 31 de octubre es fecha de la muerte De Madre Purísima y se puede visitar el cuarto con sus objetos personales y el día 5 de noviembre se celebra la festividad de Santa Ángela coincidiendo con su Beatificación. Estas personas adelantan o atrasan su visita porque no pueden asistir al triduo previo de esta efeméride que tiene lugar los días 3, 4 y 5 de noviembre. Este año los oradores sagrados han sido el padre Antonio Alcayde, el cardenal monseñor Amigo y el arzobispo de Sevilla, respectivamente. Todo lo que tiene ver con Santa Ángela, Santa María de la Purísima y las Hermanas de la Cruz se convierte en multitudinario. La capilla de las Hermanas se queda pequeña para acoger a tantos fieles que desde casi una hora y media antes ya abarrotan la puerta para asistir a los cultos.

En este mundo incierto e inestable los devotos confían en Santa Ángela. Ante su cuerpo incorrupto y a los pies de la Virgen, piden salud y trabajo o desgranan sus problemas rogando una ayuda que saben segura por la intercesión de la fundadora del Instituto de la Cruz. Pasan los años, cambia la sociedad y surgen nuevas necesidades pero Sor  Ángela siempre está ahí. Escuchando, acompañando, acercando a las almas a Dios e invitando a vivir el Evangelio cada día con un corazón nuevo. Y regalando su calderilla de milagros, favores pequeñitos, amorosos, de Madre.


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