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II DOMINGO DE ADVIENTO 2017 (CICLO B)

Enderezad los senderos del Señor

Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

II AdvientoComo está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino; una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos”»; se presentó Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados.

Acudía a él toda la región de Judea y toda la gente de Jerusalén. Él los bautizaba en el río Jordán y confesaban sus pecados.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

Marcos, 1, 1-8

Comentario bíblico de Álvaro Pereira

Las lecturas de hoy narran las sucesivas venidas del Señor: la venida del Señor delante de su pueblo, retornando del destierro (primera lectura); detrás de Juan el Bautista, para bautizar con Espíritu (evangelio); al final de la historia, para recrear los cielos nuevos y la tierra nueva (segunda lectura).

La primera lectura es un precioso oráculo de consolación. En él se anuncia a Judá la vuelta del destierro y el final del castigo merecido por sus infidelidades. El Señor los precede en este nuevo éxodo. La gloria del Señor que había aparecido junto al mar Rojo (Ex 14,17) ahora se revela a todos los hombres. El profeta, ahora heraldo y evangelista, debe anunciar a las ciudades de Judá que llega la comitiva triunfal de los desterrados.

Este oráculo de salvación desborda los hechos inmediatos y apunta a una liberación mayor. Por eso Marcos inicia su evangelio con las mismas palabras de Isaías. Juan el Bautista es el mensajero anunciado que prepara los caminos del Señor, perdonando los pecados del pueblo por medio de su bautismo de conversión. Así pues, los tiempos nuevos han comenzado. Con Jesucristo, cuyo evangelio hoy se inaugura, adviene la aurora de la salvación.

Ahora bien, la primera venida de Cristo no es el final de la historia. Aún aguarda su venida en poder que glosa la Segunda de Pedro. En ella hay una enseñanza importante para aquellos que se preguntan por qué el Señor tarda en llegar: Él no se retrasa, somos nosotros los que aún no estamos preparados. La paciencia de Dios es nuestra salvación. Por eso, tanto el imperativo evangélico («¡preparad el camino!») como la advertencia petrina a ser irreprochables no solo son una urgente exhortación, también representan un anuncio esperanzado de la venida definitiva del Señor.

  1.  Relee el oráculo de Isaías en la primera lectura en primera persona. El Adviento es también tiempo de consolación para ti.
  2. ¿Qué monte tienes que abajar y que camino debes enderezar para que el Señor llegue a tu vida?
  3. Aviva tu esperanza. No te conformes con menos que los cielos nuevos y la cierra nueva en los que habita la justicia.

 


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